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Alfredo Barbero

Ni locos ni cuerdos

¡Qué grande es la Constitución de 1978!

Un año más celebramos el Día de la Constitución Española de 1978. Junto a las fechas de todas y cada una de las Elecciones democráticas, son los días con significado y trascendencia política que me resultan más felices y alegres. Fue la primera Constitución que se hizo por consenso, no por imposición de una parte de España sobre otra como las anteriores. Un acuerdo entre los tres grupos de fuerzas políticas principales y estructurales de nuestra democracia actual: los partidos de izquierdas, los de derechas, y los independentismos legales. Una Constitución histórica presidida por la idea de concordia, de paz, entre todos los ciudadanos. La Constitución del 78 fue y es un gran pacto de convivencia para permitir que la diversidad de gentes y territorios que hay en la veterana nación española podamos organizar nuestra sociedad de manera pacífica, integrada y cooperativa. Mientras una mayoría de ciudadanos y las nuevas generaciones quieran seguir manteniendo este pacto de convivencia, la Constitución puede tener una larga y muy fructífera vida. Hoy cumple 44 años, está en plena madurez. Su actualización y reforma para adaptarse a los nuevos tiempos, siguiendo si es posible el método del consenso o como mínimo el de la mayoría, es perfectamente posible. La Constitución es la mejor garantía de paz civil para el conjunto de nuestra secular nación histórica, España, y también de prosperidad económica, los dos primeros y fundamentales objetivos de cualquier sociedad civilizada. Formamos parte en pie de igualdad junto a otras muchas naciones, de la Unión Europea. Un contexto histórico, cultural, social, político, económico y militar que seguramente es el más civilizado del mundo. La Constitución de 1978 tiene suficientes resortes para gestionar y asimilar los conflictos propios de la discrepancia, inevitables en democracia. Quienes pretenden, no ya reformarla, sino romper o salirse de su marco, un marco que permite opciones muy flexibles, en mi opinión se equivocan profundamente. Si necesitan abandonar este complejo y equilibrado texto jurídico para apreciar, por las previsibles consecuencias, su valor, es que tienen muy poca perspectiva, muy poca visión histórica. Para que las personas podamos convivir, tanto en nuestra vida privada y familiar como en otros grupos y en sociedad, es necesario ceder en parte ante los demás en nuestros ideales, creencias y planteamientos ideológicos, porque siempre hay personas que no los comparten, que tienen otros muy distintos. Muchas personas. Y las creencias e ideas de los demás merecen el mismo respeto que las nuestras. Este es precisamente el ‘espíritu de convivencia’, el ‘espíritu de concordia’, vigente todavía en la Constitución de 1978. Vapuleado, muy vapuleado por unos y otros en los últimos años, pero todavía vivo, según pienso, en la mente de la mayoría de los españoles y españolas. Por fortuna para todos, para el futuro de nuestra nación, y para las nuevas generaciones.

¡Viva la Constitución de 1978!

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Sobre el autor

Psiquiatra del Centro de Salud Mental "Antonio Machado" de Segovia


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