Y no matarás pinos
La mayoría de las tardes íbamos andando. No todos teníamos bicicleta en aquellos veranos de finales de los setenta. El sol de la meseta es más amplio que el de otros paisajes y entonces nos envolvía, y casi ahogaba, en una sed intermitente que se olvidaba con las risas sin prisa de la adolescencia. Entre […]