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	<title>Memorias que exaltan y decapitan | El Mirador de Clío - Blogs elnortedecastilla.es</title>
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		<title>Memorias que exaltan y decapitan | El Mirador de Clío - Blogs elnortedecastilla.es</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Sep 2020 18:37:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Carasa</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[ Pedro Carasa. Historiador La primera manera con que los hombres recuperan el pasado es con el espontáneo recuerdo personal y familiar de sus predecesores. Otra es la memoria social y política, con la que los poderes eligen héroes, fechas y valores afines a su ideología y destacan los hechos preferidos por las naciones, regiones o [&#8230;]]]></description>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p><strong> Pedro Carasa</strong>. Historiador</p>
<p>La primera manera con que los hombres recuperan el pasado es con el <strong>espontáneo recuerdo</strong> <strong>personal y familia</strong>r de sus predecesores. Otra es la memoria <strong>social y política</strong>, con la que los poderes eligen héroes, fechas y valores afines a su ideología y destacan los hechos preferidos por las naciones, regiones o ciudades que gobiernan. La tercera es la <strong>historia profesional</strong> que reflexiona sobre el todo el pasado con diferentes métodos científicos, en instituciones docentes e investigadoras públicas.</p>
<p>Los historiadores profesionales <strong>no podemos seleccionar</strong> los hechos de la historia como <strong>los políticos eligen</strong> los contenidos de la memoria histórica o democrática. Sabemos que la historia tuvo esclavismo, racismo, patriarcado, feudalismo, teocracia, absolutismo, capitalismo, socialismo, colonialismo, imperialismo, belicismo, anticlericalismo, caciquismo, dictadura, represión, fascismo, nazismo y exterminio. Debemos analizar todas sus causas y consecuencias, pero <strong>no podemos ocultar su existencia.</strong> Y lo debemos hacer <strong>respetando los tiempos de la historia</strong>, sin destruirla con la <strong>acronía</strong> que interpreta los hechos fuera de las coordenadas temporales y con otra jerarquía de valores, sin romperla con la <strong>anacronía</strong> que no comprende la secuencia temporal lógica, y sin perderla como maestra de la vida con la <strong>ucronía</strong> que busca en ella una utopía que no sucedió.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p>Porque todo <strong>espacio</strong> habitado está <strong>impregnado de alguna memoria social</strong> con la que el poder evoca héroes destacados, hechos que cree relevantes, valores propios o instituciones que desea mantener. Se refleja en <strong>nombres</strong> de territorios y calles, <strong>estatuas</strong> en plazas y jardines, <strong>fiestas</strong> vecinales, <strong>personajes</strong> y méritos propios en <strong>crónicas</strong> locales y en <strong>historias nacionales</strong>. Suelen priorizar financiación pública para programas docentes e investigadores, congresos, exposiciones y publicaciones que más le favorecen. Pero estas acciones no son propiamente historia, son una legítima <strong>gestión política de la memoria colectiva</strong> para construir<strong> relatos legitimadores</strong> y, en países con experiencias traumáticas, <strong>restaurar derechos</strong> humanos conculcados.</p>
<p>En España <strong>los poderes construyeron siempre memorias sociales.</strong> Las pinturas <strong>rupestres</strong> exaltaron ciertas cazas, ritos y reglas, las culturas <strong>celtas y</strong> vacceas crearon sus símbolos y mitos propios, lo hicieron también fenicios y <strong>romanos.</strong> El poder medieval creó <strong>banderas de reconquista</strong> con don Pelayo y los iconos de Santiago y el Pilar perpetuados en conflictos posteriores. Los Reyes Católicos se llamaron así por unir la dinastía, expulsar a árabes y judíos y evangelizar a América. El universal Imperio cristiano de los Austrias creyó suya la herencia del <strong>siglo de oro</strong> de escritores católicos. El renacimiento trató de iluminar la oscuridad medieval. La contrarreforma barroca y su ortodoxia religiosa creyeron que <strong>España era la luz de Occidente</strong>. El racionalismo se identificó superior a las ruinas barrocas. En el XIX proclamaron sus victorias <strong>liberales</strong> sobre absolutistas/<strong>carlistas</strong>, <strong>anticlericales</strong> contra clérigos, <strong>nacionalistas</strong> radicales frente al centralismo español, <strong>marxistas</strong> sobre la burguesía, <strong>anarquistas</strong> contra el poder y conservadores resistiendo con la monarquía y la religión.</p>
<p>Al final las dos Españas sangraron en la <strong>guerra fratricida</strong> y <strong>quebraron</strong> dramáticamente la <strong>memoria social.</strong> Los vencedores volvieron al imperio de destino universal y la <strong>dictadura reprimió y asesinó</strong> a separatistas, masones y comunistas. La hagiografía eclesiástica lo alimentó cantando a sus santos nacionales. Miles de libros sobre la guerra civil se contrapusieron exaltando <strong>dos memorias enfrentadas</strong>. Franco impuso en la escuela una <strong>historia nacional que demonizó a los vencidos</strong>.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>A la Transición le interesó <strong>exaltar la monarquía</strong> con exposiciones y publicaciones de Isabel la Católica, Carlos V, Felipe II, Carlos III e Isabel II. Desde 1992 celebró <strong>pomposos centenarios de descubrimientos</strong>, mientras en América se gestaba la <strong>historia étnica contra la conquista española.</strong> Las memorias autonómicas potenciaron las lenguas propias sobre la española y elaboraron 17 historias alternas. Últimamente los populismos han calificado el régimen de la Transición como elitista.</p>
<p>Sucede siempre que las memorias políticas tienen u<strong>n haz y un envés</strong>, una cara y una cruz. Así sucedió tras la guerra civil, cuando se exaltó el haz de la <strong>memoria de los vencedores</strong> y se oscureció el envés del <strong>olvido de los vencidos</strong>. Hoy tratamos de <strong>invertir esta relación</strong>, recuperando la <strong>memoria de los perdedores</strong> y <strong>restaurando los derechos, valores y dignidad de las víctimas</strong> de la dictadura.</p>
<p>Últimamente han irrumpido en el escenario los <strong>movimientos radicales</strong> al reaccionar con violencia, proscribir historias, <strong>derribar monumentos</strong> y estatuas de enemigos políticos o sociales. Pero sustituir diez negritos por diez indianitos y <strong>descabezar</strong> a Nerón, Constantino, Abderramán III, Colón, Fray Junípero Serra, Cervantes, Jefferson, Colbert, Lenin, Churchill o Franco es la peor solución. Porque de la historia <strong>no podemos excluir a nuestros adversarios, así nunca aprenderíamos a superar sus defectos y a resolver los problemas que plantearon.</strong></p>
<p>El debate del anteproyecto de <strong>ley de memoria democrática</strong> nos invita a reflexionar sobre ella. Es una <strong>memoria política</strong>, gestionada por el poder y cultivada por <strong>movimientos sociales, voluntarios y partidos</strong> políticos. Cambia según la ideología de mayorías parlamentarias, sigue las corrientes culturales dominantes y florece en momentos de cambio y crisis. Son leyes que resultan más debatidas y <strong>tensas en países que han experimentado traumas bélicos,</strong> experiencias autoritarias o graves ataques a los derechos humanos. En España era<strong> imprescindible devolver la dignidad a los asesinados escondidos en fosas y cunetas.</strong></p>
<p>Fue la sombra de la guerra civil y la dictadura la que inclinó a Zapatero a promulgar en 2007 la <strong>ley de memoria histórica</strong>, que sólo daba consejos. Ahora se proyecta una<strong> ley de memoria democrática</strong> más <strong>coercitiva</strong>, prevé multas y delitos, prohíbe fundaciones, anula sentencias y juicios franquistas contra separatistas, crea un banco de datos de ADN y resignifica el Valle de los Caídos como lugar de memoria. Además de inscribirse en la <strong>estrategia política</strong> de cumplir <strong>pactos de investidura,</strong> cohesionar la <strong>coalición de gobierno</strong> y facilitar el <strong>acuerdo presupuestario con nacionalista</strong>s, trae la buena noticia de que el poder ejecutivo cumplirá con su <strong>deber de restaurar la dignidad y los derechos de las víctimas de la dictadura</strong>.</p>
<p> </p>
<p>Original editado en <em>El Norte de Castilla</em> del 21 de septiembre 2020.</p>
</body></html>
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