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Alfredo Barbero

Ni locos ni cuerdos

La nueva Tercera España

 

 

“Miércoles, 12 de mayo de 1937

¿Existe una «tercera Expaña» (…)?

Ciertamente, ha existido esa tercera España (…). Deseo hablar de ella porque he tenido el honor de representar a esa España democrática, incompatible con una dictadura roja o negra. Era una España constitucional y parlamentaria, que deseaba sin embargo curar al régimen de los defectos y de los peligros de un parlamentarismo sin medida, donde todos los vicios ya anticuados del sistema se encontraban aumentados.

Se trataba de una España cordialmente igualitaria, enamorada de la justicia social, dispuesta a avanzar en esa via, sinceramente, con toda la rapidez conciliable con las fuerzas de la economía nacional, precisamente para alcanzar esa meta, odiaba la lucha de clases.

(…) Esa España con el legítimo orgullo de su historia y la clara conciencia de las realidades tenía su patriotismo, el cuál no miraba hacia atrás para la reconstrucción quimérica de una hegemonía caducada, y no conveniente incluso a su época. No se sentía tampoco dependiente internacionalmente de las patrias ajenas o de sentimientos que podrían minar la integridad de España.

(…) Pero la piedra de toque para reconocer la tercera España era el problema de la guerra civil, esa herida tan peligrosa de la vida española. Mientras que las otras dos Españas deseaban la guerra civil y se preparaban para ello, la tarea de la tercera España era impedir esa guerra (…).

(…) La guerra civil desencadenada significó la derrota por adelantado de la tercera España. (…) Y sin embargo, es esa tercera España, deshecha, esparcida, la única esperanza de renacimiento de la vida nacional que se le puede asegurar y permitir a todos los Españoles. ¿Podrá ésta conseguirlo? Es posible, aunque sea muy difícil. Eso no será posible más que por la evolución, rápida o ralentizada, de la conciencia española, quizás por un repentino giro de ésta, persuadida por la locura de las soluciones extremistas. (…).”

 

Niceto Alcalá-Zamora y Torres 

Ex-presidente en el exilio de la Segunda República española

Confesiones de un demócrata

 

Ya no somos tan idealistas como nuestros antepasados. Desde entonces han transcurrido 81 años, tres generaciones al menos de españoles (don Niceto es nuestro bisabuelo político, el trastatarabuelo de los más jóvenes). Hemos cambiado de siglo. Tenemos Internet, smartphones, tablets, TV 4K por satélite y coches híbridos poco contaminantes. Participamos en una sociedad de consumo y democrática interconectada muy compleja. Sabemos lo que pasó en la Segunda Guerra Mundial. En 1948 la ONU hizo pública la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En poco tiempo tras el 75 fuimos capaces de realizar una Transición política por consenso que ha sido referencia internacional. Dio como fruto la Constitución de 1978, una de las más avanzadas del mundo. Hemos tenido 40 años de paz, democracia, logros sociales y prosperidad económica. Estamos plenamente integrados en Europa y en el mundo occidental. Ya no somos tan ingenuos, sabemos que la búsqueda de los ideales puede traer adversas consecuencias, que el refrán no es vano: a menudo lo mejor es enemigo de lo bueno. Somos más prácticos.

El texto seleccionado de Alcalá-Zamora muestra el posicionamiento de un grupo de políticos, escritores e intelectuales de su época respecto del llamado problema de las Dos Españas. Un problema que muchos consideran claramente configurado a partir de los hechos históricos ocurridos a largo del siglo XIX, mientras que otros dudaban y dudan de su existencia. Los escépticos guiados por la vieja sabiduría gallega piensan que, aunque nadie las ha visto, ‘haberlas, haylas’.

Tres criterios principales pueden darse para una posible definición de las Dos Españas:

1) La radicalización ideológica, ocurrida en cuatro concretos polos contrapuestos sin apenas capacidad de negociar y acordar: derecha / izquierda, monarquía / República, catolicismo / anticlericalismo, centralismo / nacionalismo.

2) La polarización económicosocial: riqueza / pobreza, con un bajo nivel de vida general y apenas clases medias.

3) La total disposición al uso de la violencia física y armada (golpes militares, procesos revolucionarios) para imponer las propias creencias, ideas e intereses.

Los tiempos han cambiado, según nos recuerda Dylan. ¡Y mucho, por fortuna! Pero aun así, quienes se empeñen en encontrar semejanzas entre la actual difícil situación política y la que se vivió en la década de los 30 del pasado siglo, sin duda las hallarán.

A diferencia de lo que ocurrió en la Transición y durante las tres décadas posteriores, en que prácticamente todas las fuerzas políticas democráticas de España, conservadores, liberales, socialistas, comunistas y nacionalistas, decidieron respetar el ‘régimen’ y la Constitución de 1978, en este momento hay dos fuerzas que los cuestionan abiertamente, Podemos y Vox (hasta la fecha por cauces democráticos). A esto hay que añadir que los partidos independentistas catalanes pasaron a la acción hace un año dando un ‘golpe interno’ desde las instituciones democráticas que ampara la Constitución contra la propia Constitución y democracia españolas, al proclamar de manera unilateral la República independiente de Cataluña. Ante estos hechos consumados, la distinta actitud política adoptada por el PP y Ciudadanos respecto del PSOE, intentando negociar éste y pidiendo una segunda aplicación del Artículo 155 los primeros, supone un distanciamiento relevante entre los partidos constitucionalistas. La conclusión a la que podemos llegar es que el criterio 1) de radicalización ideológica ha empeorado bastante comparado con el nivel que mantuvimos en las tres primeras décadas posteriores a la Transición. Si lo que ocurrió durante aquellos años podemos calificarlo en este punto de Notable, la calificación actual es un claro Suspenso.

Ciertas similitudes con los tiempos históricos pasados y esta calificación negativa de la evolución ideológica de algunos partidos son la causa de que cada vez nos preocupe más la situación política que vivimos. Pero hay lugar para la esperanza… ¡tenemos una nueva Tercera España!

Mucho más fuerte que la que formó aquel pequeño grupo de intelectuales, escritores y políticos que terminó perdiendo frente al extremismo de los ‘hunos’ y de los ‘hotros’ que tan certera y brevemente describió don Miguel de Unamuno. La actual Tercera España la formamos la gran mayoría de ciudadanos que vivimos en nuestro país, muchos tipos de clases medias, trabajadores y obreros con un nivel de vida aceptable y múltiples servicios sociales públicos. Y lo que aún es más importante: la gran mayoría de ciudadanos, esta gran mayoría democrática, no piensa en soluciones extremas o radicales, ni en ‘rupturas’, no tiene en su cabeza la resolución violenta de los conflictos, sino el ejercicio máximo de la democracia, la negociación, la firmeza en la aplicación de la Ley, las reformas y acuerdos moderados, para finalmente mantener la convivencia. Y si no es posible, al menos la “conllevancia” democrática de la que habló Ortega y Gasset.

No “por la evolución, rápida o ralentizada, de la conciencia española, quizás por un repentino giro de ésta, persuadida por la locura de las soluciones extremistas”como reflexionaba con cierta ingenuidad idealista don Niceto Alcalá-Zamora, puede prevalecer la nueva Tercera España sobre la mencionada “locura”. Se trata más bien de que los hechos, de momento, nos apoyan. Los criterios 2) y 3) están hoy día a favor de la democracia.

 

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Sobre el autor

Psiquiatra del Centro de Salud Mental "Antonio Machado" de Segovia


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