{"id":210,"date":"2017-12-13T15:42:10","date_gmt":"2017-12-13T15:42:10","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/lolaleonardo\/?p=210"},"modified":"2017-12-13T15:42:10","modified_gmt":"2017-12-13T15:42:10","slug":"el-hombre-descosido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/lolaleonardo\/2017\/12\/13\/el-hombre-descosido\/","title":{"rendered":"El hombre descosido"},"content":{"rendered":"<p>Todas las historias tristes tienen su intrahistoria y su prehistoria. Nos quedamos con el dato puntual e ignoramos las capas de cebolla (hace llorar) con las que cada ma\u00f1ana se viste un ser humano para enjugar las l\u00e1grimas que expele, casi supura, su piel.<br \/>\nVemos pasear su degradaci\u00f3n por nuestro lado y no miramos. Si lo hici\u00e9ramos, borrar\u00edamos luego las im\u00e1genes que producen picor en la retina, y en la escler\u00f3tica, y en el lacrimal profundo. Deleted image.<br \/>\nSabemos, porque es dif\u00edcil ignorarlo, que su miseria arrastra por las aceras unos zapatos de pena negra y un pantal\u00f3n xl, descosido, manchado de pana roja. Sangra su boca al contacto con el fr\u00edo y se le hiela una baba de ron; las l\u00e1grimas no, porque ya no tiene.<br \/>\nMientras, cuando cae la noche, buscamos calores, imaginamos que \u00e9l se dirige al albergue, con cama limpia y ducha caliente. Y completamos el ciclo de lavado de conciencia imaginando a un trabajador sonriente que le ofrece un caf\u00e9 con mayucas. En cuanto nos llega el olor a suavizante de flores de lavanda, se nos olvidan los zapatos de pena negra.<br \/>\nNo sabemos, porque es f\u00e1cil ignorarlo, que en la casa de al lado vive un hombre descosido. Entra, sale. O no entra, ni sale. Rebobinamos durante el prelavado y recordamos a un tipo serio, su familia, su trabajo, su traje impoluto, sus saludos: buenos d\u00edas, buenas tardes. Luego, no sabemos por qu\u00e9, su distancia. M\u00e1s tarde, y ya ni nos preguntamos, su silencio: malos d\u00edas, malos d\u00edas, peores noches, horribles tardes. Tres mazazos de la muerte visitante son suficientes para deshilachar cualquier doble costura del alma; con uno, a veces, basta.<br \/>\nY as\u00ed fue. A jota punto (en esto ha quedado su nombre) lo encontraron en su piso de una c\u00e9ntrica calle de Valladolid. Llevaba siete d\u00edas muerto. Desde el 9 de noviembre y sin ramito de violetas. Le acompa\u00f1aban una numerosa familia de insectos necr\u00f3fagos y alg\u00fan roedor. Pero muri\u00f3 solo. Una botella sobre el colch\u00f3n y una guitarra apoyada en la pared junto a la cama.<br \/>\nUn grupo de tres bailarinas, encima de una c\u00f3moda saturada de trastos, sujetan en sus manos una flor muerta. Tambi\u00e9n. Inquietantes l\u00e1minas enmarcadas y fotos olvidadas. Del techo, junto a la bombilla al\u00f3gena, cae un cable sobre la cama que alberga un pantano de l\u00e1grimas de soledad. En cent\u00edmetros c\u00fabicos, una inmensidad y media.<br \/>\nFueron los vecinos quienes alertaron a la Polic\u00eda. Ese olor nauseabundo que sale del 5\u00ba\u2026 Entraron. Ropa desordenada, perchas, bolsas, libros, papeles, botellas y un sinf\u00edn de desechos regados con litros de amargura y qui\u00e9n sabe cu\u00e1ntos dolores. Y el cad\u00e1ver solo, maldecido por Di\u00f3genes, que le visitaba frecuentemente para llevarle sus miserias.<br \/>\nDicen quienes lo conocieron que tanta muerte cercana le hab\u00eda destrozado. Beb\u00eda porque cre\u00eda que el alcohol le sujetaba los pedazos. Pero era incierto, iba troce\u00e1ndose hasta que se le sali\u00f3 la vida por un roto enorme. Ah\u00ed mismo, a tu lado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Todas las historias tristes tienen su intrahistoria y su prehistoria. 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