{"id":791,"date":"2019-12-13T00:07:55","date_gmt":"2019-12-13T00:07:55","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/?p=791"},"modified":"2019-12-16T19:00:35","modified_gmt":"2019-12-16T19:00:35","slug":"religion-envidia-y-fama-capitulo-8","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/2019\/12\/13\/religion-envidia-y-fama-capitulo-8\/","title":{"rendered":"Religi\u00f3n, envidia y fama (cap\u00edtulo 8)"},"content":{"rendered":"<p>\u00a1Bendito sea el poderoso Al\u00e1! \u00a1Bendito sea Al\u00e1! \u00a1Bendito Al\u00e1!<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de un Pr\u00f3logo de ajuste y un largo pre\u00e1mbulo de nada menos que siete cap\u00edtulos, tres veces repite la salutaci\u00f3n del Cor\u00e1n con la que rezan los de su religi\u00f3n a la puesta del sol, Cide Hamete Benengeli. La tercera salida ha comenzado, esta vez al anochecer, y el historiador ar\u00e1bigo est\u00e1 contento:<\/p>\n<p><strong>\u201cPor ver que tiene ya en campa\u00f1a a don Quijote y a Sancho, y que los letores de su agradable historia pueden hacer cuenta que desde este punto comienzan las haza\u00f1as y donaires de don Quijote y de su escudero.\u201d<\/strong><\/p>\n<p>Aunque tales \u201chaza\u00f1as y donaires\u201d, las unas propias del caballero y los otros del escudero, habr\u00e1n de esperar un poco, porque en este cap\u00edtulo de camino al Toboso los dos siguen reflexivos. En verdad, muy reflexivos sobre algunos grandes asuntos humanos. Lo que no quita para que antes de su ejercicio de racionalidad (y de fe, como veremos) hagan una <b>notable demostraci\u00f3n de \u2018pensamiento m\u00e1gico\u2019<\/b>, al interpretar los relinchos de Rocinante y los pedos del borrico como se\u00f1al de buena fortuna:<\/p>\n<p><strong>\u201cSolos quedaron don Quijote y Sancho, y apenas se hubo apartado Sans\u00f3n, cuando comenz\u00f3 a relinchar Rocinante y a sospirar [peerse] el rucio, que de entrambos, caballero y escudero, fue tenido a buena se\u00f1al y por felic\u00edsimo ag\u00fcero; aunque, si se ha de contar la verdad, m\u00e1s fueron los sospiros y rebuznos del rucio que los relinchos del roc\u00edn, de donde coligi\u00f3 Sancho que su ventura hab\u00eda de sobrepujar y ponerse encima de la de su se\u00f1or.\u201d<\/strong><\/p>\n<p>El pensamiento m\u00e1gico, antes de los avances racionales de los siglos XVIII, XIX y XX, antes de producirse las muchas y muy diversas \u2018revoluciones del conocimiento\u2019, filos\u00f3ficas, art\u00edsticas, cient\u00edficas y tecnol\u00f3gicas, adem\u00e1s de las revoluciones pol\u00edticas y sociales, y de los grandes cambios y eventos demogr\u00e1ficos, industriales y militares habidos a lo largo de estos \u00faltimos siglos, sobre todo ya durante la Edad Contempor\u00e1nea, era todav\u00eda m\u00e1s intenso y estaba m\u00e1s extendido entre la poblaci\u00f3n de lo que lo est\u00e1 en la actualidad, que ya es decir. Nada tiene de extra\u00f1o, por tanto, que en \u00e9poca de Cervantes los relinchos de un caballo y los pedos de un asno se considerasen se\u00f1ales muy a tener en cuenta sobre el porvenir.<\/p>\n<p>De los grandes asuntos de los que se habla en este cap\u00edtulo destacan tres: la religi\u00f3n, la envidia y la fama.<\/p>\n<p>De la segunda, siguiendo la doctrina de San Agust\u00edn muy popularizada por entonces (nos aclara una nota al texto), dice Don Quijote:<\/p>\n<p><strong>\u201c\u2013La envidia que alg\u00fan mal encantador debe de tener a mis cosas, todas las que me han de dar gusto trueca y vuelve en diferentes figuras que ellas tienen; y, as\u00ed, temo que en aquella historia que dicen que anda impresa de mis haza\u00f1as, si por ventura ha sido su autor alg\u00fan sabio mi enemigo, habr\u00e1 puesto unas cosas por otras, mezclando con una verdad mil mentiras, diverti\u00e9ndose a contar otras acciones fuera de lo que requiere la continuaci\u00f3n de una verdadera historia. \u00a1Oh envidia, ra\u00edz de infinitos males y carcoma de las virtudes! Todos los vicios, Sancho, traen un no s\u00e9 qu\u00e9 de deleite consigo, pero el de la envidia no trae sino disgustos, rancores y rabias.\u201d<\/strong><\/p>\n<p>Llama la atenci\u00f3n que en el ajuste de cuentas con Avellaneda que hace en el Pr\u00f3logo de esta Segunda parte (ya comentado), y para defenderse de la acusaci\u00f3n directa de tener \u201cinvidia\u201d de Lope de Vega, Cervantes menciona la existencia de dos tipos de envidia, afirmando que \u00e9l solo tiene una: <strong>\u201cHe sentido tambi\u00e9n que me llame invidioso y que como a ignorante me describa qu\u00e9 cosa sea la invidia; que, en realidad de verdad, de dos que hay, yo no conozco sino a la santa, a la noble y bienintencionada\u201d<\/strong>. Mientras que ahora no menciona esta <strong>sana envidia<\/strong> o <strong>\u2018envidia buena\u2019<\/strong>, y solo se refiere, por boca de Don Quijote, a la \u2018mala\u2019. La diferencia no hay que entenderla necesariamente como un sesgo en favor propio hecho entonces, pues tambi\u00e9n cabe interpretar que lo adecuado al contexto religioso de este cap\u00edtulo es que el <strong>\u201ccaballero de la fe\u201d<\/strong> (Unamuno) no mencione la primera.<\/p>\n<p>Sancho cree que a \u00e9l la envidia ajena quiz\u00e1 no le alcance:<\/p>\n<p><strong>\u201c\u2013Pues a fe de bueno que no he dicho yo mal de ning\u00fan encantador, ni tengo tantos bienes que pueda ser envidiado; bien es verdad que soy algo malicioso y que tengo mis ciertos asomos de bellaco, pero todo lo cubre y tapa la gran capa de la simpleza m\u00eda, siempre natural y nunca artificiosa; y cuando otra cosa no tuviese sino el creer, como siempre creo, firme y verdaderamente en Dios y en todo aquello que tiene y cree la santa Iglesia Cat\u00f3lica Romana, y el ser enemigo mortal, como lo soy, de los jud\u00edos, deb\u00edan los historiadores tener misericordia de m\u00ed y tratarme bien en sus escritos.\u201d<\/strong><\/p>\n<p>Aunque finalmente reconoce que le da igual, con tal de verse famoso:<\/p>\n<p><strong>\u201c\u2013Pero digan lo que quisieren, que desnudo nac\u00ed, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano; aunque por verme puesto en libros y andar por ese mundo de mano en mano, no se me da un higo que digan de m\u00ed todo lo que quisieren.\u201d<\/strong><\/p>\n<p>Don Quijote enlaza entonces con el tema de la fama, en principio con la mencionada por Sancho, la fama conseguida de cualquier forma o a cualquier precio (una cuesti\u00f3n que tiene mucho que ver con el supuesto caballero andante, o por mejor decir, con el pobre hidalgo manchego, Alonso Quijano). Cuenta entonces el caso de una <strong>\u201cdama cortesana\u201d<\/strong> (prostituta de alto <em>standing<\/em>) que al no ver su nombre en una s\u00e1tira que hizo un famoso poeta de la \u00e9poca se irrit\u00f3 sobremanera y <strong>\u201cse quej\u00f3 al poeta\u201d<\/strong>, amenaz\u00e1ndolo si no la inclu\u00eda. El poeta cedi\u00f3, <strong>\u201cy ella qued\u00f3 satisfecha, por verse con fama, aunque infame.\u201d<\/strong> Luego menciona los casos de Er\u00f3strato, que quem\u00f3 el templo de Diana para alcanzar renombre, y de Carlos V y un caballero de Roma, que estuvo a punto de abrazar al emperador y arrojarse con \u00e9l por la claraboya del Pante\u00f3n con esa misma finalidad.<\/p>\n<p><strong>\u201c\u2013Quiero decir, Sancho, que el deseo de alcanzar fama es activo en gran manera.\u201d<\/strong><\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n hace un s\u00fabito giro dial\u00e9ctico poniendo varios ejemplos de fama meritoria de algunos h\u00e9roes romanos, entre ellos Julio C\u00e9sar, y nombra tambi\u00e9n a Hern\u00e1n Cort\u00e9s. Esto le sirve para explicar en qu\u00e9 consiste y c\u00f3mo distinguir la que considera <strong>\u2018fama buena\u2019<\/strong>:<\/p>\n<p><strong>\u201c\u2013Todas estas y otras grandes y diferentes haza\u00f1as son, fueron y ser\u00e1n obras de la fama, que los mortales desean como premios y parte de la inmortalidad que sus famosos hechos merecen, puesto que los cristianos, cat\u00f3licos y andantes caballeros m\u00e1s habemos de atender a la gloria de los siglos venideros, que es eterna en las regiones et\u00e9reas y celestes, que a la vanidad de la fama que en este presente y acabable siglo se alcanza; la cual fama, por mucho que dure, en fin se ha de acabar con el mesmo mundo, que tiene su fin se\u00f1alado. As\u00ed, \u00a1oh Sancho!, que nuestras obras no han de salir del l\u00edmite que nos tiene puesto la religi\u00f3n cristiana que profesamos. Hemos de matar en los gigantes a la soberbia; a la envidia, en la generosidad y buen pecho; a la ira, en el reposado continente y quietud del \u00e1nimo; a la gula y al sue\u00f1o, en el poco comer que comemos y en el mucho velar que velamos; a la lujuria y lascivia, en la lealtad que guardamos a las que hemos hecho se\u00f1oras de nuestros pensamientos; a la pereza, con andar por todas las partes del mundo, buscando las ocasiones que nos puedan hacer y hagan, sobre cristianos, famosos caballeros. Ves aqu\u00ed, Sancho, los medios por donde se alcanzan los estremos de alabanzas que consigo trae la buena fama.\u201d<\/strong><\/p>\n<p>\u00a1La\u00a0gloria eterna por los siglos de los siglos en las celestes y et\u00e9reas regiones, la inmortalidad! <strong>\u00a1Ah\u00ed es nada!<\/strong> Sancho empez\u00f3 hablando de fama terrenal, muy terrenal, de ese tipo de fama que hoy podemos ver en muchos <em>realitys<\/em> y <em>shows<\/em> de TV, y responde a\u00a0la conocida frase ir\u00f3nica que suele atribuirse a Salvador Dal\u00ed (desde luego, es muy propia del personaje): <strong>\u201cLo importante es que hablen de uno, aunque sea bien\u201d<\/strong>. Pero Don Quijote habla de otra cosa, de una fama vinculada por completo a la religi\u00f3n y los preceptos morales (vinculaci\u00f3n que tambi\u00e9n reconoce Sancho de manera indirecta cuando m\u00e1s arriba se refiere a la envidia). La declaraci\u00f3n de religiosidad, cristiana y cat\u00f3lica, que Don Quijote hace en este cap\u00edtulo es de una claridad meridiana, quiz\u00e1 la m\u00e1s completa y expl\u00edcita de todo el <em>Quijote<\/em>. Y por su intensidad roza lo que pudiera entenderse como <strong>fanatismo religioso<\/strong>. Roza. No dir\u00e9, por tanto, que el personaje dentro de su \u2018delirio de grandeza\u2019 sea tambi\u00e9n un fan\u00e1tico religioso, pero negarlo por completo no resulta racionalmente f\u00e1cil.<\/p>\n<p>Cervantes se limita a descalificar la <strong>fama terrenal<\/strong>, la <strong>\u201cvanidad de la fama\u201d<\/strong> que puede alcanzarse en el \u201cpresente y acabable siglo\u201d, la <strong>fama mortal<\/strong>. Atribuye la vanidad solo, sin decir por qu\u00e9, a la b\u00fasqueda de fama en la Tierra o fama mortal, y no a la de fama inmortal (que pudiera ser a\u00fan mayor). No analiza ni profundiza en los motivos inherentes a la naturaleza humana que llevan a muchas personas a desear y anhelar la fama en vida, ni el porqu\u00e9 de que algunas lo hagan con mucha m\u00e1s intensidad que otras. Es hipot\u00e9tico interpretar que si Cervantes no entra en este an\u00e1lisis se debe a que el asunto de la fama tiene demasiado que ver consigo mismo, con su <strong>deseo de alcanzar la gloria literaria<\/strong>, con su ego. Lo que resulta m\u00e1s constatable es que el deseo de reconocimiento ajeno o p\u00fablico lo tienen con m\u00e1s frecuencia mentes inseguras y con carencias afectivas tempranas, y tambi\u00e9n sujetos competitivos, ambiciosos, con un sentimiento de superioridad (ambas posibilidades no son incompatibles). Que luego est@s anheladores de fama terrenal sean \u00e9ticamente unas bell\u00edsimas personas en sus relaciones interpersonales, o m\u00e1s bien lo contrario, que tengan m\u00e1s, menos o nada de talento, que sean simp\u00e1ticos o antip\u00e1ticos, agresivos o pac\u00edficos, educados o maleducados, omn\u00edvoros o veganos, es distinta cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>\u201c\u2013Cogido le tengo \u2013dijo Sancho\u2013.\u201d<\/strong><\/p>\n<p>Hecha su declaraci\u00f3n de buena fama, de fama inmortal, de cristiana y cat\u00f3lica fama, Sancho Panza entra en una graciosa porf\u00eda con Don Quijote (en la que adem\u00e1s demuestra ser cierto lo que dice sobre s\u00ed mismo, que es \u201calgo malicioso\u201d y tiene sus \u201cciertos asomos de bellaco\u201d), al comparar la grandeza de la fama que alcanzan los caballeros andantes con la de los santos:<\/p>\n<p><strong>\u201c\u2013Y d\u00edgame agora: \u00bfcu\u00e1l es m\u00e1s, resucitar a un muerto o matar a un gigante? (&#8230;) Luego la fama del que resucita muertos, da vista a los ciegos, endereza los cojos y da salud a los enfermos, y delante de sus sepulturas arden l\u00e1mparas, y est\u00e1n llenas sus capillas de gentes devotas que de rodillas adoran sus reliquias, mejor fama ser\u00e1, para \u00e9ste y para el otro siglo, que la que dejaron y dejaren cuantos emperadores gentiles y caballeros andantes ha habido en el mundo (&#8230;) Quiero decir \u2013dijo Sancho\u2013 que nos demos a ser santos y alcanzaremos m\u00e1s brevemente la buena fama que pretendemos; y advierta, se\u00f1or, que ayer o antes de ayer (que, seg\u00fan ha poco, se puede decir desta manera) canonizaron o beatificaron dos frailecitos descalzos, cuyas cadenas de hierro con que ce\u00f1\u00edan y atormentaban sus cuerpos se tiene ahora a gran ventura el besarlas y tocarlas, y est\u00e1n en m\u00e1s veneraci\u00f3n que est\u00e1, seg\u00fan dicen, la espada de Rold\u00e1n en la armer\u00eda del Rey nuestro Se\u00f1or, que Dios guarde. As\u00ed que, se\u00f1or m\u00edo, m\u00e1s vale ser humilde frailecito, de cualquier orden que sea, que valiente y andante caballero; m\u00e1s alcanzan con Dios dos docenas de diciplinas que dos mil lanzadas, ora las den a gigantes, ora a vestiglos o a endriagos.\u201d<\/strong><\/p>\n<p>Don Quijote reconoce que es verdad lo que dice Sancho, y aprovecha para abundar en su <strong>declaraci\u00f3n de fe<\/strong>:<\/p>\n<p><strong>\u201c\u2013Todo eso es as\u00ed \u2013respondi\u00f3 don Quijote\u2013, pero no todos podemos ser frailes, y muchos son los caminos por donde lleva Dios a los suyos al cielo: religi\u00f3n es la caballer\u00eda, caballeros santos hay en la gloria.\u201d<\/strong><\/p>\n<p>Unamuno, en su <em>Vida de Don Quijote y Sancho<\/em>, se muestra alineado por completo con la declaraci\u00f3n de fe del caballero: \u201cAs\u00ed como Don Quijote, enardecido por la lectura de los libros de caballer\u00edas se lanz\u00f3 al mundo, as\u00ed Teresa de Cepeda, siendo a\u00fan ni\u00f1a y encendida por la lectura de las vidas de santos, que le parec\u00eda \u00abcompraban muy barato el ir a gozar de Dios\u00bb, concert\u00f3 con su hermano irse a tierra de moros, pidiendo por amor de Dios, para que all\u00e1 los descabezasen, y visto lo imposible de ello, ordenaron hacerse ermita\u00f1os (&#8230;) \u00bfQu\u00e9 es todo esto sino caballer\u00eda andante a lo divino o religioso? Y en cabo de cuenta <strong>\u00bfqu\u00e9 buscaban unos y otros, h\u00e9roes y santos, sino sobrevivir?<\/strong> Los unos en la memoria de los hombres, en el seno de Dios los otros. \u00bfY cu\u00e1l ha sido el m\u00e1s entra\u00f1ado resorte de vida de nuestro pueblo espa\u00f1ol sino el ansia de sobrevivir, que no a otra cosa viene a reducirse el que dicen ser nuestro culto a la muerte? No, culto a la muerte, no; sino <strong>culto a la inmortalidad<\/strong>.\u201d<\/p>\n<p>Hay una larga tradici\u00f3n de te\u00f3ricos de la Psicolog\u00eda y la Psiquiatr\u00eda (entre otros, Freud, Jung o Castilla del Pino), y a\u00fan m\u00e1s larga y cl\u00e1sica de pensadores y escritores (Epicuro, Graci\u00e1n, Shakespeare o Nietzsche, por ejemplo), que entienden que el deseo o anhelo de inmortalidad (en su grado m\u00e1ximo, ese\u00a0<span style=\"font-weight: 400;\">\u201cculto a la inmortalidad\u201d del que habla\u00a0<\/span>Unamuno), es un mecanismo de defensa reactivo, un ropaje o vestimenta que esconde detr\u00e1s lo que no es sino el crudo, el\u00a0<b>cerval miedo a la muerte que tienen los humanos por su consciencia plena de ella<\/b>. En rigor cient\u00edfico, debe\u00a0decirse que esta potente intuici\u00f3n compartida por muchos y muy diversos brillantes cerebros a lo largo de la Historia, todav\u00eda no ha sido demostrada.<\/p>\n<p><strong>\u201cEn estas y otras semejantes pl\u00e1ticas se les pas\u00f3 aquella noche y el d\u00eda siguiente, sin acontecerles cosa que de contar fuese, de que no poco le pes\u00f3 a don Quijote.\u201d<\/strong><\/p>\n<p>Todo lo dicho ocurre en este denso cap\u00edtulo, en el que en apariencia no pasa nada.<\/p>\n<p><b>\u201cEn fin, otro d\u00eda al anochecer, descubrieron la gran ciudad del Toboso.\u201d<\/b><\/p>\n<p><span style=\"color: #ffffff;\">. \u00a0<\/span><\/p>\n<p>( <strong><em>Donde se cuenta lo que le sucedi\u00f3 a don Quijote yendo a ver su se\u00f1ora Dulcinea del Toboso<\/em><\/strong>. Quijote, II, 8, RAE, 2015)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a1Bendito sea el poderoso Al\u00e1! \u00a1Bendito sea Al\u00e1! \u00a1Bendito Al\u00e1! Despu\u00e9s de un Pr\u00f3logo de ajuste y un largo pre\u00e1mbulo de nada menos que siete cap\u00edtulos, tres veces repite la salutaci\u00f3n del Cor\u00e1n con la que rezan los de su religi\u00f3n a la puesta del sol, Cide Hamete Benengeli. La tercera salida ha comenzado, esta [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":26,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[1],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/791"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/26"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=791"}],"version-history":[{"count":19,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/791\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":811,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/791\/revisions\/811"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=791"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=791"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=791"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}