{"id":821,"date":"2019-12-29T01:34:26","date_gmt":"2019-12-29T01:34:26","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/?p=821"},"modified":"2019-12-31T01:09:08","modified_gmt":"2019-12-31T01:09:08","slug":"la-burla-capitulo-10","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/2019\/12\/29\/la-burla-capitulo-10\/","title":{"rendered":"La burla (cap\u00edtulo 10)"},"content":{"rendered":"<p><strong>En el <em>Quijote<\/em> hay cientos, miles de burlas<\/strong>. Burlas entre, de y hacia muchos personajes, pero sobre todo dirigidas a Sancho Panza y muy especialmente a Don Quijote, el loco, el blanco perfecto. No pod\u00eda ser de otra manera cuando la intenci\u00f3n declarada de Cervantes es la de parodiar los libros de caballer\u00edas. Los dos personajes principales, los supuestos caballero andante y escudero, no pueden librarse de las m\u00e1s, mayores, mejores y peores burlas de cuantas se hacen a lo largo de la historia. El humor burlesco forma parte de la estructura de la narraci\u00f3n cervantina. Burlas por esto, por aquello y por lo de m\u00e1s all\u00e1, <strong>burlas a tutipl\u00e9n<\/strong>. Burlas finas, y burlas de muy grueso calibre. Burlas de todo g\u00e9nero y condici\u00f3n. Aunque quiz\u00e1, se pueden distinguir <strong>dos tipos fundamentales de burlas<\/strong> hacia los dos \u2018h\u00e9roes\u2019: 1) las <strong>burlas que dirigen otros personajes a Don Quijote y Sancho<\/strong> en el contexto de la acci\u00f3n y los sucesos (que con independencia de su mayor o menor tosquedad en funci\u00f3n de la alcurnia del personaje, suelen ser muy crudas, irrespetuosas, incluso agresivas y violentas), y 2) las <strong>burlas ir\u00f3nicas<\/strong> con un sentido del humor mucho m\u00e1s refinado que se producen en los <strong>di\u00e1logos del caballero y el escudero<\/strong>, y las que hace el narrador o narradores de la historia. De estos dos tipos de burlas, las primeras pueden entenderse como fiel reflejo del sentido del humor real predominante en la \u00e9poca, del humor que hab\u00eda a comienzos del siglo XVII. Mientras que las segundas, como reflejo no menos fiel del <strong>particular\u00edsimo sentido del humor ir\u00f3nico de Cervantes<\/strong>.<\/p>\n<p>Don Miguel somete de manera implacable a sus dos personajes principales a la <strong>dura \u2018prueba de realidad\u2019 de las burlas de otros muchos personajes<\/strong>, hasta el punto de parecer en ocasiones despiadado con ellos. <strong>El principio de comicidad es sagrado para \u00e9l, nunca lo incumple<\/strong>. Cervantes tiene casi una obsesi\u00f3n por entretener, por agradar, por hacer re\u00edr, pues parece totalmente convencido de que es imprescindible, condici\u00f3n necesaria, para tener \u00e9xito de p\u00fablico. Y de este principio literario, y de la intenci\u00f3n par\u00f3dica, se deriva <strong>una paliza monumental a Don Quijote y a Sancho Panza<\/strong> propinada por la \u2018realidad\u2019 del entorno que les rodea. Monumental paliza que reciben de las incesantes burlas que forman parte esencial de la comicidad del texto. Hasta tal punto es inmisericorde en aprovecharse del <strong>lado morboso del humor basado en re\u00edrse de las desgracias ajenas<\/strong> (perfectamente desarrollado ya en su \u00e9poca, como sigue est\u00e1ndolo en la actualidad en los <em>shows<\/em> y <em>realitys<\/em> de la TV, la infinidad de memes de Internet que nos inundan a diario, y algunos humoristas muy famosos), que su continua repetici\u00f3n lleva a interrogarnos sobre si Cervantes ten\u00eda como rasgos de su propia personalidad los que en el Cap\u00edtulo VIII atribuye a Sancho Panza: <strong>\u201cbien es verdad que soy algo malicioso y que tengo mis ciertos asomos de bellaco.\u201d<\/strong> Lo mismo, quiz\u00e1, que la mayor\u00eda de las gentes de su tiempo&#8230; y del nuestro.<\/p>\n<p>Pasados los \u2018h\u00e9roes\u2019 por la inevitable burla gruesa y despiadada de otros personajes, Cervantes hace despu\u00e9s dos cosas en el proceso de escritura que suponen un gran salto cualitativo, afortunadamente: 1) <strong>atemperar y humanizar todo lo que les ocurre mediante su ir\u00f3nico sentido del humor<\/strong> (en el nivel narrativo de los di\u00e1logos y de los comentarios de autor), y 2) terminar los sucesos <strong>salvando y elevando siempre la dignidad y los sentimientos del caballero y del escudero<\/strong>, que representan los de los muchos lectores que se identifican con ambos. Esto hace que el <em>Quijote<\/em> sea el <em>Quijote<\/em>, y no una simple parodia c\u00f3mica con un tosco sentido del humor.<\/p>\n<p>En el presente cap\u00edtulo Cervantes somete a Don Quijote a la que quiz\u00e1 sea la peor, la m\u00e1s \u2018dolorosa\u2019 de todas las burlas. Por su contenido y porque quien la piensa y se la hace es su fiel Sancho. En principio, para salir del atolladero de tener que ir aquella ma\u00f1ana por encargo de Don Quijote a solicitar audiencia a una inexistente Dulcinea. Pero despu\u00e9s se nota que <strong>Sancho se recrea en el enga\u00f1o e industria que ha concebido camino del Toboso<\/strong> hablando \u201cconsigo mesmo\u201d, en \u201csoliloquio\u201d, sentado al pie de un \u00e1rbol antes de darse media vuelta, pensando que su amo es un \u201cloco de atar\u201d, y decidido a vencerle por insistencia, por pura cabezoner\u00eda: <strong>\u201cY cuando \u00e9l no lo crea, jurar\u00e9 yo, y si \u00e9l jurare, tornar\u00e9 yo a jurar, y si porfiare, porfiar\u00e9 yo m\u00e1s, y de manera que tengo de tener la m\u00eda siempre sobre el hito, venga lo que viniere.\u201d<\/strong> Una vez que se le pierde el miedo, enga\u00f1ar a un loco no es dif\u00edcil. O tan f\u00e1cil o dif\u00edcil como enga\u00f1ar a cualquier otra persona.<\/p>\n<p>La burla y el enga\u00f1o de Sancho son de tales proporciones que tocan en lo m\u00e1s hondo a Don Quijote. Y m\u00e1s todav\u00eda a Miguel de Unamuno, que en su <em>Vida de Don Quijote y Sancho<\/em> reconoce sentirse tan apesadumbrado por todo lo que ocurre en este cap\u00edtulo que no quiere seguir anotando nada m\u00e1s, quiere \u201cpasar a otra cosa\u201d, pues: <strong>\u201cNo puede leerse sin angustia este martirio del pobre Alonso.\u201d<\/strong><\/p>\n<p>Don Quijote dice a Sancho en un tono triste (que no se corresponde con las convenciones habituales del g\u00e9nero caballeresco, seg\u00fan nota al texto) que mientras va al Toboso a realizar la embajada que le ha encomendado, \u00e9l se queda \u201ctemiendo\u201d en <strong>\u201camarga soledad\u201d<\/strong>.<\/p>\n<p>De vuelta ya Sancho con su industria preparada, contin\u00faa Cervantes:<\/p>\n<p><strong>\u201c\u2013De ese modo \u2013replic\u00f3 don Quijote\u2013, buenas nuevas traes.<\/strong><br \/>\n<strong>\u2013Tan buenas \u2013respondi\u00f3 Sancho\u2013, que no tiene m\u00e1s que hacer vuesa merced sino picar a Rocinante y salir a lo raso a ver a la se\u00f1ora Dulcinea del Toboso, que con otras dos doncellas suyas viene a ver a vuesa merced.<\/strong><br \/>\n<strong>\u2013\u00a1Santo Dios! \u00bfQu\u00e9 es lo que dices, Sancho amigo? \u2013dijo don Quijote\u2013. Mira no me enga\u00f1es, ni quieras con falsas alegr\u00edas alegrar mis verdaderas tristezas.<\/strong><br \/>\n<strong>\u2013\u00bfQu\u00e9 sacar\u00eda yo de enga\u00f1ar a vuesa merced \u2013respondi\u00f3 Sancho\u2013, y m\u00e1s estando tan cerca de descubrir mi verdad? Pique, se\u00f1or, y venga, y ver\u00e1 venir a la princesa nuestra ama vestida y adornada, en fin, como quien ella es. Sus doncellas y ella todas son una ascua de oro, todas mazorcas de perlas, todas son diamantes, todas rub\u00edes, todas telas de brocado de m\u00e1s de diez altos; los cabellos, sueltos por las espaldas, que son otros tantos rayos del sol que andan jugando con el viento (&#8230;) ellas vienen las m\u00e1s galanas se\u00f1oras que se puedan desear, especialmente la princesa Dulcinea mi se\u00f1ora, que pasma los sentidos. <\/strong><strong>(&#8230;) <\/strong><strong>Ya en esto salieron de la selva y descubrieron cerca a las tres aldeanas. Tendi\u00f3 don Quijote los ojos por todo el camino del Toboso, y como no vio sino a las tres labradoras, turbose todo y pregunt\u00f3 a Sancho si las hab\u00eda dejado fuera de la ciudad.<\/strong><br \/>\n<strong>\u2013\u00bfC\u00f3mo fuera de la ciudad? \u2013respondi\u00f3\u2013. \u00bfPor ventura tiene vuesa merced los ojos en el colodrillo, que no vee que son \u00e9stas las que aqu\u00ed vienen, resplandecientes como el mismo sol a medio d\u00eda?<\/strong><br \/>\n<strong>\u2013Yo no veo, Sancho \u2013dijo don Quijote\u2013, sino a tres labradoras sobre tres borricos. (&#8230;)<\/strong><br \/>\n<strong>\u2013Calle, se\u00f1or \u2013dijo Sancho\u2013, no diga la tal palabra, sino despabile esos ojos y venga a hacer reverencia a la se\u00f1ora de sus pensamientos, que ya llega cerca. <\/strong><br \/>\n<strong>Y, diciendo esto, se adelant\u00f3 a recebir a las tres aldeanas y, ape\u00e1ndose del rucio, tuvo del cabestro al jumento de una de las tres labradoras y, hincando ambas rodillas en el suelo, dijo:<\/strong><br \/>\n<strong>\u2013Reina y princesa y duquesa de la hermosura, vuestra altivez y grandeza sea servida de recebir en su gracia y buen talente al cautivo caballero vuestro, que all\u00ed est\u00e1 hecho piedra m\u00e1rmol, todo turbado y sin pulsos, de verse ante vuestra magn\u00edfica presencia. Yo soy Sancho Panza, su escudero, y \u00e9l es el asendereado caballero don Quijote de la Mancha, llamado por otro nombre el Caballero de la Triste Figura.<\/strong><br \/>\n<strong>A esta saz\u00f3n ya se hab\u00eda puesto don Quijote de hinojos junto a Sancho y miraba con ojos desencajados y vista turbada a la que Sancho llamaba reina y se\u00f1ora; y como no descubr\u00eda en ella sino una moza aldeana, y no de muy buen rostro, porque era carirredonda y chata, estaba suspenso y admirado, sin osar desplegar los labios. (&#8230;)<\/strong><br \/>\n<strong>\u2013Lev\u00e1ntate, Sancho \u2013dijo a este punto don Quijote\u2013, que ya veo que la fortuna, de mi mal no harta, tiene tomados los caminos todos por donde pueda venir alg\u00fan contento a esta \u00e1nima mezquina que tengo en las carnes. Y t\u00fa, \u00a1oh estremo del valor que puede desearse, t\u00e9rmino de la humana gentileza, \u00fanico remedio deste afligido coraz\u00f3n que te adora!, ya que el maligno encantador me persigue y ha puesto nubes y cataratas en mis ojos, y para s\u00f3lo ellos y no para otros ha mudado y transformado tu sin igual hermosura y rostro en el de una labradora pobre, si ya tambi\u00e9n el m\u00edo no le ha cambiado en el de alg\u00fan vestiglo, para hacerle aborrecible a tus ojos, no dejes de mirarme blanda y amorosamente,<\/strong> <strong>echando de ver en esta sumisi\u00f3n y arrodillamiento que a tu contrahecha hermosura hago la humildad con que mi alma te adora. (&#8230;) \u2013Sancho, \u00bfqu\u00e9 te parece cu\u00e1n mal quisto soy de encantadores? Y mira hasta d\u00f3nde se estiende su malicia y la ojeriza que me tienen, pues me han querido privar del contento que pudiera darme ver en su ser a mi se\u00f1ora. En efecto, yo nac\u00ed para ejemplo de desdichados y para ser blanco y terrero donde tomen la mira y asiesten las flechas de la mala fortuna. (&#8230;) ninguna cosa puso la naturaleza en Dulcinea que no fuese perfecta y bien acabada (&#8230;) \u2013\u00a1Y que no viese yo todo eso, Sancho! \u2013dijo don Quijote\u2013. Ahora torno a decir y dir\u00e9 mil veces que soy el m\u00e1s desdichado de los hombres.\u201d<\/strong><\/p>\n<p>Muchos cervantistas consideran decisivo este cap\u00edtulo en el que se produce una inversi\u00f3n de roles en el juego de poder entre caballero y escudero, amo y criado, y entre realidad y fantas\u00eda. <strong>Unamuno<\/strong>, en cambio, hace una <strong>interpretaci\u00f3n muy bella y emotiva<\/strong> (aunque no la comparto) relacionada con la fe, el amor, el desenga\u00f1o, el sufrimiento y la angustia:<\/p>\n<p>\u201c<strong>La fe de Sancho en Don Quijote<\/strong> no fue una fe muerta, es decir, enga\u00f1osa, de esas que descansan en ignorancia, no fue nunca fe de carbonero, ni menos fe de barbero, descansadora en ocho reales. Era, por el contrario, <strong>fe verdadera y viva, fe que se alimenta de dudas<\/strong>. Porque <strong>s\u00f3lo los que dudan creen de verdad y los que no dudan ni sienten tentaciones contra su fe, no creen de verdad<\/strong>. (&#8230;) Sancho ve\u00eda las locuras de su amo y que los molinos eran molinos y no gigantes, y sab\u00eda bien que la zafia labradora a la que iba a encontrar a la salida del Toboso no era, no ya Dulcinea del Toboso, mas ni aun Aldonza Lorenzo, y con todo ello <strong>cre\u00eda a su amo y ten\u00eda fe en \u00e9l y cre\u00eda en Dulcinea del Toboso<\/strong> (&#8230;) Sospechabas que tu amo desvariaba por loco y dudabas de lo que ve\u00edas, y a pesar de ello le cre\u00edas pues ibas tras de sus pasos. Y mientras tu cabeza te dec\u00eda que no, dec\u00edate tu coraz\u00f3n que s\u00ed, y <strong>tu voluntad te llevaba en contra de tu entendimiento y a favor de tu fe<\/strong>.\u201d<\/p>\n<p>\u201cNo nos quepa duda de que con los ojos de la carne <strong>Don Quijote vio los molinos como tales molinos y las ventas como ventas y de que all\u00e1, en su fuero interno, reconoc\u00eda la realidad del mundo aparencial<\/strong> (&#8230;) <strong>El loco suele ser un comediante profundo<\/strong>, que toma en serio la comedia, pero que no se enga\u00f1a y mientras hace en serio el papel de Dios o de rey o de bestia, sabe bien que ni es Dios, ni rey, ni bestia; quiere serlo y basta. \u00bfY no es loco todo el que toma en serio el mundo? \u00bfY no deber\u00edamos ser locos todos?\u201d<\/p>\n<p>\u201cY ahora llegamos al <strong>momento trist\u00edsimo de la carrera de Don Quijote; a la derrota de Alonso Quijano el Bueno dentro de \u00e9l<\/strong>. (&#8230;) El paso este del encantamiento de Dulcinea es grandemente melanc\u00f3lico. Sancho hizo su comedia (&#8230;) <strong>Don Quijote, esper\u00f3 ver a Dulcinea, y debajo de \u00e9l, Alonso Quijano, esperaba a Aldonza Lorenzo<\/strong>, suspirada en silencio doce a\u00f1os por s\u00f3lo cuatro goces de su vista. (&#8230;) si Don Quijote no ve\u00eda a Dulcinea, tampoco el pobre Alonso Quijano el Bueno ve\u00eda a su Aldonza. Doce a\u00f1os de solitario sufrir, doce a\u00f1os de no haber podido vencer su encogimiento soberano (&#8230;) doce a\u00f1os de so\u00f1ar en el imposible procurando acallar con la lectura de los libros de caballer\u00edas el todopoderoso amor, y ahora en que, gracias a Dios, ya loco, rota la verg\u00fcenza, se cumple lo imposible y va a recibir el premio de su locura; ahora\u2026 \u00a1ahora esto! \u00a1Qu\u00e9 santa, qu\u00e9 dulce, qu\u00e9 redentora suele ser la locura! Loco Alonso Quijano, por merced del Se\u00f1or que se compadece de los buenos, rompi\u00f3 aquella tremenda costra de la timidez del hidalgo lugare\u00f1o, y se atrevi\u00f3, a escribir a su Aldonza, aunque fuese bajo la advocaci\u00f3n de Dulcinea, y ahora, en premio, Aldonza misma viene desde el Toboso a verle. Se cumpli\u00f3 lo imposible, merced a la locura. \u00a1Al cabo de doce a\u00f1os! \u00a1Oh momento supremo tanto tiempo suspirado! (&#8230;) \u00a1Ahora, ahora va a redimirse de su locura, ahora va a lav\u00e1rsela en el torrente de las l\u00e1grimas de la dicha; ahora va a cobrar el premio de su esperanza en lo imposible! \u00a1Oh, y cu\u00e1ntas tinieblas de locura se disipar\u00edan bajo una mirada de amor! (&#8230;) \u00bfPues qu\u00e9, <strong>cre\u00e9is que Alonso el Bueno no se daba cuenta de que estaba loco y no aceptaba su locura como \u00fanico remedio de su amor<\/strong>, como regalo de la piedad divina? Al saber que su locura daba fruto, alborot\u00f3se el coraz\u00f3n del hidalgo (&#8230;) Ya te dan fruto tus locuras, buen caballero, pues merced a ellas sale a verte Aldonza (&#8230;) <strong>Y vino en seguida el tremendo golpe, el golpe que hundi\u00f3 en su locura al pobre Alonso el Bueno, hasta su muerte<\/strong>. (&#8230;) \u00a1Ni la locura te vali\u00f3, buen Caballero! Cuando al cabo de doce a\u00f1os vas a tocar el premio de ella, la brutal realidad te da en el rostro. \u00bfNo es acaso as\u00ed con todo amor? (&#8230;) \u00bfNo os entran ganas de llorar oyendo este pla\u00f1idero ruego? <strong>\u00bfNo o\u00eds c\u00f3mo suena en sus entra\u00f1as, bajo la ret\u00f3rica caballeresca de Don Quijote, el lamento infinito de Alonso el Bueno<\/strong>, <strong>el m\u00e1s desgarrador quejido que haya jam\u00e1s brotado del coraz\u00f3n del hombre?<\/strong> <strong>\u00bfNo o\u00eds la voz agorera y eterna del eterno desenga\u00f1o humano?<\/strong> (&#8230;) <strong>No puede leerse sin angustia este martirio del pobre Alonso.\u201d<\/strong><\/p>\n<p><strong>El sufrimiento de Unamuno, casi palpable, supera incluso al que muestra Don Quijote<\/strong>. La angustia de Unamuno no procede tanto del texto de Cervantes como de su propia interpretaci\u00f3n. Y en \u00faltima instancia, de su angustia personal. Respetando la apasionada interpretaci\u00f3n que hace del cap\u00edtulo, hay cuatro cuestiones al menos con las que no estoy de acuerdo:<\/p>\n<p>1) La locura real que tienen las personas de carne y hueso, los trastornos psic\u00f3ticos reales, no tienen nada de dulces, ni de redentores, ni de santos. No son liberadores ni \u00fatiles, m\u00e1s bien todo lo contrario. <strong>La idealizaci\u00f3n de la locura, tan frecuente en el arte, la filosof\u00eda y la literatura, es un mito cultural<\/strong>.<\/p>\n<p>2) <strong>Las personas con trastornos psic\u00f3ticos reales no son \u201ccomediantes profundos\u201d<\/strong>, ni reconocen en su fuero interno la realidad f\u00edsica que se altera en sus delirios y \/ o alucinaciones, ni la falsedad de sus identidades deliradas, ni tienen conciencia de trastorno mental. Al menos, hasta que la mayor parte de las veces con tratamiento farmacol\u00f3gico mejoran de su actividad mental psic\u00f3tica. Nada de agradable ni de positivo tendr\u00eda que todo el mundo estuviese loco, en primer lugar para los propios afectados. Despu\u00e9s el mundo entrar\u00eda en un caos dif\u00edcilmente compatible con la supervivencia.<\/p>\n<p>3) La proyecci\u00f3n din\u00e1mica de un amor frustrado o impotente por una aldeana \u2018real\u2019: Aldonza Lorenzo, transformado\u00a0\u2018mentalmente\u2019 en objeto y fantas\u00eda delirantes: Dulcinea del Toboso, es una hip\u00f3tesis que podr\u00edan sostener los, cada vez menos, psiquiatras y psic\u00f3logos partidarios de la teor\u00eda psicoanal\u00edtica. Pero esta teor\u00eda, pasado m\u00e1s de un siglo desde que se formul\u00f3,<strong> todav\u00eda no ha sido cient\u00edficamente demostrada<\/strong>. <strong>El hecho de que la teor\u00eda psicoanal\u00edtica se d\u00e9 por cierta con tanta frecuencia en el campo de la filosof\u00eda, la literatura y el arte, obedece a otro mito cultural<\/strong>.<\/p>\n<p>4) La deducci\u00f3n e interpretaci\u00f3n que hago del texto de este cap\u00edtulo no es que Sancho tenga \u201cfe\u201d en Don Quijote, fe con dudas, \u201cfe verdadera\u201d, sino que, <strong>dotado de la astucia natural del p\u00edcaro<\/strong>, tiene muy claras dos cosas. Primera: <strong>\u201cEste mi amo por mil se\u00f1ales he visto que es un loco de atar, y aun tambi\u00e9n yo no le quedo en zaga, pues soy m\u00e1s mentecato que \u00e9l, pues le sigo y le sirvo, si es verdadero el refr\u00e1n que dice: \u00abDime con qui\u00e9n andas, decirte he qui\u00e9n eres\u00bb, y el otro de \u00abNo con quien naces, sino con quien paces\u00bb. (&#8230;) Siendo, pues, loco, como lo es, y de locura que las m\u00e1s veces toma unas cosas por otras y juzga lo blanco por negro y lo negro por blanco, como se pareci\u00f3 cuando dijo que los molinos de viento eran gigantes, y las mulas de los religiosos dromedarios, y las manadas de carneros ej\u00e9rcitos de enemigos, y otras muchas cosas a este tono, no ser\u00e1 muy dif\u00edcil hacerle creer que una labradora, la primera que me topare por aqu\u00ed, es la se\u00f1ora Dulcinea.\u201d<\/strong> (Un razonamiento as\u00ed, por cierto, no es capaz de hacerlo una persona con <em>folie \u00e0 deux<\/em> o trastorno psic\u00f3tico delirante compartido). Y segunda: que por muy loco que est\u00e9 el amo, <strong>nunca se sabe a ciencia cierta si por arte de azar o fortuna<\/strong>, por Loter\u00eda de Navidad o del Ni\u00f1o, pudiese terminar cayendo alguna que otra \u00ednsula&#8230; o tres cr\u00edas de yegua (las que, para mayor escarnio suyo, el pobre y noble Don Quijote ofrece en la ocasi\u00f3n a su p\u00edcaro burlador).<\/p>\n<p><strong>Cervantes es implacable<\/strong> sometiendo a Don Quijote y a Sancho Panza a burlas de muy grueso calibre, y en el presente cap\u00edtulo somete a Don Quijote a la m\u00e1s cruel. Para inmenso \u2018dolor\u2019 del caballero (a pesar del alivio de la \u2018interpretaci\u00f3n delirante\u2019 que hace echando la culpa de la visi\u00f3n a un <strong>\u201cmaligno encantador\u201d<\/strong>), el autor soberano de la novela decide que en esta ocasi\u00f3n Don Quijote vea la cruda realidad perfectamente, con plena \u2018cordura\u2019&#8230; \u00a1y en detalle!<\/p>\n<p>En fin, <strong>\u00a1todo sea a la mayor gloria literaria y \u00e9xito de Cide Hamete Benengeli!<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u201c\u2013Y has tambi\u00e9n de advertir, Sancho, que no se contentaron estos traidores de haber vuelto y transformado a mi Dulcinea, sino que la transformaron y volvieron en una figura tan baja y tan fea como la de aquella aldeana, y juntamente le quitaron lo que es tan suyo de las principales se\u00f1oras, que es el buen olor, por andar siempre entre \u00e1mbares y entre flores. Porque te hago saber, Sancho, que cuando llegu\u00e9 a subir a Dulcinea sobre su hacanea, seg\u00fan t\u00fa dices, que a m\u00ed me pareci\u00f3 borrica, me dio un olor de ajos crudos, que me encalabrin\u00f3 y atosig\u00f3 el alma.<\/strong><br \/>\n<strong>\u2013\u00a1Oh canalla! \u2013grit\u00f3 a esta saz\u00f3n Sancho\u2013. \u00a1Oh encantadores aciagos y malintencionados, y qui\u00e9n os viera a todos ensartados por las agallas, como sardinas en percha! Mucho sab\u00e9is, mucho pod\u00e9is y mucho m\u00e1s hac\u00e9is. Bastaros debiera, bellacos, haber mudado las perlas de los ojos de mi se\u00f1ora en agallas alcornoque\u00f1as, y sus cabellos de oro pur\u00edsimo en cerdas de cola de buey bermejo, y, finalmente, todas sus faciones de buenas en malas, sin que le toc\u00e1rades en el olor, que por \u00e9l siquiera sac\u00e1ramos lo que estaba encubierto debajo de aquella fea corteza; aunque, para decir verdad, nunca yo vi su fealdad, sino su hermosura, a la cual sub\u00eda de punto y quilates un lunar que ten\u00eda sobre el labio derecho, a manera de bigote, con siete o ocho cabellos rubios como hebras de oro y largos de m\u00e1s de un palmo.\u201d<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u201cHarto ten\u00eda que hacer el socarr\u00f3n de Sancho en disimular la risa, oyendo las sandeces de su amo, tan delicadamente enga\u00f1ado.\u201d<\/strong><\/p>\n<p>M\u00e1s que socarr\u00f3n, don Miguel, bastante m\u00e1s que socarr\u00f3n, y no por actitud mejor. Y delicadamente enga\u00f1ado, en absoluto. H\u00e1bilmente, s\u00ed. H\u00e1bilmente, astutamente. Con quiz\u00e1 un tanto m\u00e1s que algo de malicia, y ciertos asomos de bellaquer\u00eda.<\/p>\n<p><b>En este cap\u00edtulo no es f\u00e1cil compartir la empat\u00eda que hacia los dos \u2018h\u00e9roes\u2019 muestran los dos escribidores don Migueles: ni la de Unamuno, ni la de Cervantes<\/b>.<\/p>\n<p>(<strong><em>Donde se cuenta la industria que Sancho tuvo para encantar a la se\u00f1ora Dulcinea, y de otros sucesos tan rid\u00edculos como verdaderos<\/em><\/strong>. Quijote, II, 10, RAE, 2015)<\/p>\n<p><span style=\"color: #ffffff;\">.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el Quijote hay cientos, miles de burlas. Burlas entre, de y hacia muchos personajes, pero sobre todo dirigidas a Sancho Panza y muy especialmente a Don Quijote, el loco, el blanco perfecto. No pod\u00eda ser de otra manera cuando la intenci\u00f3n declarada de Cervantes es la de parodiar los libros de caballer\u00edas. Los dos [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":26,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[1],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/821"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/26"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=821"}],"version-history":[{"count":17,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/821\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":838,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/821\/revisions\/838"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=821"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=821"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=821"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}