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Alfredo Barbero

Ni locos ni cuerdos

En un lugar de la Mancha…

Doce hechos verificables que demuestran que el profesor Parra se equivoca cuando afirma haber comprobado científicamente que el misterioso “lugar de la Mancha” del que habla Cervantes en El Quijote no es otro que… Villanueva de los Infantes (al sureste de la provincia de Ciudad Real, en el Campo de Montiel)

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El profesor Parra Luna, catedrático emérito de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid, y su Equipo Interdisciplinar de varias universidades españolas integrado por matemáticos, geógrafos, historiadores y filólogos, incurren repetidamente en varios errores en el libro El enigma resuelto del Quijote. Un debate sobre el lugar de la Mancha (Univ. Alcalá, 2009). Todos estos errores, y su repetición, pueden verificarse de un modo muy sencillo: leyendo el libro.

1. Los juicios de intenciones no pueden fundamentar los estudios científicos. Los juicios de intenciones no pueden ser PREMISA, ni grande ni pequeña, para llegar a una conclusión que se pretenda científica. Los juicios de intenciones son simples hipótesis. Aunque parezca sorprendente, el profesor Parra basa toda su complicada investigación en la interpretación de dos frases, ¡de dos únicas frases! del Quijote, de las que deduce las supuestas intenciones de Cervantes. Su particular interpretación de esas dos frases, por ser una interpretación de tipo sistémico, le hace creer que puede elevarla a la categoría de GRAN PREMISA, y considerar que es absolutamente cierta como si fuese un hecho empírico verificado.

2. Estos son los dos axiomas interpretativos (no verificados con pruebas empíricas) del juicio de intenciones que el profesor Parra hace a Cervantes: 1) Entre la archifamosa primera frase del Quijote: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…”, y otra del último capítulo de la novela en la que, por boca de Cide Hamete Benengeli, manifiesta que no quiere desvelar el nombre del “lugar” para que todos los pueblos de la Mancha contiendan por ahijar y tener por suyo a Don Quijote, “como contendieron las siete ciudades de Grecia por Homero”, Cervantes quiso establecer una relación de significado (esta sería la primera intención “incontrovertible” de Cervantes, según el profesor Parra). 2) La relación de significado que Cervantes quiso establecer entre sus dos frases no puede ser otra que la de proponer a los lectores un “desafío”, un “juego” o un “acertijo” para que se descubra cuál es el pueblo de Don Quijote (segunda “taxativa” intención de Cervantes). Esta doble interpretación, por muy sistémica que sea, no deja de ser INTERPRETACIÓN. El profesor Parra no aporta prueba empírica alguna (documento oficial o testamentario del autor, testimonio fiable escrito por algún confidente de Cervantes, etc.) sobre las supuestas intenciones del novelista. Simplemente, las deduce del texto. El profesor confunde su juicio de intenciones, que no es más que una hipótesis (por muy sistémica que sea), con un hecho comprobado. Llama a esta hipótesis GRAN PREMISA, y fundamenta sobre ella el sistema topológico-matemático de tardanzas y distancias. Así pues, todas las brillantes modelizaciones y cálculos matemáticos que se realizan en los Anexos Técnicos se basan en una hipótesis indemostrada sobre las intenciones de Cervantes. Esta hipótesis, elevada en el libro a la dimensión de GRAN PREMISA, nosotros la vamos a llamar GRAN HIPÓTESIS del profesor Parra.

(Nota.- El juego que don Miguel sin la menor duda sí ha puesto en danza hasta el punto de lo cómico, es que un montón de cervantistas y eruditos contiendan por ahijar a Don Quijote a éste, ése o aquél pueblo de la Mancha, como puede comprobarse en las publicaciones y debates que ya se vienen realizando de cara a la celebración del próximo centenario de la Segunda parte del Quijote en el año 2015)

3. El resultado al que llegan los matemáticos de varias universidades españolas en los Anexos Técnicos del estudio estableciendo los pueblos con “mayor probabilidad” de ser “el lugar de la Mancha” -como alguno de ellos reconoce con rigor y humildad- no es más que un cálculo teórico. Un cálculo que da por hecho, que se basa, que PRESUPONE, dos cosas: 1) que la hipótesis del profesor Parra sobre las intenciones de Cervantes es acertada; y 2) que los “datos” sobre tardanzas (traducidas a kilómetros) y distancias que les proporciona son objetivos. Pero el profesor Parra lo único que hace es INTERPRETAR e HIPOTETIZAR: interpreta dos frases del texto cervantino, y formula una hipótesis sobre las intenciones de don Miguel que en ningún momento demuestra con pruebas empíricas externas. No puede afirmarse, por tanto, que los supuestos “datos” que el profesor entrega a los matemáticos para que hagan sus cálculos sean realmente datos objetivos.

4. Las posibles intenciones de Cervantes al escribir sus dos frases bien pudieron ser otras: 1) homenajear con la primera de ellas a toda la Mancha, como Amadís homenajeó a su patria llamándose Amadís de Gaula (comparación que el propio don Miguel hace ya en el primer capítulo); 2) hacer en la segunda frase una GRAN IRONÍA igualando al loco hidalgo manchego, Don Quijote, con la fama y grandeza del padre de la Literatura occidental, Homero (registro irónico que resulta bastante evidente); 3) dar intencionadamente datos de varios pueblos para provocar una cómica contienda entre Ayuntamientos y entre eruditos; 4) elegir un nombre sonoro y musical para el afamado caballero; 5) abrir un interrogante con el que captar desde el principio la atención del lector, etc. Apuntamos algunas, pero no es posible saber con certeza las intenciones que realmente pudo haber tenido Cervantes. Confundir una hipótesis sobre las intenciones de un escritor con un dato objetivo, confundir la interpretación de un texto literario con un HECHO EMPÍRICO, llamar “gran premisa” a lo que no es más que la primera hipótesis de trabajo, constituye el GRAN ERROR (en términos de fundamentación lógica) del estudio del profesor Parra. Un error que invalida en origen su conclusión. La conclusión del profesor Parra: “el lugar de la Mancha” es Villanueva de los Infantes, no puede considerarse, ni mucho menos, una “tesis científica verificada” como él un poco empecinadamente repite. Aunque le cueste admitirlo, esa supuesta “tesis científica verificada” no es más que una hipótesis (que tiene su origen y fundamento en otra bien grande hipótesis sobre las intenciones de don Miguel). La “gran premisa” es un pilar no cimentado con pruebas empíricas, un pilar que no puede sostenerse y hunde todo el sistema de distancias/tiempos.

5. Afirmar con absoluta rotundidad sobre la base de la interpretación de dos frases del Quijote que Cervantes tuvo la intención de dejarnos “un acertijo-desafío” y que, por tanto, también dejó unas tardanzas y unas distancias objetivas en su novela con las que poder realizar cálculos matemáticos para averiguar cuál es el famoso “lugar de la Mancha” del que no quiso acordarse, proporcionando -por si lo anterior fuese poco-, una serie de informaciones adverbiales imprecisas o contradictorias para dificultar el hallazgo, supera la capacidad de conocimiento de las intenciones humanas del mismísimo Dr. Freud. El profesor Parra demuestra reiteradamente en su libro creer tener con su metodología una capacidad estructural, a la que llama “imperativo sistémico”, con la que conocer de modo exacto cuál fue la intención de Cervantes al escribir sus dos frases. Su método debiera homologarse cuanto antes para que los psiquiatras y psicólogos de todo el mundo podamos conocer, con esa incontrovertible precisión, las intenciones que se mueven en el interior de la mente humana.

6. No existe ningún estudio científico, médico-psiquiátrico o psicológico, que demuestre que la aparición de un Trastorno de ideas delirantes, la psicopatología real más parecida a la de Don Quijote (diagnóstico codificado como F22.0 en la CIE 10, OMS, 1.992), dependa de la “estructura religioso-cultural” de un determinado entorno, ciudad, pueblo o lugar. Y menos aún existen estudios científicos sobre “estructuras extremadas” que supuestamente determinan la aparición de “aventureros o santos-locos” del tipo de Don Quijote. La teoría del determinismo de los contextos socio-culturales sobre la psicología y la psicopatología individual de las personas, de notable raíz dialéctico-marxista, pertenece al pasado. Llegar al extremo de considerar la personalidad como un “subproducto” del entorno, es una grave simplificación. La psique humana, por fortuna, es mucho más compleja.

7. Si Villanueva de los Infantes pudo contribuir a explicar una parte importante de la filosofía del Quijote, como razona en singular silogismo el profesor Parra (en un texto de 12 puntos hecho público con motivo de la mesa redonda celebrada entre varios expertos en la Universidad Libre de Villanueva de los Infantes el pasado mes de julio), esto significaría que Villanueva de los Infantes contribuyó de forma importante a configurar la filosofía del propio Cervantes. Pero, ¿qué vínculo histórico-biográfico relevante conoce el profesor Parra entre don Miguel y Villanueva…?

8. El profesor Parra se muestra intelectualmente muy severo, hablando de importante “error epistemológico”, con los investigadores, críticos y cervantistas que para defender otras hipótesis distintas a la suya utilizan la información adverbial del Quijote, a la que llama información “débil”. Él, en cambio, presume mucho en su libro de haber elaborado un sistema matemático de tardanzas y distancias que se basa en los supuestos “datos” objetivos que Cervantes habría dejado en la novela, sistema que califica de información “fuerte”. Sin embargo, seguramente por algún tipo de lapsus, en otro capítulo dice que el método que quizás sea más riguroso para averiguar cuál es “el lugar de la Mancha” no es ese “fuerte” sistema de distancias/tiempos (que ha granjeado al Equipo Complutense una placa de homenaje en la calle mayor de Villanueva de los Infantes), sino uno distinto al que llama “enfoque multivariable”. Un enfoque que se basa en… ¡información adverbial!

9. Al construir su “enfoque o modelo multivariable”, el profesor Parra da por buenas todas las referencias que aparecen en El Quijote coincidentes con las características del pueblo Villanueva de los Infantes, con lo cuál entra en contradicción con una de las primeras afirmaciones que hace en su libro: que Cervantes, al mismo tiempo que dejó unas tardanzas y distancias objetivas, proporcionó mucha información adverbial incorrecta para despistar y camuflar su verdadera intención de que el pueblo de Don Quijote fuese descubierto. Si esto es así, si Cervantes quiso despistarnos con la información adverbial, no hay forma humana posible de saber si la que coincide con Villanueva de los Infantes es cierta o es una información escrita deliberadamente por don Miguel para confundir. Dar por válida la información adverbial que favorece a Villanueva supone incurrir en una contradicción y en un sesgo que anula la conclusión favorable a su histórico y bonito pueblo natal (del profesor Parra).

10. La cascada de deducciones que hace el profesor Parra a partir de su interpretación de las intenciones de Cervantes, a la que llamaremos GRAN CASCADA DEDUCTIVA, es la siguiente: 1) Si Cervantes quiso dejar un “acertijo” en su novela para que descubramos cuál es el pueblo de origen de Don Quijote, deducimos que tuvo que dejar algunos datos objetivos en ella. (Así lo quiso Cervantes). 2) Como, por muchas vueltas que los lectores y cervantistas han dado al Quijote a lo largo de cuatro siglos, no se ha encontrado hasta la fecha ninguna clave en la información adverbial del texto que permita identificar “el lugar de la Mancha”, se deduce que lo que dejó fue una serie de datos cuantificados con los que poder hacer los cálculos matemáticos oportunos. (Así lo quiso Cervantes). 3) Cervantes pudo haber dejado unas distancias claras y concretas (en leguas) desde varios puntos geográficos con las que poder hacer con cierta facilidad los cálculos matemáticos para identificar “el lugar de la Mancha”, pero como las distancias que aparecen en el Quijote son insuficientes para conseguir esa localización, deducimos que también dejó varias tardanzas con el mismo fin, haciendo de este modo mucho más difícil la resolución del problema. (Así lo quiso Cervantes). 4) Para poder realizar la triangulación entre tres puntos geográficos concretos que aparecen en el Quijote (Puerto Lápice, El Toboso y el punto de penitencia en Sierra Morena), y hacer los cálculos matemáticos correspondientes que nos descubran cuál es “el lugar”, las tardanzas (expresadas en el texto por Cervantes en jornadas) deben convertirse en distancias (que en el estudio se expresan en los actuales kilómetros). Se deduce, por tanto, que Cervantes tuvo la idea de que los lectores hiciésemos esa conversión de tardanzas en distancias. (Así lo quiso Cervantes). Y 5) Para poder hacer la conversión de tardanzas en distancias se deben calcular unas “horas operativas de marcha” a Don Quijote y Sancho, y una “velocidad media de las cabalgaduras” al buen Rocinante y al no peor rucio. El profesor Parra establece, ¡por ser verano! en 10 horas durante el día (8 cuando se trasladan de noche), y en 31 km por jornada, esos dos sorprendentes “datos”. Aunque todo este procesado, esta traducción de “datos”, incomode no poco al sentido común, debe realizarse para obtener los “números” necesarios con los que los matemáticos puedan hacer sus cálculos. Es decir, se deduce que Cervantes tuvo la idea de que los lectores calculásemos una “velocidad media” a Rocinante y al rucio, y también unas “horas operativas de marcha” en cada jornada, entre aventura y aventura, al buen Don Quijote y al no peor Sancho. (Así lo quiso Cervantes, según el profesor Parra).

11. ¿El profesor Parra no se da cuenta de hasta qué punto fuerza la lógica deductiva para sostener sus hipótesis? ¿No es consciente de lo artificioso de todo su planteamiento? ¿Cree realmente que Cervantes quería que los lectores hiciésemos todos los cálculos, conversión de datos y deducciones que él hace en su libro? ¿Cree realmente que Cervantes planteó a los lectores un “acertijo” cuya resolución necesita de la Teoría de Sistemas y de la modelización matemática computerizada para que, cuatro siglos después, ¡400 años después! un Equipo Multidisciplinar de varias universidades alcance a descubrir “el lugar de la Mancha”? ¿Cervantes quiso hacer las cosas de este modo, quiso someter a las generaciones futuras a tal prueba de académica dificultad? ¿Don Miguel fue tan insospechadamente genial como para tener ya prefigurados en su mente los modelos de vanguardia de las Ciencias Sociales del siglo XXI? Toda la abultada construcción metodológica que el profesor Parra realiza con tenaz persistencia en su libro de 369 páginas nos recuerda mucho a los gigantes… con pies de barro.

12. Ni Don Quijote ni Sancho Panza han cabalgado nunca por los caminos de la Mancha fuera de la imaginación de Cervantes. Tratar a las cabalgaduras como si fuesen un asno y un caballo reales que se hubiesen desplazado en tiempo real por la Mancha real, o hacer deducciones del tipo de que en “el lugar” debía haber más de un cura para sustituir (sí, sí, ¡sustituir!) al padre Pérez cuando salieron a buscar a Don Quijote, etc.; en definitiva, tratar a los personajes, a los lugares, y al espacio-tiempo de la novela como si fuesen reales, es algo que resulta muy sorprendente en un estudio científico. De tanto entusiasmarse con la lectura de la inmortal novela de Cervantes, alguna persona podría llegar a tener el mismo problema que tuvo el hidalgo manchego: confundir la ficción con la realidad. No queremos ofender a nadie (pedimos disculpas), sino hacer un comentario descriptivo. Las razones y argumentos, incluso el tono, que con frecuencia se utiliza en el libro El enigma resuelto del Quijote transmiten la viva impresión de que el Equipo Interdisciplinar cree estar dentro de la novela, de que se ha metido mentalmente en la mismísima Mancha de la época de los buenos Rocinante y rucio, Don Quijote y Sancho. A poco que se descuiden, terminarán enviándonos un selfie con todos ellos.

No sabemos si el profesor Parra, en el libro que tiene pensado publicar próximamente para cerrar su “trilogía” de cara a las celebraciones del año 2015, incurrirá de nuevo en los mismos errores de fundamentación (juicios de intenciones, etc.). A tenor de la innegable relación sistémica entre el primero y el segundo, juzgamos, hipotetizamos e interpretamos que esta quizá sea su intención (aunque debemos comprobarlo de forma empírica). Respecto del que publicó en el 2009, mi conclusión es que está claramente equivocado desde el principio, desde la “gran premisa”, y llevó a equivocarse a todo un Equipo Interdisciplinar de varias universidades españolas. Como hizo Don Quijote en el último capítulo de la novela después de su noble y muy larga contienda, quizá debiera reconocer -pasado ya el Centenario– que la realidad de una de las mayores obras de Arte de todos los tiempos (y lugares) ha superado sus objetivos científicos, un tanto ilusorios. Afortunadamente para los lectores y amantes de la Literatura, Don Quijote seguirá viviendo… en un lugar de la Mancha.

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(Puede leerse la crítica completa al libro El enigma resuelto del Quijote con forma de relato satírico breve en los artículos de este blog: http://blogs.elnortedecastilla.es/nilocosnicuerdos/el-enigma-que-ha-durado-cuatro-siglos-y-los-que-dure y http://blogs.elnortedecastilla.es/nilocosnicuerdos/el-enigma-que-ha-durado-cuatro-siglos-y-los-que-haya-de-durar )


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Sobre el autor

Psiquiatra del Centro de Salud Mental "Antonio Machado" de Segovia


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