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Alfredo Barbero

Ni locos ni cuerdos

Caza de altanería (capítulo 30)

Después de unos largos preparativos para el comienzo de la tercera salida y las aventuras de esta Segunda parte del Quijote, después de la cruel burla que Sancho gastó a su amo sobre la identidad de Dulcinea del Toboso, de la paz y buena vida en la inacción como caballero andante en casa de el del Verde Gabán y en las bodas de Camacho, de la suerte ante el libre león y la enjaulada leona, del sueño de cristal en la cueva de Montesinos, de una profunda crisis de pareja a punto de la separación tras recibir Sancho en la mollera un fortísimo varapalo de arriba abajo de uno de los del “pueblo del rebuzno” que le dejó sin sentido, doliente y desmotivado para seguir acompañando a Don Quijote en su alocado periplo, de casi perecer ahogados en la ruedas de un molino del gran Ebro, y, en fin, de reconocer por primera vez el caballero su derrota con un hondo: “Yo no puedo más”, en este Capítulo XXX ocurren dos cosas muy importantes: 1) una segunda y aún más profunda crisis en la motivación de Sancho Panza (que ya ni siquiera comenta a su señor, la piensa él solo por dentro), y 2) el encuentro en apariencia agradable con una “bella cazadora” ricamente ataviada, que tenía un azor en su mano izquierda, lo que va a suponer nuevas ‘vacaciones’ en el ejercicio y práctica de los heroicos ideales del caballero andante, junto a muy grandes burlas que se prolongarán en sucesivos episodios hasta el capítulo 57 (la Primera parte tiene 52 capítulos) por voluntad de la mencionada cazadora y su marido el cazador, los señores Duques (Cervantes no identifica el ducado), que tomarán a ambos como bufones para su entretenimiento particular en la “casa de placer” que tenían allí cerca. “Tal caballero andante y tal escudero andado”: dos piezas de una nunca vista especie, y por ello más valiosas, cazadas al final de la jornada. Empieza así una larga etapa en la novela que Unamuno interpreta como la más triste de la narración cervantina.

“Sin hablarse palabra, se pusieron a caballo y se apartaron del famoso río, don Quijote sepultado en los pensamientos de sus amores y Sancho en los de su acrecentamiento, que por entonces le parecía que estaba bien lejos de tenerle, porque, maguer era tonto, bien se le alcanzaba que las acciones de su amo, todas o las más, eran disparates, y buscaba ocasión de que, sin entrar en cuentas ni en despedimientos con su señor, un día se desgarrase y se fuese a su casa; pero la fortuna ordenó las cosas muy al revés.”

Y se produce el encuentro con los cazadores, Los Duques. Dice el Rector de la Universidad de Salamanca en su Vida de Don Quijote y Sancho (1905):

“Ahora empiezan las tristes aventuras de Don Quijote en casa de los Duques; ahora es cuando topó con la bella cazadora, la duquesa, que le llevó a su morada a regocijarse con él y burlarse de su heroísmo; ahora empieza la pasión del caballero en poder de sus burladores. Aquí es donde la historia de nuestro Ingenioso Hidalgo se hunde en despeñaderos de lamentable miseria; aquí es donde a su magnanimidad y discreción responden la bellaquería y sandez de aquellos próceres que creían sin duda nacidos los héroes para divertirlos y servirles de juguete y zarandillos. ¡Oh desdichado que caminas al templo de la fama y corres tras la inmortalidad de la gloria, mira que si los grandes de la tierra te agasajan y miman y regalan es para que adornes sus mansiones o para divertirse contigo como con un juguete! Tu presencia no es sino ornato de su mesa y figuras en ella como figuraría una fruta rara o el último ejemplar de un pajarraco que se extingue. Cuando más parecen reverenciarte más se burlan de ti. Mira que en el fondo no hay soberbia como la soberbia de aquellos que no pueden atribuir a propio mérito, sino al azar del nacimiento, las preminencias de que gozan. No seas juguete de los grandes. Recorre la historia y ve en lo que vinieron a dar los héroes que se redujeron a ser ornamento de los salones.”

Sancho se presenta en “embajada” ante la Duquesa por mandato de su amo, y recibe de ella una muy amable respuesta y una invitación tras afirmar que les conoce bien, a él y a Don Quijote, por haber leído la Primera parte de sus aventuras. Volvió sorprendido el escudero (no sin antes presumir ante la dama de ser también protagonista de tan famosa historia) para contar todo puntualmente con sus “rústicos términos” al andante caballero.

“Don Quijote se gallardeó en la silla, púsose bien en los estribos, acomodose la visera, arremetió a Rocinante y con gentil denuedo fue a besar las manos a la duquesa; la cual, haciendo llamar al duque su marido, le contó, en tanto que don Quijote llegaba, toda la embajada suya, y los dos, por haber leído la primera parte desta historia y haber entendido por ella el disparatado humor de don Quijote, con grandísimo gusto y con deseo de conocerle le atendían, con prosupuesto de seguirle el humor y conceder con él en cuanto les dijese [‘seguirle la corriente’; nota al pie], tratándole como a caballero andante los días que con ellos se detuviese, con todas las ceremonias acostumbradas en los libros de caballerías, que ellos habían leído, y aun les eran muy aficionados.”

La primera “figura” que hacen caballero y escudero en su presentación ante Los Duques y los otros cazadores es una doble caída de las cabalgaduras, enredado Sancho un pie en una soga y Don Quijote al no recibir su habitual ayuda para desmontar. ¡El espectáculo ha comenzado! Los aristócratas elogian lo que de Sancho dice Don Quijote: “no tuvo caballero andante en el mundo escudero más hablador ni más gracioso”, y les piden ir a la “casa de placer” que ahora el Duque llama “castillo”. Y hacia el “castillo” cabalgan juntos e ‘igualados’ los cuatro. Como dice el académico y catedrático de Literatura Española en la Universidad de París X Nanterre, Jean Canavaggio, premio Goncourt por su biografía de referencia sobre Cervantes (Cervantes, 1986): “Sancho, desde el momento en que la Duquesa le manda que vaya junto a ella, se alza, sin pedir permiso, al nivel de su amo.”

La ‘intención’ declarada de Los Duques es diáfana, pero no la intención de Cervantes. Don Quijote se muestra desde el principio servicial, incluso pelota, con sus anfitriones, que representan la estructura de Poder de la época. Es una ‘actitud’ previa en el personaje: su profunda creencia y respeto a una jerarquía que como buen católico-cristiano tiene el último eslabón en Dios, pasando por el Rey y la realeza. Pero en el texto, sin hacer ruido y como de pasada, Cervantes informa a los lectores que Los Duques son “muy aficionados” a los libros de caballerías. ¡Y de la parodia de estos libros y lo sandios y frívolos que son quienes los leen va precisamente el Quijote! Caballero y escudero, aun siendo ingenuos, saben hablar, argumentar y defenderse muy bien cada uno a su manera. Veremos, pues, en qué termina la burla en doble sentido de esta nueva etapa de la narración, que Cervantes apunta con la mayor sutileza.

(De lo que le avino a don Quijote con una bella cazadora)

(Quijote, II, 30. RAE, 2015)

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(Nota.- En las próximas fases de recuperación progresiva de la libertad tras dos meses de tenernos a todos cautivos el felón COVID-19, la responsabilidad individual constante será la clave necesaria y fundamental. La última gran pandemia histórica, la mal llamada “gripe española” de 1918, mató en el mundo a más de 50 millones de personas, y se estima que en España a más de 200 mil. Tuvo tres grandes oleadas, y duró dos años. En estos momentos sabemos que solo un 5% de la población está inmunizada. El 95% de los ciudadanos debemos seguir manteniendo las medidas preventivas durante el verano, y sobre todo de cara al próximo otoño-invierno. Con las mascarillas de mayor protección posible que podamos encontrar y comprar, y a más de 2 metros de distancia de las personas con las que no hayamos convivido. ¡La transmisión principal del coronavirus, con diferencia, es por vía respiratoria directa entre personas, no lo olvidemos! Y lavándonos también frecuentemente las manos. Estamos ganando tras haber pasado por muchas dificultades la primera batalla, pero la guerra no ha terminado. Los felones atacan siempre que pueden, es su naturaleza).

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Sobre el autor

Psiquiatra del Centro de Salud Mental "Antonio Machado" de Segovia


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