Demasiado fácil lo ha puesto Mónica Oriol para que le lluevan chuzos de punta. Pero es lo que tiene la libertad de expresión que, además, nos permite calificar a las personas por sus bocas, por lo que de ellas sale que, en ocasiones, no son más que vómitos o rastros de un cólico miserere. Así nos encontramos con los bocazas (no hay singular porque jamás ha existido uno solo), los bocachancla, los bocanegra, los bocachicle, los bocarrana y los bocamónica; en Valladolid tenemos algún que otro ejemplo, pero eso es otra historia para otra historia.
Ella dice que no contrataría a mujeres en edad fértil y no se da cuenta de que lo dificultoso no es tener los hijos, es cuidarlos, que sobrevivan, y eso, cuando no puede estar la madre de manera presencial, requiere la búsqueda de cuidadores de niños que no son los suyos, lo que implica un coste adicional que mira a ver tú cómo lo haces con el salario encogido y en peligro de sufrir otro tajo.
El problema no es parir ni estar con la prole, que también; el problema de nuestro tiempo es cubrir sus necesidades básicas y eso es cada vez más difícil de conseguir. Visto desde el lugar de una mujer que antes de los 22 ya había parido a tres de sus seis hijos, con los recursos suficientes para seguir estudiando por toda Europa y que sus retoños fueran debidamente atendidos, visto desde ahí, desde su pedestal de rica heredera y próspera empresaria, no esperamos que nos entienda si nunca ha estado tan abajo. Nuestra realidad no se palpa desde su sillón.
Su desprecio, señora Oriol, hacia esa gente que no ha querido o no ha podido estudiar y ahora ese ataque frontal a las hembras parideras, me desencaja mi parte femenina por su rechazo a los logros de las mujeres que han hecho que todas nosotras, incluida usted, podamos hablar desde donde hablamos. Hay cosas en las que no se puede transigir o será el final de todo un largo camino.
Pronto empezarán a aparecer en los CV radiografías de ligaduras de trompas y de histerectomías, para que vea de lo que son capaces algunas a fin de disputar unas migajas con los gusanos de su felonía. ¿Cómo, si no, explicar ese portazo a las trabajadoras? Traición.
Acabo ya porque Lola no habla a traidoras y porque quiero añadir en el currículo mi certificado de perimenopáusica; quito lo de mis estudios y mi trayectoria de 25 años en el periodismo. Total, para dar noticias de mujeres que odian a las mujeres…