Mario Bedera, portavoz de Educación del PSOE, te lo ha dicho respetuosa y serenamente: “Careces de habilidades sociales”. Ya te pidió hace cosa de un mes que abandonaras tu “onanismo legislativo” y retiraras esa maldita ley por la que vas a ser recordado como el ministro que intentó acabar con la educación pública.
José Ignacio Wert, alias Atila, alias el azote del PP (me dan ganas de quitar la ‘a’ de azote), estás consiguiendo la unificación de los unos (o de los hunos) y de los otros con un fin común que se resume en una de las geniales frases de Bart Simpson: “Que te vayas al infierno y te frían a escupitajos”.
Seguro que te han dicho hasta la saciedad en los últimos meses que es mejor quedarse callado y dejar que los demás piensen que eres un tonto (fíjate en las silentes Fátima Báñez o Ana Mato) a que abras la boca y se aclaren las dudas.
Dudas despejadas.
A cada paso que das, la sociedad te grita que eso es, con diferencia, lo peor que has hecho en tu vida. Pero te lo han dicho tantas veces que ya no significa nada.
Para ti.
El que se carezca de habilidades sociales es, en casos muy extremos, el punto de partida para iniciar una vida como ser asocial. ¿Quién puede asegurar que esto no conduzca, en determinados momentos y en según qué comportamientos, a la sociopatía?
No, no te voy a decir que seas un sociópata. Todavía. Lo del onanismo legislativo me lleva más a compararte con el mono Paco, tocayo tuyo. El animalito era un apasionado activista del sexo en solitario desde su jaula en un parque de Vigo, en la Alameda. Con tanta fruición se amaba, que le daba igual que fueran tiernos niños los visitantes, adolescentes con las hormonas bailando claqué o jóvenes pendientes de una exigua beca. Él, dale que dale a su pene rojo en pleno desenfreno.
Luego, tras el ‘acto impuro’, el jefe te pone firme y, por tu educación judeocristiana, sientes ese remordimiento de culpa: “Ay, madrecita, no tenía que haberme hecho tantos tocamientos (nótese que un ministro no se pajea), me saldrán granos purulentos”.
Granos sí, los que le han salido a la educación pública desde que pisoteas los valores fundamentales de los ciudadanos en tu poltrona de ministro.
¿Y luego te extraña que, tras el espectáculo masturbatorio, ya sea con nocturnidad o a la luz del día, estudiantes, profesores y profesionales de la cultura se nieguen a estrechar tu mano?
Lávate y, después, multiplícate por cero.