{"id":1670,"date":"2021-09-12T23:20:16","date_gmt":"2021-09-12T23:20:16","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/?p=1670"},"modified":"2021-09-13T20:40:17","modified_gmt":"2021-09-13T20:40:17","slug":"dos-discursos-el-de-la-edad-de-oro-y-el-de-la-de-hierro-capitulo-11","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/2021\/09\/12\/dos-discursos-el-de-la-edad-de-oro-y-el-de-la-de-hierro-capitulo-11\/","title":{"rendered":"Dos discursos: el de la Edad de Oro, y el de la de hierro (cap\u00edtulo 11)"},"content":{"rendered":"<h2><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">Una vez empezado en el cap\u00edtulo anterior el di\u00e1logo con el caballero andante (di\u00e1logo que a partir de ahora ser\u00e1 la esencia del texto del <em>Quijote<\/em>) y de dar las primeras muestras de p\u00edcara socarroner\u00eda con sus comentarios, Sancho Panza va a generar y mantener un discurso propio, alternativo al de su amo, a lo largo de toda la novela. Un discurso en relaci\u00f3n dial\u00e9ctica de contraste casi siempre burl\u00f3n con cuanto cree, dice, afirma sin la menor duda, asegura sin vacilar y proclama Don Quijote.<\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">Empecemos por el discurso de este \u00faltimo, que en la presente ocasi\u00f3n se concreta y hace expl\u00edcito nada menos que mediante su famoso y largo parlamento sobre la Edad de Oro.<\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">Los cabreros acogieron con <em>\u201cbuen \u00e1nimo\u201d<\/em> e invitaron a cenar sobre unas pieles de oveja que pusieron en el suelo a aquellos dos extra\u00f1os personajes que acababan de llegar a sus chozas al anochecer. Primero, <em>\u201cservicio de carne\u201d<\/em> a base de una caldereta de cabra que herv\u00eda al fuego, cuyas tajadas embaularon <em>\u201ccon mucho donaire y gana\u201d<\/em>. El\u00a0vino lo bebieron en un cuerno que se pasaban unos a otros, cogi\u00e9ndolo sin descanso de un recipiente, como una noria que no paraba. Y finalmente, de postre, un mont\u00f3n de <em>\u201cbellotas avellanadas\u201d<\/em> [\u2018bellotas dulces, con sabor semejante a la avellana\u2019, en contraste con las amargas; nota al pie, n.]. Fue en ese momento,\u00a0<em>\u201cdespu\u00e9s que don Quijote hubo bien satisfecho su est\u00f3mago\u201d<\/em>, cuando cogi\u00f3 en su mano un pu\u00f1ado de bellotas, las mir\u00f3 atentamente como Hamlet mir\u00f3 la calavera de Yorick, el buf\u00f3n, y dijo:\u00a0\u00a0<\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\"><em>\u201c\u2013Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella viv\u00edan ignoraban estas dos palabras de tuyo y m\u00edo. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes: a nadie le era necesario para alcanzar su ordinario sustento tomar otro trabajo que alzar la mano y alcanzarle de las robustas encinas, que liberalmente les estaban convidando con su dulce y sazonado fruto. Las claras fuentes y corrientes r\u00edos, en magn\u00edfica abundancia, sabrosas y transparentes aguas les ofrec\u00edan. En las quiebras de las pe\u00f1as y en lo hueco de los \u00e1rboles formaban su rep\u00fablica las sol\u00edcitas y discretas abejas, ofreciendo a cualquiera mano, sin inter\u00e9s alguno, la f\u00e9rtil cosecha de su dulc\u00edsimo trabajo (\u2026) Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia: a\u00fan no se hab\u00eda atrevido la pesada reja del corvo arado a abrir ni visitar las entra\u00f1as piadosas de nuestra primera madre<\/em> [\u2018la tierra\u2019; n.]; <em>que ella sin ser forzada ofrec\u00eda, por todas las partes de su f\u00e9rtil y espacioso seno, lo que pudiese hartar, sustentar y deleitar a los hijos que entonces la pose\u00edan. Entonces s\u00ed que andaban las simples y hermosas zagalejas de valle en valle y de otero en otero, en trenza y en cabello<\/em> [\u2018con el cabello trenzado o suelto\u2019; equivale a \u2018doncellas, mujeres j\u00f3venes\u2019, que llevaban la cabeza descubierta, frente a las casadas y las due\u00f1as, que llevaban tocas; n.], <em>sin m\u00e1s vestidos de aquellos que eran menester para cubrir honestamente lo que la honestidad quiere y ha querido siempre que se cubra, y no eran sus adornos de los que ahora se usan, a quien la p\u00farpura de Tiro y la por tantos modos martirizada seda encarecen, sino de algunas hojas verdes de lampazos y yedra entretejidas (\u2026) Entonces se declaraban los concetos amorosos del alma simple y sencillamente, del mesmo modo y manera que ella los conceb\u00eda, sin buscar artificioso rodeo de palabras para encarecerlos. No hab\u00eda la fraude, el enga\u00f1o ni la malicia mezcl\u00e1dose con la verdad y llaneza. La justicia se estaba en sus proprios t\u00e9rminos, sin que la osasen turbar ni ofender los del favor y los del interese, que tanto ahora la menoscaban, turban y persiguen. La ley del encaje a\u00fan no se hab\u00eda asentado en el entendimiento del juez, porque entonces no hab\u00eda qu\u00e9 juzgar ni qui\u00e9n fuese juzgado<\/em> [se recuerda la frase evang\u00e9lica de san Mateo y san Lucas; n.]. <em>Las doncellas y la honestidad andaban, como tengo dicho, por dondequiera, sola y se\u00f1era, sin temor que la ajena desenvoltura y lascivo intento le menoscabasen, y su perdici\u00f3n nac\u00eda de su gusto y propria voluntad. Y agora, en estos nuestros detestables siglos, no est\u00e1 segura ninguna, aunque la oculte y cierre otro nuevo laberinto como el de Creta; porque all\u00ed, por los resquicios o por el aire, con el celo de la maldita solicitud, se les entra la amorosa pestilencia y les hace dar con todo su recogimiento al traste. Para cuya seguridad, andando m\u00e1s los tiempos y creciendo m\u00e1s la malicia, se instituy\u00f3 la orden de los caballeros andantes, para defender las doncellas, amparar las viudas y socorrer a los hu\u00e9rfanos y a los menesterosos. Desta orden soy yo, hermanos cabreros, a quien agradezco el gasaje y buen acogimiento que hac\u00e9is a m\u00ed y a mi escudero\u201d.\u00a0<\/em>\u00a0\u00a0<\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">[El elogio de la Edad de Oro, \u00e9poca m\u00edtica en la que, seg\u00fan los poetas, la tierra brindaba espont\u00e1neamente sus frutos y los hombres viv\u00edan felices, era un t\u00f3pico de la literatura cl\u00e1sica heredado por el Renacimiento sobre el modelo de Ovidio (<em>Metamorfosis<\/em>) y Virgilio (<em>Ge\u00f3rgicas<\/em>). La idealizaci\u00f3n de la Edad de Oro, vinculada a la literatura pastoril, se desarroll\u00f3 en Espa\u00f1a entre los siglos XV y XVII, momento en que se intensific\u00f3 la vida urbana. DQ proyecta sobre el mito de la \u00e9poca dorada sus utop\u00edas caballerescas. La negaci\u00f3n de la propiedad en la Edad de Oro es motivo cl\u00e1sico; n.].<\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">Muy po\u00e9tico y largo discurso el de Don Quijote, que el propio autor, Cide Hamete Benengeli, se apresura a criticar consciente de ello en cuanto lo termina:\u00a0\u00a0<\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\"><em>\u201cToda esta larga arenga (que se pudiera muy bien escusar) dijo nuestro caballero, porque las bellotas que le dieron le trujeron a la memoria la edad dorada, y antoj\u00f3sele hacer aquel in\u00fatil razonamiento a los cabreros, que, sin respondelle palabra, embobados y suspensos, le estuvieron escuchando\u201d.<\/em>\u00a0\u00a0<\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">Lo que describi\u00f3 Don Quijote a los cabreros como si fuesen sus ap\u00f3stoles, se parece mucho al tambi\u00e9n m\u00edtico Para\u00edso terrenal o Ed\u00e9n de los textos religiosos, y en particular al de la Biblia hebrea. Una \u00e9poca sin pecado original, sin serpiente ni manzana mordida, sin malicia ni artificio, ni enga\u00f1o ni fraude, sin lascivia, todo honestidad, todo verdad, sin delitos que juzgar, sin corrupci\u00f3n, sin agricultura, vegetariana recolectora, sin carne, sin agresividad ni lucha violenta, sin guerra, solo paz, amistad y concordia. En definitiva, una edad verdaderamente Santa con may\u00fascula. Este doble mito literario, pagano y hebreo, es una pura fantas\u00eda humana, una invenci\u00f3n que nada tiene que ver con la realidad hist\u00f3rica y prehist\u00f3rica.\u00a0\u00a0<\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">Una \u00e9poca anterior al nacimiento de la agricultura en el Neol\u00edtico (<em>\u201cla pesada reja del corvo arado\u201d<\/em>) nos sit\u00faa en el Epipaleol\u00edtico o Mesol\u00edtico. Periodo prehist\u00f3rico en el que la alimentaci\u00f3n proced\u00eda en gran parte de la caza cruenta de todo tipo de animales. La violencia armada (lascas de piedra tallada y afilada, flechas, etc.) y las luchas entre grupos o tribus por el dominio de un territorio y sus recursos naturales, como el agua, que instintivamente se consideraban propios, eran constantes. La pr\u00e1ctica del sexo no ten\u00eda ning\u00fan tipo de restricci\u00f3n moral, sujeta solo a jerarqu\u00edas de fuerza y poder dentro del propio grupo, igual que el resto de relaciones interpersonales. La fuerza f\u00edsica bruta era la Ley. El juez, el m\u00e1s fuerte. Las religiones eran animistas, emergidas en su totalidad del pensamiento m\u00e1gico, sin conciencia de conceptos \u00e9tico-racionales como el de justicia. Era un tiempo sin piedad, salvaje, cruel, en la lucha diaria por la supervivencia. Un tiempo con unas caracter\u00edsticas que nos recuerdan y equiparan tanto a la conducta de los animales (por ejemplo, a la manada de simios de Stanley Kubrick en <em>2001: Una odisea del espacio<\/em>), que quiz\u00e1 por esto la fantas\u00eda humana tuvo que sobrecompensar esa cruda realidad mediante una idealizaci\u00f3n de nuestra propia naturaleza.\u00a0\u00a0<\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">\u00a1Pero Don Quijote cree en todo! Es cristiano viejo. Cree que la Edad de Oro de los cl\u00e1sicos greco-latinos existi\u00f3 realmente. Y a\u00fan m\u00e1s: 1) cree que una orden medieval religioso-militar como la <em>caballer\u00eda andante<\/em>, fabulada en leyendas de transmisi\u00f3n oral y en la fantasiosa literatura heroica, tambi\u00e9n existi\u00f3; 2) cree que aquella imaginaria orden sacerdotal armada puede volver a existir en el presente de nuestra <em>edad de hierro<\/em>, en nuestros <em>\u201cdetestables siglos\u201d<\/em>, para devolver al mundo los tiempos ideales y paradis\u00edacos; 3) y de remate cree que \u00e9l encarna la creencia anterior, que \u00e9l es un nuevo <em>caballero andante<\/em> redivivo.<\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">\u00a1Mucho, much\u00edsimo, cree Don Quijote! \u00a1Un gran creyente, sin duda!<\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">Son varias las creencias que Cervantes acumula y unifica en el personaje. Al menos podemos detectar tres niveles de creencia en su \u2018mente\u2019: 1) el idealismo ingenuo del solter\u00f3n hidalgo manchego, Alonso Quijano, con toda su fantas\u00eda po\u00e9tico-literaria; 2) sus creencias religiosas cristianas y cat\u00f3licas; y 3) su creencia \u2018delirante\u2019 espec\u00edfica de ser un caballero andante. La mezcla de estos niveles es constante en el <em>Quijote<\/em>, lo que obliga al lector a un ejercicio de discernimiento. Para facilitarlo, Cervantes contrasta de manera continua el discurso del caballero con el discurso realista que representan el narrador del texto (\u2018los narradores\u2019), Sancho Panza y otros muchos personajes.\u00a0\u00a0<\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">En este cap\u00edtulo, Sancho Panza empieza a construir su propio discurso. Lo hace en dos ocasiones. Cuando a la generosa invitaci\u00f3n que Don Quijote le hace de sentarse a su lado, comer en su mismo plato y beber de su misma copa (permitiendo en contra de las leyes de caballer\u00eda que se iguale con \u00e9l, de modo similar a lo que dice San Pablo en su primera ep\u00edstola a los Corintios [n.]), el escudero le responde:\u00a0<\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\"><em>\u201c\u2013\u00a1Gran merced! \u2013dijo Sancho\u2013; pero s\u00e9 decir a vuestra merced que como yo tuviese bien de comer, tan bien y mejor me lo comer\u00eda en pie y a mis solas como sentado a par de un emperador. Y aun, si va a decir verdad, mucho mejor me sabe lo que como en mi rinc\u00f3n sin melindres ni respetos, aunque sea pan y cebolla, que los gallipavos<\/em> [\u2018pavo com\u00fan, americano\u2019, frente al pav\u00f3n o pavo real; n.] <em>de otras mesas\u00a0 donde me sea forzoso mascar despacio, beber poco, limpiarme a menudo, no estornudar ni toser si me viene gana, ni hacer otras cosas que la soledad y la libertad traen consigo. Ans\u00ed que, se\u00f1or m\u00edo, estas honras que vuestra merced quiere darme por ser ministro y adherente de la caballer\u00eda andante, como lo soy siendo escudero de vuestra merced, convi\u00e9rtalas en otras cosas que me sean de m\u00e1s c\u00f3modo y provecho<\/em> [\u2018conveniencia, utilidad\u2019; n.]; <em>que \u00e9stas, aunque las doy por bien recebidas, las renuncio para desde aqu\u00ed al fin del mundo\u201d.<\/em>\u00a0\u00a0<\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">Y cuando al final, despu\u00e9s de escuchar la composici\u00f3n amorosa que cant\u00f3 tocando un ravel el joven cabrero Antonio (este pasaje y todos los dem\u00e1s relacionados con la literatura pastoril que ir\u00e1n apareciendo a partir de ahora en la novela, puesto que Cervantes no los omiti\u00f3, que bien pudo hacerlo, los lectores podemos leerlos de manera r\u00e1pida, informarnos de las cuitas amorosas de los ricos zagales y de las bell\u00edsimas doncellas, y eludir comentarios en lo posible), se produjo entre amo y criado el siguiente di\u00e1logo:\u00a0<\/span><\/h2>\n<h2><em><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">\u201cCon esto dio el cabrero fin a su canto; y aunque don Quijote le rog\u00f3 que algo m\u00e1s cantase, no lo consinti\u00f3 Sancho Panza, porque estaba m\u00e1s para dormir que para o\u00edr canciones, y, ans\u00ed, dijo a su amo:\u00a0<\/span><\/em><\/h2>\n<h2><em><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">\u2013Bien puede vuestra merced acomodarse desde luego adonde ha de posar esta noche, que el trabajo que estos buenos hombres tienen todo el d\u00eda no permite que pasen las noches cantando.\u00a0<\/span><\/em><\/h2>\n<h2><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\"><em>\u2013Ya te entiendo, Sancho \u2013le respondi\u00f3 don Quijote\u2013, que bien se me trasluce que las visitas del zaque<\/em> [el recipiente lleno de vino] <em>piden m\u00e1s recompensa de sue\u00f1o que de m\u00fasica.\u00a0<\/em><\/span><\/h2>\n<h2><em><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">\u2013A todos nos sabe bien, bendito sea Dios \u2013respondi\u00f3 Sancho.<\/span><\/em><\/h2>\n<h2><em><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">\u2013No lo niego \u2013replic\u00f3 don Quijote\u2013, pero acom\u00f3date t\u00fa donde quisieres, que los de mi profesi\u00f3n mejor parecen velando que durmiendo\u201d.\u00a0<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">\u00a0\u00a0<\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">Luego, como Don Quijote se quej\u00f3 de dolor en la herida de su media oreja, uno de los cabreros, <em>\u201ctomando algunas hojas de romero, de mucho que por all\u00ed hab\u00eda, las masc\u00f3 y las mezcl\u00f3 con un poco de sal<\/em> [a las virtudes tradicionales del romero, se une la c\u00e1ustica y antis\u00e9ptica de la sal; n.], <em>y, aplic\u00e1ndoselas a la oreja, se la vend\u00f3 muy bien, asegur\u00e1ndole que no hab\u00eda menester otra medicina, y as\u00ed fue la verdad\u201d.<\/em><\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">No solo en Sancho (en el que es espont\u00e1neo, propio de \u00e9l), el discurso de la <em>edad de hierro<\/em>, el discurso de la cruda \u2018realidad\u2019, se ir\u00e1 imponiendo tambi\u00e9n a Don Quijote. Pero el hidalgo\u00a0<\/span><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">\u2018enfermo\u2019<\/span><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">, convertido en su\u00a0<\/span><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">\u2018mente\u2019<\/span><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">\u00a0en bravo caballero, defender\u00e1 su discurso idealista, sus creencias (unas sanas, aunque notablemente ingenuas, otras\u00a0<\/span><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">\u2018patol\u00f3gicas\u2019)\u00a0<\/span><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">hasta el \u00faltimo minuto, hasta el final de la Segunda parte. La de Don Quijote ser\u00e1 una lucha que \u00e9l cree que puede ganar, estando perdida desde el principio. Y ser\u00e1 esta voluntad de luchar, y hacerlo con nobleza, con dignidad, por encima del\u00a0<\/span><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">\u2018trastorno mental\u2019 que le impulsa<\/span><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">, la que le convertir\u00e1 finalmente en <em>h\u00e9roe<\/em>. En el <em>h\u00e9roe<\/em> m\u00e1s humano quiz\u00e1 de la historia de la Literatura, cuya grandeza surge precisamente de su fragilidad y su derrota.\u00a0<\/span><\/h2>\n<p><span style=\"color: #ffffff;\">.<\/span><\/p>\n<h2><strong><span style=\"font-size: 18pt;\">De lo que le sucedi\u00f3 a don Quijote con unos cabreros\u00a0\u00a0<\/span><\/strong><\/h2>\n<h2><span style=\"font-weight: 400; font-size: 18pt;\">(Quijote, I, 11. RAE, 2015)<\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"color: #ffffff;\">.<\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"color: #ffffff;\">.<\/span><\/h2>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una vez empezado en el cap\u00edtulo anterior el di\u00e1logo con el caballero andante (di\u00e1logo que a partir de ahora ser\u00e1 la esencia del texto del Quijote) y de dar las primeras muestras de p\u00edcara socarroner\u00eda con sus comentarios, Sancho Panza va a generar y mantener un discurso propio, alternativo al de su amo, a lo [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":26,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[1],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1670"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/26"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1670"}],"version-history":[{"count":12,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1670\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1682,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1670\/revisions\/1682"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1670"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1670"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1670"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}