{"id":1176,"date":"2020-07-18T23:13:35","date_gmt":"2020-07-18T23:13:35","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/?p=1176"},"modified":"2020-07-19T08:37:52","modified_gmt":"2020-07-19T08:37:52","slug":"por-los-pelos-capitulo-39","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/2020\/07\/18\/por-los-pelos-capitulo-39\/","title":{"rendered":"Por los pelos (cap\u00edtulo 39)"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">Sentimos estropear a Cervantes el dilatado y ceremonioso suspense que utiliza para narrar a lo largo de cuatro cap\u00edtulos el episodio de la condesa Trifaldi o due\u00f1a Dolorida, llegando finalmente a f\u00f3rmulas de humor e ingenio bastante simplonas. De modo que vamos a empezar por desvelar su final, que es muy amargo, la peor de las cuitas posibles, el mayor secreto de la condesa y sus doce due\u00f1as: \u00a1las barbas!\u00a0<\/span><\/p>\n<p><strong><em><span style=\"font-size: 18pt;\">\u201cY<\/span><span style=\"font-size: 18pt;\"> luego la Dolorida y las dem\u00e1s due\u00f1as alzaron los antifaces con que cubiertas ven\u00edan, y descubrieron los rostros todos poblados de barbas, cu\u00e1les rubias, cu\u00e1les negras, cu\u00e1les blancas y cu\u00e1les albarrazadas<\/span><\/em><\/strong><span style=\"font-size: 18pt;\">\u00a0<\/span><span style=\"font-size: 18pt;\">[\u2018con<\/span><span style=\"font-size: 18pt;\"> mechones blancos\u2019; nota al pie,<\/span><span style=\"font-size: 18pt;\"> n.]<\/span><span style=\"font-size: 18pt;\">,\u00a0<\/span><strong><em><span style=\"font-size: 18pt;\">de cuya vista mostraron quedar admirados el duque y la duquesa, pasmados don Quijote y Sancho, y at\u00f3nitos todos los presentes.\u201d\u00a0<\/span><\/em><\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">Resulta que las cuitas, las <em>\u201ccuit\u00edsimas\u201d<\/em>, y el dolor insuperable de tan dolorida due\u00f1a no ten\u00edan su motivo principal en el hecho de haber sido seducida por las brincadoras artes de Don Clavijo, ni en que facilitase luego unos encuentros que terminaron en evidente hinchaz\u00f3n y embarazo de la infanta Antonomasia, ni siquiera en que ante la insistencia de la joven en casarse con el caballero bailar\u00edn y trovador, su madre, la reina do\u00f1a Maguncia, falleciese y la enterrasen a los tres d\u00edas de dar el se\u00f1or vicario por v\u00e1lido el matrimonio, sino en la venganza del gigante Malambruno, primo hermano de la reina, <em>\u201cque junto con ser cruel era encantador\u201d<\/em>, y apareci\u00e9ndose sobre un caballo de madera transform\u00f3 justo encima de la sepultura a los reci\u00e9n desposados, <em>\u201ca ella convertida en una jimia <\/em>[\u2018simia, mona\u2019; n.]<em> de bronce, y a \u00e9l, en un espantoso cocodrilo de un metal no conocido\u201d <\/em>[ambos animales tienen en com\u00fan el ser demon\u00edacos y s\u00edmbolos de la simulaci\u00f3n; n.], y despu\u00e9s sac\u00f3 su <em>\u201cdesmesurado alfanje\u201d<\/em> para cortar la cabeza a La Trifaldi, pero ante las s\u00faplicas siempre doloridas de esta dama cambi\u00f3 el prop\u00f3sito y <em>\u201cdijo que no quer\u00eda con pena capital castigarnos, sino con otras penas dilatadas, que nos diesen una muerte civil y continua: y en aquel mismo momento y punto que acab\u00f3 de decir esto, sentimos todas que se nos abr\u00edan los poros de la cara y que por toda ella nos punzaban como con puntas de agujas\u201d<\/em>, saliendo de repente a la luz a todas las due\u00f1as unas muy visibles y \u00e1speras <em>\u201ccerdas\u201d<\/em>, punto este clave y fundamental en que se llega a la justificaci\u00f3n de tan dilatado suspense, pues&#8230; <\/span><strong><em><span style=\"font-size: 18pt;\">\u00a0\u201c\u00bfad\u00f3nde podr\u00e1 ir una due\u00f1a con barbas?\u201d<\/span><\/em><\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">El malvado gigante Malambruno no solo hizo lo que hizo, sino que se atrevi\u00f3 a dejar una inscripci\u00f3n en su reci\u00e9n creada escultura. As\u00ed dec\u00eda:\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p><strong><em><span style=\"font-size: 18pt;\">\u00abNo cobrar\u00e1n su primera forma estos dos atrevidos amantes hasta que el valeroso manchego venga conmigo a las manos en singular batalla, que para s\u00f3lo su gran valor guardan los hados esta nunca vista aventura\u00bb.<\/span><\/em><\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">En fin, como se ve y puede comprobar, el suspense contin\u00faa.\u00a0 \u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><span style=\"font-size: 18pt;\">Donde la Trifaldi prosigue su estupenda y memorable<\/span><span style=\"font-size: 18pt;\"> historia\u00a0<\/span><\/strong><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">(Quijote, II, 39. RAE, 2015)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #ffffff; font-size: 18pt;\">.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sentimos estropear a Cervantes el dilatado y ceremonioso suspense que utiliza para narrar a lo largo de cuatro cap\u00edtulos el episodio de la condesa Trifaldi o due\u00f1a Dolorida, llegando finalmente a f\u00f3rmulas de humor e ingenio bastante simplonas. 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