{"id":79,"date":"2018-04-16T10:26:34","date_gmt":"2018-04-16T08:26:34","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/miradordeclio\/?p=79"},"modified":"2018-04-16T10:26:34","modified_gmt":"2018-04-16T08:26:34","slug":"agua-sol-y-guerra-en-sebastopol","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/miradordeclio\/2018\/04\/16\/agua-sol-y-guerra-en-sebastopol\/","title":{"rendered":"\u00a1Agua, sol y guerra en Sebastopol!"},"content":{"rendered":"<p><strong>\u00a1Agua, sol y guerra en Sebastopol!<\/strong><\/p>\n<p>Pedro Carasa<\/p>\n<p>El hombre, durante diez mil a\u00f1os de historia, ha logrado subsistir viviendo en <strong>armon\u00eda con la naturaleza<\/strong>, pero en los dos \u00faltimos siglos la <strong>ha deteriorado<\/strong> hasta alterar sus ritmos naturales. La <strong>industrializaci\u00f3n<\/strong> y el capitalismo la utilizaron como fuente de energ\u00edas y materias primas hasta <strong>agotar sus recursos<\/strong>. Hoy queremos enderezar este entuerto, pero la imprescindible<strong> cultura naturalista<\/strong> est\u00e1 siendo frenada por el neoliberalismo.<\/p>\n<p>Cuando el hombre pas\u00f3 <strong>de cazador a agricultor<\/strong> aprendi\u00f3 que la naturaleza no era su enemigo, sino el <strong>seno materno<\/strong> en el que deb\u00eda integrarse para sobrevivir. Por eso, las comunidades municipales dictaron <strong>ordenanzas<\/strong> para subsistir actuando rec\u00edprocamente el <strong>medio natural <\/strong>y la<strong> sociedad<\/strong>. Practicaron un vital <strong>circuito de realimentaci\u00f3n<\/strong> entre familia, vecindad, tierra, clima y ganader\u00eda que aseguraba combustibles, nutrientes, abonos y energ\u00eda, y al tiempo estimulaba un <strong>rec\u00edproco aprovechamiento<\/strong> entre producci\u00f3n y consumo de hombres, animales y vegetales. La armon\u00eda con los ritmos de suelo, clima y ganado marcaba la pauta de las actividades comunes, la fuerza de trabajo, las relaciones sociales y laborales, las reglas de mercado y consumo y las estrategias de subsistencia familiar.<\/p>\n<p>Este era el marco que fijaba normas de <strong>respeto a los valores<\/strong> \u00e9ticos, religiosos, sociales, vecinales y pol\u00edticos y estimulaba la vida en com\u00fan. El hombre y la vecindad reconoc\u00edan que la sinton\u00eda con la naturaleza era su caldo de cultivo, un <strong>saco amni\u00f3tico<\/strong> que aseguraba sobrevivir, incluso ofrec\u00eda bacterias e <strong>inmunidades a la salud<\/strong> humana carente de soluciones m\u00e9dicas. Adem\u00e1s, aquel mundo religioso integraba estas labores en la parroquia local seg\u00fan la liturgia semanal y estacional y <strong>sacralizaba<\/strong> el trabajo, el descanso, las fiestas, las colaboraciones colectivas, la salud, los toques de campanas o las rogativas y nublos en sequ\u00edas y pedriscos.<\/p>\n<p>La <strong>industrializaci\u00f3n<\/strong> despreci\u00f3 todas estas inercias naturales, desde\u00f1\u00f3 la subsistencia agraria como un <strong>obst\u00e1culo al progreso<\/strong>, abandon\u00f3 el mundo rural como hostil a la ciudad, eludi\u00f3 la atadura estacional y conden\u00f3 la vinculaci\u00f3n <strong>religiosa como irracional<\/strong>. Las energ\u00edas y m\u00e1quinas industrializadoras se creyeron <strong>superiores a las fuerzas naturales<\/strong>, el liberalismo subordin\u00f3 los ciclos y recursos de la naturaleza a los dictados del <strong>mercado<\/strong> y la <strong>demanda<\/strong>.<\/p>\n<p>Desde fines del XIX hemos desconectado de la naturaleza, hemos <strong>abortado la realimentaci\u00f3n<\/strong> entre lo natural y lo humano, y hemos interrumpido la circulaci\u00f3n de energ\u00eda, producci\u00f3n y consumo. Este divorcio con la naturaleza ha agudizado el <strong>cambio clim\u00e1tico<\/strong>, especialmente en los pa\u00edses m\u00e1s pobres, sin que la comunidad internacional haya sido capaz de pactar un remedio en Kioto.<\/p>\n<p>Al degradar los ritmos del clima hemos <strong>desnaturalizado <\/strong>la fertilidad sostenible<strong> del agua<\/strong>, hemos contaminado los r\u00edos, hemos <strong>encarecido <\/strong>su primigenio destino a la alimentaci\u00f3n y al abastecimiento. Se ha perdido la profunda cultura de herboristas, alarifes, jardineros, zahor\u00edes y artistas \u00e1rabes que nos ense\u00f1aron a <strong>amar el agua<\/strong>. Por eso la ONU ha dedicado 2018 a la gesti\u00f3n integrada del agua y pide hacerlo con <strong>respeto a la naturaleza<\/strong>.<\/p>\n<p>El <strong>neoliberalismo<\/strong> de hoy <strong>no<\/strong> es <strong>naturalista<\/strong>, utiliza el medio natural como una fuente inagotable de energ\u00edas y materias primas sin cuidar su mantenimiento. Trata el paisaje, el clima y el urbanismo como <strong>negocios tur\u00edsticos<\/strong> de sol y playa para enriquecer a las elites econ\u00f3micas. Practica la <strong>deforestaci\u00f3n<\/strong> y usa los p\u00e1ramos, r\u00edos y mares como <strong>sumideros de desechos<\/strong>. Forma una corrupta red pol\u00edtico-econ\u00f3mica de compa\u00f1\u00edas el\u00e9ctricas capaces de crear un <strong>impuesto al sol<\/strong>, frenar la energ\u00eda natural y causar la <strong>pobreza energ\u00e9tica<\/strong>. Hasta nos roba la filosof\u00eda estacional del tiempo y nos impone un cambio horario que desvincula las <strong>horas de sol<\/strong> de la naturaleza y del descanso y las somete a los intereses de la <strong>producci\u00f3n<\/strong>.<\/p>\n<p>Para reconstruir la armon\u00eda rota entre agua, clima, animales, cultivos, h\u00e1bitat, sociedad y econom\u00eda, surgen nuevas <strong>culturas alternativas<\/strong> ecol\u00f3gicas. Una <strong>econom\u00eda org\u00e1nica<\/strong>, integradora de hombre y naturaleza; un <strong>agroecosistema<\/strong> articulador de sociedad, agricultura y ciencia; una <strong>econom\u00eda circular<\/strong> que reduce, recicla y reutiliza recursos; una <strong>permacultura<\/strong> o agricultura automantenida que dise\u00f1a medioambientes humanos sostenibles; una <strong>ingenier\u00eda clim\u00e1tica<\/strong> o una <strong>arquitectura<\/strong> <strong>sostenible<\/strong>. Pero el neoliberalismo las mira con <strong>malos ojos<\/strong>.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n las Autonom\u00edas espa\u00f1olas han agravado el problema al impedir una <strong>gesti\u00f3n solidaria del agua<\/strong> y perpetrar la necedad pol\u00edtica de apropiarse de cuencas y r\u00edos: Creer que el Duero es castellano, el Tajo manchego y el Ebro aragon\u00e9s es poner <strong>puertas al campo<\/strong>.<\/p>\n<p>Los <strong>terracampinos<\/strong>, hace 160 a\u00f1os, en plena euforia del Canal de Castilla, gritaban \u00a1<strong>Agua, sol y guerra en Sebastopol<\/strong>! porque la guerra de Crimea aisl\u00f3 al cereal ruso, demand\u00f3 el castellano y <strong>alz\u00f3 su precio<\/strong>. Su ruda filosof\u00eda era muy honda, primero cantaba al <strong>agua<\/strong> y al <strong>sol<\/strong> como columnas <strong>estructurales<\/strong> que solucionaban su vida acorde con la naturaleza, solo despu\u00e9s valoraba la <strong>coyuntura<\/strong> de una lejana <strong>guerra<\/strong>.<\/p>\n<p>No proponemos volver a una arcadia feliz de mil a\u00f1os atr\u00e1s. Lamentamos haber <strong>abandonado<\/strong> en los dos \u00faltimos siglos la actitud de <strong>armon\u00eda y respeto a la naturaleza<\/strong> de los cien siglos anteriores. Si el legado natural ha de pervivir, debemos gritar otra vez que<strong> los hombres se armonicen con el agua y el sol.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Aparecido en la edici\u00f3n de papel de <em>El Norte de Castilla<\/em> del s\u00e1bado, d\u00eda 14 de abril de 2018<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a1Agua, sol y guerra en Sebastopol! 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