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	<title>La Cuesta de Enero | El Mirador de Clío - Blogs elnortedecastilla.es</title>
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		<title>La Cuesta de Enero | El Mirador de Clío - Blogs elnortedecastilla.es</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Jan 2018 11:12:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Carasa</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[La cuesta de enero Pedro Carasa El tiempo es el motor de la tierra, del hombre y de la historia porque condiciona su origen, su evolución, su cadencia y su fin. El mismo tiempo nos ha obligado a descubrir que la tierra no es plana, se mueve, evoluciona y se rige por rotaciones, traslaciones, estaciones [&#8230;]]]></description>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p><strong>La cuesta de enero</strong></p>
<p>Pedro Carasa</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p>El <strong>tiempo</strong> es el motor de la tierra, del hombre y de la historia porque condiciona su origen, su evolución, su cadencia y su fin. El mismo tiempo nos ha obligado a descubrir que la <strong>tierra</strong> no es plana, se mueve, evoluciona y se rige por rotaciones, traslaciones, estaciones y solsticios. Hemos comprendido también que el origen, crecimiento y vejez del <strong>hombre</strong> están inexorablemente ritmados por el tiempo. Los historiadores sabemos que el impulsor de la <strong>historia</strong> es también el tiempo que genera cambios que obligan a las sociedades a evolucionar, romper permanencias, superar retrocesos y alcanzar el progreso de la humanidad.</p>
<p>Por esta razón existen ritmos, impulsos, fases o <strong>ciclos</strong> que pautan regularmente la evolución natural, la vida humana y las etapas históricas. También por esa causa ordenamos el pasado en épocas, coyunturas, oscilaciones y fechas, y jalonamos el ciclo vital humano en infancia, juventud, madurez y vejez. Al observar el historiador que la sociedad es guiada por tales <strong>cadencias regulares</strong>, se pregunta quién las <strong>gestiona</strong> y a quién <strong>benefician</strong>. Es notorio que esos ritmos en la etapa histórica del antiguo régimen han sido causados y aprovechados por la tierra, el clima y las <strong>fuerzas naturales</strong>, celebrados por los ritos religiosos, y han contribuido a hacer sostenible la alimentación, el trabajo y la vecindad del hombre. Sin embargo, en la posterior economía industrial, y más aún en la globalización neoliberal que nos gobierna, quien conduce, aprovecha y dirige estos ciclos en su propio beneficio es el <strong>dios mercado</strong>, el capital financiero y los intereses de los grandes gestores de la cultura.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>Los ritmos reproductivos del hombre en la historia medieval y moderna han dibujado ciclos de <strong>amores</strong> y concepciones primaverales, <strong>nacimientos</strong> invernales y <strong>defunciones</strong> otoñales, celebrados paralelamente por la liturgia de la pascua, la navidad y los difuntos. También la economía agraria y de subsistencia era ritmada por las estaciones climáticas de la <strong>sementera</strong> otoñal, la <strong>germinación</strong> primaveral y la <strong>cosecha</strong> estival. Tales cadencias estacionales agrícolas arrastraban a toda la vida social e influían en fiestas, ceremonias religiosas, alimentos, contratos de trabajo, mercados y otras actividades culturales. Sonorizaban estos hitos los toques de campana de maitines, ángelus y vísperas. Las mismas <strong>pautas</strong> acompasaban también el <strong>consumo</strong>, desahogado por la abundancia en verano y otoño, moderado por las matanzas y sus carnes curadas en el invierno y constreñido en los momentos de escasez y abstinencia, durante los meses de soldadura de las cosechas, a base de remojado curadillo o abadejo. Se aprovechaba así la secuencia de productos estacionales de verduras, frutas, cereales, legumbres, salazones y conservas. Más aún, este mismo compás cíclico generaba <strong>carestías</strong>, falta de trigo en la troje y escasez de quesos en el desván, que causaban una conflictividad social y política de inquietantes <strong>motines</strong> y agobiante abundancia de <strong>mendigos</strong>. En todo caso, quien ordenaba los ciclos de la vida era la <strong>naturaleza</strong>, el clima y el calendario religioso, que conseguían una supervivencia armónica del hombre con la tierra y el ganado.</p>
<p>La economía industrializada y ahora el <strong>liberalismo globalizado</strong> han marginado a la naturaleza y entregado el mando de las fluctuaciones al <strong>mercado</strong> y su ley de oferta/demanda. Los productos y el ocio oscilan según ondas gobernadas por las rebajas del <strong>marketing</strong>, el consumo es movido por la <strong>publicidad</strong>, y ésta es pagada por los fabricantes que necesitan vender. De este modo, los precios y los servicios fluctúan por los intereses del <strong>productor</strong> y no del consumidor. Y el resultado es que toda nuestra <strong>vida es cíclica</strong>, el consumo eléctrico, el trending topic de las redes sociales, los accesos a las ciudades y la hora punta del metro. Sucede en los medios de comunicación, que compiten por el prime time de <strong>audiencia</strong> por medio de programas pensados para gustar a los <strong>espectadores</strong>, mejor dicho, ahormando al público a disfrutar con reality shows, concursos de cocina, canto o costura.</p>
<p>Se ha extendido así un <strong>populismo comercial</strong> vendedor de demandas fáciles de producir y cómodas de rentabilizar, un <strong>populismo cultural</strong> que ofrece diversiones banales y un <strong>populismo político</strong> que infantiliza al público con identidades y banderas. Dominan las tendencias de deporte, exposiciones o propuestas políticas que huyen de contenidos críticos y evitan reflexiones impertinentes.</p>
<p>Traemos esta reflexión sobre el tiempo y los ciclos para mirar con ojos de historiador la <strong>cuesta de enero</strong>. Es el mes que cierra con la depresión la anterior expansión navideña. Su empinado nombre se debe al esfuerzo que se pide al consumidor, al que se empuja a que gaste lo que no tiene y a que escale los <strong>altos precios</strong> con las botas rotas de unos <strong>extenuados salarios</strong>. Más lacerante aún, es un ciclo aprovechado por el dios mercado parar sacar la máxima ventaja comercial de una capacidad adquisitiva agotada y dar salida al excedente de productos no comercializados. Pero tranquilos, que la cuesta de enero será inmediatamente <strong>aliviada</strong> por las <strong>rebajas</strong>, para que compres lo que no necesitas y gastes más de lo que debes.</p>
<p>Aparecido en la edición impresa del 13 enero de 2018</p>
</body></html>
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