{"id":320,"date":"2019-09-23T20:35:18","date_gmt":"2019-09-23T20:35:18","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/lolaleonardo\/?p=320"},"modified":"2019-09-23T20:35:18","modified_gmt":"2019-09-23T20:35:18","slug":"gatos-y-torreznos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/lolaleonardo\/2019\/09\/23\/gatos-y-torreznos\/","title":{"rendered":"Gatos y torreznos"},"content":{"rendered":"<p>Leo un titular en la secci\u00f3n tecnol\u00f3gica de un diario digital: \u201cWhatsApp prepara los emojis que podr\u00e1n enviarse como stickers desde la app en IOS\u201d.<br \/>\nComo s\u00f3lo entiendo los verbos y poco m\u00e1s, a punto estoy de abrir el traductor de Google, insertar ese extra\u00f1o y enigm\u00e1tico texto y darle a la teclita de \u2018detectar idioma\u2019, pero hago un acto de contenci\u00f3n pensando que puede salir un monstruo de la pantalla llam\u00e1ndome a gritos analfabeta. Y yo, sin poder rebatirle, agachar\u00eda la cabeza, las orejas y el flequillo y fingir\u00eda desaparecer para no parecer idiota.<br \/>\nCon un deseo profundo de apostatar de la tecnolog\u00eda avanzada, me freno cuando veo que el torrezno de Soria ya tiene su aplicaci\u00f3n: una app del apreciado producto porcino que facilita su consumo y conocimiento. Empiezo a sospechar que orientar el rabo de la boina para pillar cobertura puede ser cierto o, por lo menos, factible. Con la impresi\u00f3n de conocer lo del cibertorrezno no me hab\u00eda dado cuenta de que tambi\u00e9n la croqueta ten\u00eda ya su app. Me imagino que tambi\u00e9n se ha creado una para la sopa maravilla. Y yo, sin boina.<br \/>\nAdoro la tecnolog\u00eda que me facilita la vida; la uso, abuso de ella, la beso por las noches, la sonr\u00edo al amanecer, la acaricio cuando desfallece, vamos juntas al s\u00faper, nos \u2018hacemos un cine\u2019 y miramos el sol que cae. Entristezco cuando noto que, en un paseo al atardecer, me ha dejado atr\u00e1s, hablando sola, ara\u00f1ando sombras para alcanzarla.<br \/>\nAbandonada, regreso a mi port\u00e1til para intentar adentrarme en el mundo que no entiendo. Qui\u00e9n me manda meterme en la secci\u00f3n \u2018mercados y bolsas\u2019. Mi afici\u00f3n por los felinos.<br \/>\nY es que leo una noticia antigua para ponerme al d\u00eda: \u201cLos criptogatos ya se venden por m\u00e1s de 100.000 d\u00f3lares\u201d. La \u00faltima moda en la red: gatos virtuales que alcanzan precios desorbitados. Para entrar en el juego hay que comprar, criar y coleccionar mininos. Comprar un gato \u2018base\u2019 cuesta 0,03 ether, o lo que es lo mismo, 10 euros. Lo que se conoci\u00f3 hace poco m\u00e1s de un a\u00f1o como el tamagochi del siglo XXI, se convirti\u00f3 pronto en una revelaci\u00f3n gracias al sentimiento de colecci\u00f3n. Pocos meses despu\u00e9s, la ca\u00edda en picado de las criptodivisas arrastr\u00f3 a las criptomascotas. Me pregunto c\u00f3mo he podido vivir este tiempo sin saber que exist\u00edan gatos virtuales ni que al \u00e9ter se le hab\u00eda colado una h en todo el medio y as\u00ed dejar de ser ese fluido hipot\u00e9tico invisible, casi po\u00e9tico, para convertirse en una vulgar moneda virtual. Me ajusto la boina.<br \/>\nDejo de leer cuando mi gato Chencho mocha insistentemente contra mi pierna izquierda. Los otros tres me miran fijamente formando un semic\u00edrculo perfecto sobre la mesa. El primer maullido reprocha mi desatenci\u00f3n. Los acaricio de inmediato con mis cuatro manos y elevan al tiempo sus peludas colas para interferir en mi wi-fi. Me quedo al instante sin cobertura, sin red, sin conexi\u00f3n. Cierro el port\u00e1til sin apagar y les agradezco de aqu\u00ed al infinito su rescate. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leo un titular en la secci\u00f3n tecnol\u00f3gica de un diario digital: \u201cWhatsApp prepara los emojis que podr\u00e1n enviarse como stickers desde la app en IOS\u201d. 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