Si se han creído que con la condena de 38 años a los ex jugadores de la Arandina nos iban a dejar satisfechas a las y los feministas, se han columpiado. Claro que una sentencia no se dicta para complacer a un grupo, sino para hacer justicia.
Como miembro de esta sociedad, me está haciendo vivir en el desasosiego desde que se hizo pública. Andaba con la mosca detrás de la oreja sin querer manifestarme más allá de mis cuatro paredes, por desconocimiento, quizá, por no querer dejarme guiar por impulsos, tal vez. Decidí buscarla en el maravilloso mundo de las búsquedas y ahí estaba. Me la leí tres veces, tres, por si mi ignorancia en el Derecho me hacía perder el hilo. A partir de la página 12 comienza a germinar una especie de contradicción que va a sobrevolar por el resto del texto y que, a mi modo de ver, acaba dando un puñetazo en las narices a la presunción de inocencia.
Recoge conversaciones que la denunciante mantuvo con amigas en las que alardeaba de haber estado con los tres practicando felaciones. Anotó la hazaña en la carpeta de su móvil denominada ´Mis líos’, aunque aseguró que ella no había sido (tú trata de entrar en el teléfono de algún adolescente, tiene más seguridad que el Kremlin) pero vamos, que esa mentirijilla era por inmadurez. Igualmente, el tribunal considera que si alardeó lo hizo por falta de madurez y por la actitud que mantenía en las redes sociales de querer ser protagonista y no víctima. Vamos, que libre interpretación.
Ha quedado probado que mantuvo una conversación con los acusados para practicar sexo conjunto y que, el día de los hechos, llamó hasta en 18 ocasiones a uno de ellos sin que éste le cogiera el teléfono, tras lo cual se presentó en el bar que frecuentaban y de ahí subieron al piso.
Todo esto está constatado, sin embargo, la sentencia dice: “No existió consentimiento expreso”.
La denunciante recibirá una indemnización por daños morales, ya que desde que ocurrieron los hechos sufre una situación post-traumática con tratamiento psiquiátrico. Tres días después quedaba en el piso de otro joven, testigo de la defensa, para un encuentro.
Más aún, una testigo aportó un audio en el que la denunciante dice: “Como se vayan de la lengua yo también me voy e incluyo cosas inventadas. Sólo mamadas y pajas, pero como cuenten algo, yo cuento todo e inventado”.
Interrogada sobre este aspecto, negó que se fuera a inventar nada que perjudicase a los acusados. Y ya está, hechos probados, ¿para qué más? A tomar por saco el in dubio pro reo.
Eso sí, los magistrados dicen que les ha costado mantener una certeza absoluta. Entonces, ¿por qué esa sentencia?
No escribo contra la víctima, que lo fue de tres mayores de edad dejándosela chupar por una adolescente. No se trata ni de lo que ella dice, sino de lo que han interpretado los jueces ejerciendo un gran peso paternalista que nos ha aplastado a muchos. Esta sentencia va también contra nosotras.