{"id":350,"date":"2020-01-09T20:28:52","date_gmt":"2020-01-09T20:28:52","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/lolaleonardo\/?p=350"},"modified":"2020-01-09T20:28:52","modified_gmt":"2020-01-09T20:28:52","slug":"los-petardos-y-la-etica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/lolaleonardo\/2020\/01\/09\/los-petardos-y-la-etica\/","title":{"rendered":"Los petardos y la \u00e9tica"},"content":{"rendered":"<p>Lo habitual es que duerman entremezclados en un rinc\u00f3n del sof\u00e1, siempre el mismo, tan apretujados que invitan a pensar que no hay m\u00e1s espacio en el mundo. Cuando eran m\u00e1s peque\u00f1os, zigzagueaban entre mis pies hasta encontrar el momento apropiado de escalar hasta mi hombro. Ahora, sus juegos se reducen a un ratillo cada d\u00eda con una pelota de tenis deshilachada o con mis mecheros, lanzados por el sal\u00f3n, en plan scalextric, hasta desaparecer debajo de alg\u00fan mueble. Por lo dem\u00e1s, dormir, comer, dormir, tal vez so\u00f1ar, y darme esa calma inmensa y una paz enorme, peluda y suave.<br \/>\nLa Navidad me pone triste. Con los chicos ya mayores y a su bola, mi padre fallecido un 30 de diciembre, mi madre sin ganas y yo con nostalgias, apenas celebramos estas fiestas que ya tienen de magia lo que yo de folcl\u00f3rica astrof\u00edsica.<br \/>\nUn par de comidas con la familia, y ya est\u00e1. Y en \u00e9stas, me encuentro en plena Nochevieja con la \u00fanica compa\u00f1\u00eda de mis gatos y de mi hijo peque\u00f1o que se prepara para salir porque ya tiene 18. Con las doce campanadas, los pat\u00e9ticos espect\u00e1culos de cada cadena y el viva 2020, comienzan a estallar petardos por todas las calles aleda\u00f1as. Los cuatro gatos que dorm\u00edan en el sof\u00e1 a modo de croissant salen pitando, arrastrando alfombras y sombras, escaleras arriba en un s\u00e1lvese quien pueda y tonto el \u00faltimo. Espero a que encuentren refugio y subo a tranquilizarlos. Est\u00e1n tiritando, bajo mi cama, con ocho ojos como platos y temiendo el apocalipsis, olfateando el armaged\u00f3n. Me deshago en mamolas, caranto\u00f1as, cucamonas, arrumacos y garatusas y maldigo los malditos petardos que se han unido a los fuegos artificiales de la noche de fin de a\u00f1o, o la noche del fin del mundo, seg\u00fan mis gatos. Ni con multas cada vez m\u00e1s cuantiosas se reprimen los majaderos.<br \/>\nPasan las horas, se instala la calma, llega el chico a eso de las tres y ya todo como siempre, s\u00f3lo quedan Reyes y que pasen de una vez y pasan, pero siguen los petardos y petardas en los bares celebrando una entrada de a\u00f1o que se hace infinita y que les hace vocear con m\u00e1s \u00e9nfasis de lo normal y con m\u00e1s decibelios de lo permitido. Casi lo mismo que en el pleno de investidura: gritos, insultos, amenazas, aporreamientos de esca\u00f1os\u2026<br \/>\nTodo esto tambi\u00e9n lo sufren los animales. No es de extra\u00f1ar que una rebelde elefanta, esclava de una cabalgata en Medina del Campo, con un incre\u00edble olfato, advirtiera que hab\u00eda alg\u00fan pol\u00edtico a su vera, en primera fila, por supuesto, y le propinara un empuj\u00f3n al alcalde, a modo de met\u00e1fora contra todos estos dirigentes petardos que hemos elegido los humanos. Ella, la elefanta, nos hace recordar que es infame someterlos a un trato antinatural. \u00bfQu\u00e9 hace un paquidermo en un desfile? Lo mismo que en una cacharrer\u00eda. La utilizaci\u00f3n de animales para nuestro disfrute y diversi\u00f3n requiere una \u00e9tica vuelta de tuerca.<br \/>\nUnos d\u00edas m\u00e1s y llegar\u00e1 el ruido silencioso normal de las horas tranquilas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lo habitual es que duerman entremezclados en un rinc\u00f3n del sof\u00e1, siempre el mismo, tan apretujados que invitan a pensar que no hay m\u00e1s espacio en el mundo. Cuando eran m\u00e1s peque\u00f1os, zigzagueaban entre mis pies hasta encontrar el momento apropiado de escalar hasta mi hombro. 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