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	<title>Mal psicoterapeuta (capítulo 4) | Ni locos ni cuerdos - Blogs elnortedecastilla.es</title>
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		<title>Mal psicoterapeuta (capítulo 4) | Ni locos ni cuerdos - Blogs elnortedecastilla.es</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Nov 2019 22:26:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Barbero</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p>Desconsiderando por completo todos los esfuerzos e ingenios realizados por el cura y el barbero en el final de la Primera parte para traer de vuelta a su pueblo al <strong>trastornado hidalgo manchego, Alonso Quijano</strong>, conocido en su lugar como ‘el bueno’, y despreciando los desvelos y cuidados de la sobrina y ama durante un mes para garantizar descanso y alimentación confortativa con los que <strong>alejar de la ‘mente’ sus más vivas y altas imaginaciones</strong>, el bachiller por Salamanca, Sansón Carrasco, informa en detalle a Don Quijote de la historia de sus “hazañas” que ya andaba impresa en libro y era leída con gusto por todo tipo gentes, habiendo obtenido en tan corto mes de reposo (según la cronología interna de la novela) gran fama y general estima. Esto le resultó placentero en grado máximo, alentando su mundo imaginario y el deseo de volver a la acción, a <strong>ejercitarse en plenitud por los caminos</strong> como caballero andante.</p>
<p><em><strong>“Y el cándido Don Quijote –siempre lo fueron los héroes– al oír hablar de la historia que de sus hazañas andaba compuesta, se encendió en sed de renombre.”</strong></em> (Unamuno, <em>Vida de DQ y S</em>, segunda edición, 1913)</p>
<p>El joven bachiller de 24 años <strong>no piensa ni por un instante en la salud</strong> de un hombre ya mayor como Alonso Quijano. Qué puede convenirle y qué no para recuperar y mantener la cordura. Muy al contrario, su actitud desde que llega a casa del hidalgo es seguirle la corriente, elogiar la ‘falsa identidad’ caballeresca, las salidas, darle la razón, estimular sus fantasías, y regodearse burlonamente con todo ello. <strong>¡Un pésimo y nada respetuoso ‘terapeuta’ el bachiller!</strong> Cervantes utiliza al personaje para hacer en este momento el <strong>papel de ‘malo’</strong>. Un ‘malo’ necesario a fin de que se produzca la tercera salida y exista la Segunda parte del <em>Quijote</em>. La ‘salud mental’ y la ‘cordura’ de Alonso Quijano hubiesen supuesto el final anticipado de la historia. ¡Una auténtica catástrofe! Sansón Carrasco representa el deseo (un tanto malévolo al anteponer risa y entretenimiento propios a ‘salud’ ajena) de los muchos lectores que desde 1605 hasta 1615 habían leído la Primera parte, y este mismo deseo de los de cualquier época posterior hasta llegar a la nuestra que la hayan leído o lean. De modo que <strong>el ‘malo’ en el fondo somos todos</strong>… ¡viva el ‘malo’!</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p>En el coloquio entre los tres no es solo Sansón el que calienta la mollera a Don Quijote, también lo hace Sancho. Pensando en la prometida ínsula que aún no ha recibido pero de la que no se olvida.</p>
<p><strong>“Sancho nací y Sancho pienso morir; pero si con todo esto, de buenas a buenas, sin mucha solicitud y sin mucho riesgo, me deparase el cielo alguna ínsula, o otra cosa semejante, no soy tan necio que la desechase; que también se dice «cuando te dieren la vaquilla, corre con la soguilla», y «cuando viene el bien, mételo en tu casa» (…) Atienda ese señor moro, o lo que es, a mirar lo que hace, que yo y mi señor le daremos tanto ripio a la mano en materia de aventuras y de sucesos diferentes, que pueda componer no sólo segunda parte, sino ciento. Debe de pensar el buen hombre, sin duda, que nos dormimos aquí en las pajas; pues ténganos el pie al herrar y verá del que cosqueamos. Lo que yo sé decir es que si mi señor tomase mi consejo ya habíamos de estar en esas campañas deshaciendo agravios y enderezando tuertos, como es uso y costumbre de los buenos andantes caballeros.”</strong></p>
<p>Y se viene arriba:</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p><strong>“–Vos, hermano Sancho –dijo Carrasco–, habéis hablado como un catedrático; pero, con todo eso, confiad en Dios y en el señor don Quijote, que os ha de dar un reino, no que una ínsula. –Tanto es lo de más como lo de menos –respondió Sancho–; aunque sé decir al señor Carrasco que no echara mi señor el reino que me diera en saco roto, que yo he tomado el pulso a mí mismo y me hallo con salud para regir reinos y gobernar ínsulas, y esto ya otras veces lo he dicho a mi señor.”</strong></p>
<p>Cervantes bromea también con la <strong>autocrítica literaria</strong> que continúa haciendo en este capítulo. Pone en boca de Sancho, ya de vuelta de comer y reparar <strong>“con dos tragos de lo añejo”</strong> el <strong>“desmayo de estómago”</strong> que le había entrado, una irónica explicación sobre el robo y recuperación del rucio no relatados en la Primera parte, y sobre el destino de los cien escudos que encontró en Sierra Morena.</p>
<p><strong>“–Yo los gasté en pro de mi persona y de la de mi mujer y de mis hijos, y ellos han sido causa de que mi mujer lleve en paciencia los caminos y carreras que he andado sirviendo a mi señor don Quijote: que si al cabo de tanto tiempo volviera sin blanca y sin el jumento a mi casa, negra ventura me esperaba; y si hay más que saber de mí, aquí estoy, que responderé al mesmo rey en presona, y nadie tiene para qué meterse en si truje o no truje, si gasté o no gasté: que si los palos que me dieron en estos viajes se hubieran de pagar a dinero, aunque no se tasaran sino a cuatro maravedís cada uno, en otros cien escudos no había para pagarme la mitad; y cada uno meta la mano en su pecho y no se ponga a juzgar lo blanco por negro y lo negro por blanco, que cada uno es como Dios le hizo, y aún peor muchas veces.” </strong></p>
<p>(<b><i>Donde Sancho Panza satisface al bachiller Sansón Carrasco de sus dudas y preguntas, con otros sucesos dignos de saberse y de contarse</i></b>. Quijote, II, 4, RAE, 2015)</p>
<p> </p>
<p> </p>
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