{"id":104,"date":"2014-11-15T06:49:40","date_gmt":"2014-11-15T06:49:40","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/lolaleonardo\/?p=104"},"modified":"2014-11-15T06:49:40","modified_gmt":"2014-11-15T06:49:40","slug":"oyes-como-suenan-los-suenos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/lolaleonardo\/2014\/11\/15\/oyes-como-suenan-los-suenos\/","title":{"rendered":"\u00bfOyes c\u00f3mo suenan los sue\u00f1os?"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Escucha Alicia, \u00bfoyes c\u00f3mo suenan las bombas?<\/p>\n<p>Y a su hermana, al otro lado del tel\u00e9fono, a este lado del gran mar, se le helaba la sangre con los sonidos que desterraban los silencios de la voz del padre Nacho.<\/p>\n<p>Era la noche del 15 de noviembre de 1989. Ignacio Mart\u00edn Bar\u00f3 ya no sonre\u00eda como siempre: la guerra era un hartazgo de pobres muertos pobres.<\/p>\n<p>\u00c9l, Segundo Montes, Ellacur\u00eda, Amando L\u00f3pez, Juan Ram\u00f3n Moreno y Joaqu\u00edn L\u00f3pez llevaban tiempo alimentando las iras de un gobierno cruel, molesto hasta la bilis de unos jesuitas que hablaban m\u00e1s de derechos humanos que de deberes divinos. Profesores universitarios que no se contentaban con que la ense\u00f1anza llegara al \u00faltimo rinc\u00f3n, sino que hab\u00edan osado hablar de paz en medio de una guerra eterna. Qu\u00e9 desprop\u00f3sito para los prop\u00f3sitos de los s\u00e1trapas.<\/p>\n<p>Escucha, \u00bfoyes c\u00f3mo suenan las bombas?<\/p>\n<p>El Salvador llevaba ya diez a\u00f1os envuelto en sangre de guerra. 75.000 fallecidos, casi todos civiles. Y los sue\u00f1os se acostumbraban, noche tras noche, al sonido de la muerte, hasta hacerse profundos, o convertirse en infinitos.<\/p>\n<p>Dos de la madrugada del 16 de noviembre de 1989. \u00a0Dios ausente o muerto ya. Llaman a la puerta de la residencia universitaria de los jesuitas. Golpean insistentemente y gritan las fieras. Abren los sacerdotes, armados con palabras y pijamas y los soldados los arrastran hasta el patio. Fusiles contra zapatillas.<\/p>\n<p>Escucha, \u00bfoyes c\u00f3mo suenan las bombas?<\/p>\n<p>El ama de llaves s\u00f3lo o\u00eda desde todos sus \u00f3rganos los gemidos de su ni\u00f1a, enca\u00f1onadas ambas y abrazadas. Y los reproches del padre Nacho hacia el verdugo. L\u00e1grimas contra balas.<\/p>\n<p>Tirados en el patio boca abajo. Quiz\u00e1 rezando. Susurros contra disparos. Silencio.<\/p>\n<p>Escucha, \u00bfoyes c\u00f3mo suena el silencio?<\/p>\n<p>A 40 metros de la sangre, en otros pabellones, profesores y el resto de trabajadores dorm\u00edan mecidos por la costumbre de los disparos de tantas noches armadas.<\/p>\n<p>A las seis de la ma\u00f1ana, tras cuatro horas de ruidos o silencios, o disparos o gru\u00f1idos, o sollozos o agon\u00edas, o risas de victoria, o lamentos de espanto, o tal vez nada, de nuevo gritos que escapaban del mismo centro del dolor: \u201cHan matado a todos los padres\u201d.<\/p>\n<p>Los cuerpos, las balas, las moscas,\u00a0 la sangre. Habr\u00eda sido un amanecer pl\u00e1cido\u2026<\/p>\n<p>Escucha, ya no se oyen las bombas.<\/p>\n<p>Escucha, \u00bfoyes c\u00f3mo cantan los p\u00e1jaros?<\/p>\n<p>Gorriones contra desolaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La imagen de la masacre recorri\u00f3 el mundo. La muerte en pijama. La muerte in\u00fatil. La muerte injusta. De Castilla y Le\u00f3n hab\u00edan salido tres de esos jesuitas \u2013Segundo, Nacho, Amando- y a sus casas regres\u00f3 el sonido de las bombas.<\/p>\n<p>Escucha \u00bfoyes c\u00f3mo suena la muerte?<\/p>\n<p>Catalina Montes, hermana de Segundo, se arranc\u00f3 de los t\u00edmpanos el estruendo de los disparos. En busca del sue\u00f1o de los jesuitas asesinados levant\u00f3 la Fundaci\u00f3n Segundo Montes. Escuelas, centros \u00a0de salud, viviendas\u2026 Un mundo justo para los descalzos de El Salvador. Ella tambi\u00e9n se fue pero, escucha \u00bfoyes c\u00f3mo suenan los sue\u00f1os?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Escucha Alicia, \u00bfoyes c\u00f3mo suenan las bombas? Y a su hermana, al otro lado del tel\u00e9fono, a este lado del gran mar, se le helaba la sangre con los sonidos que desterraban los silencios de la voz del padre Nacho. Era la noche del 15 de noviembre de 1989. 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