{"id":868,"date":"2020-01-24T22:35:50","date_gmt":"2020-01-24T22:35:50","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/?p=868"},"modified":"2020-01-25T00:26:21","modified_gmt":"2020-01-25T00:26:21","slug":"los-burladores-burlados-capitulo-14","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/2020\/01\/24\/los-burladores-burlados-capitulo-14\/","title":{"rendered":"Los burladores burlados (cap\u00edtulo 14)"},"content":{"rendered":"<p>En este cap\u00edtulo <strong>dos burladores van a terminar siendo burlados<\/strong>. Uno, de manera expl\u00edcita por el resultado del caballeresco combate que tiene lugar. El otro, de manera impl\u00edcita y mucho m\u00e1s sutil por obra y decisi\u00f3n de los autores de esta verdadera historia, Cide Hamete Benengeli y Cervantes.<\/p>\n<p>El coloquio entre los supuestos caballeros andantes es de bastante menor inter\u00e9s que el que mantuvieron en el cap\u00edtulo anterior los no menos supuestos escuderos. Los caballeros solo hablan de sus damas y haza\u00f1as, que consideran insuperables.<\/p>\n<p><strong>\u201c\u2013Finalmente, se\u00f1or caballero, quiero que sep\u00e1is que mi destino, o, por mejor decir, mi elecci\u00f3n, me trujo a enamorar de la sin par Casildea de Vandalia. (&#8230;) Una vez me mand\u00f3 que fuese a desafiar a aquella famosa giganta de Sevilla llamada la Giralda, que es tan valiente y fuerte como hecha de bronce, y sin mudarse de un lugar es la m\u00e1s movible y voltaria mujer del mundo. Llegu\u00e9, vila y vencila, y h\u00edcela estar queda y a raya, porque en m\u00e1s de una semana no soplaron sino vientos nortes. Vez tambi\u00e9n hubo que me mand\u00f3 fuese a tomar en peso las antiguas piedras de los valientes Toros de Guisando, empresa m\u00e1s para encomendarse a ganapanes que a caballeros. Otra vez me mand\u00f3 que me precipitase y sumiese en la sima de Cabra, peligro inaudito y temeroso y que le trujese particular relaci\u00f3n de lo que en aquella escura profundidad se encierra. Detuve el movimiento a la Giralda, pes\u00e9 los Toros de Guisando, despe\u00f1eme en la sima y saqu\u00e9 a luz lo escondido de su abismo, y mis esperanzas, muertas que muertas, y sus mandamientos y desdenes, vivos que vivos. En resoluci\u00f3n, \u00faltimamente me ha mandado que discurra por todas las provincias de Espa\u00f1a y haga confesar a todos los andantes caballeros que por ellas vagaren que ella sola es la m\u00e1s aventajada en hermosura de cuantas hoy viven, y que yo soy el m\u00e1s valiente y el m\u00e1s bien enamorado caballero del orbe, en cuya demanda he andado ya la mayor parte de Espa\u00f1a, y en ella he vencido muchos caballeros que se han atrevido a contradecirme. Pero de lo que yo m\u00e1s me precio y ufano es de haber vencido en singular batalla a aquel tan famoso caballero don Quijote de la Mancha, y h\u00e9chole confesar que es m\u00e1s hermosa mi Casildea que su Dulcinea; y en solo este vencimiento hago cuenta que he vencido todos los caballeros del mundo, porque el tal don Quijote que digo los ha vencido a todos, y habi\u00e9ndole yo vencido a \u00e9l, su gloria, su fama y su honra se ha transferido y pasado a mi persona, y tanto el vencedor es m\u00e1s honrado cuanto m\u00e1s el vencido es reputado<\/strong> [aunque modificados para la ocasi\u00f3n, son versos de <em>La Araucana<\/em> de Ercilla; nota al texto]<strong>; as\u00ed que ya corren por mi cuenta y son m\u00edas las inumerables haza\u00f1as del ya referido don Quijote.\u201d<\/strong><\/p>\n<p>Don Quijote logra contenerse ante afirmaciones que en la Primera parte hubiesen desencadenado de inmediato su c\u00f3lera. Manifiesta conocer muy bien al Caballero de la Triste Figura, por ser <strong>\u201cel mayor amigo que en este mundo tengo\u201d<\/strong>, y trata de que el Caballero del Bosque reconozca que pudo confundirle con otro parecido. O bien que: <strong>\u201ccomo \u00e9l tiene muchos enemigos encantadores, especialmente, uno que de ordinario le persigue, no haya alguno dellos tomado su figura para dejarse vencer, por defraudarle de la fama que sus altas caballer\u00edas le tienen granjeada y adquirida por todo lo descubierto de la tierra.\u201d<\/strong> Pero el del Bosque, de la Selva, o de los Espejos, que de tan diversos modos es conocido, no cede, y propone entablar combate nada m\u00e1s empezar el d\u00eda. Don Quijote acepta. Encuentran a sus escuderos roncando tras haber contemplado a placer las estrellas, y les comunican la noticia. Sancho Panza se queda <strong>\u201cat\u00f3nito y pasmado\u201d<\/strong>, y m\u00e1s todav\u00eda cuando su colega escudero le dice que en la Andaluc\u00eda de la que proceden tienen la costumbre de que los escuderos tambi\u00e9n peleen mientras lo hacen sus amos. Se produce entonces un coloquio muy gracioso entre los dos escuderos en el que Sancho pone todas las excusas que puede para evitar la pelea: ni a espada ni a talegazos, ni con enojo ni sin enojo, ni media hora siquiera, asegurando que prefiere pagar la multa correspondiente.<\/p>\n<p><strong>\u201c\u2013Amanecer\u00e1 Dios y medraremos\u201d<\/strong>, zanja la discusi\u00f3n el del Bosque.<\/p>\n<p><strong>\u201cMas apenas dio lugar la claridad del d\u00eda para ver y diferenciar las cosas, cuando la primera que se ofreci\u00f3 a los ojos de Sancho Panza fue la nariz del escudero del Bosque, que era tan grande, que casi le hac\u00eda sombra a todo el cuerpo. Cu\u00e9ntase, en efecto, que era de demasiada grandeza, corva en la mitad y toda llena de verrugas, de color amoratado, como de berenjena; baj\u00e1bale dos dedos m\u00e1s abajo de la boca; cuya grandeza, color, verrugas y encorvamiento as\u00ed le afeaban el rostro, que en vi\u00e9ndole Sancho comenz\u00f3 a herir de pie y de mano <\/strong>[temblar]<strong>, como ni\u00f1o con alferec\u00eda, y propuso en su coraz\u00f3n de dejarse dar docientas bofetadas antes que despertar la c\u00f3lera para re\u00f1ir con aquel vestiglo.\u201d<\/strong><\/p>\n<p>Dispuestos ya los caballeros a combatir, <strong>\u201cacortando razones, subieron a caballo\u201d<\/strong>. Empiezan a tomar la distancia, y Sancho pide en ese momento a Don Quijote que le ayude a subirse a un alcornoque. <strong>\u201cTe quieres encaramar y subir en andamio por ver sin peligro los toros\u201d<\/strong>, dice el caballero. Sancho explica que es para no quedarse junto al del Bosque, reconociendo que le da mucho miedo.<\/p>\n<p><strong>\u00a1Y el miedo de Sancho Panza es el que ir\u00f3nicamente hace ganar a Don Quijote!<\/strong><\/p>\n<p>El de los Espejos arranca impetuoso la carrera sin darse cuenta de que Don Quijote est\u00e1 ayudando a Sancho a subir al alcornoque. Entonces, tras recorrer la mitad de la distancia, detiene a su caballo. Don Quijote a\u00fapa al escudero y arranca su carrera. El del Bosque est\u00e1 parado. Espolea al caballo pero \u00e9ste, de similar complexi\u00f3n a la de Rocinante, no quiere moverse. Don Quijote arremete a placer contra el desafortunado caballero sin ni siquiera darle ocasi\u00f3n de poner la lanza en ristre. Del fuerte impacto queda desplomado en el suelo, inm\u00f3vil, parece muerto. Al descubrir el yelmo, Don Quijote se lleva una extraordinaria sorpresa al ver la cara (nada socarrona en esta ocasi\u00f3n) del mism\u00edsimo bachiller Sans\u00f3n Carrasco.<\/p>\n<p><strong>\u201cY as\u00ed como la vio, en altas voces dijo:\u00a0<\/strong><br \/>\n<strong>\u2013\u00a1Acude, Sancho, y mira lo que has de ver y no lo has de creer! \u00a1Aguija, hijo, y advierte lo que puede la magia, lo que pueden los hechiceros y los encantadores!\u201d<\/strong><\/p>\n<p>Dispuesto estaba el caballero a hincar la espada en la boca del bachiller por consejo de Sancho, queriendo as\u00ed matar a alguno de sus enemigos encantadores, <strong>\u201cporque de los enemigos, los menos\u201d<\/strong>, cuando lleg\u00f3 gritando sin la gran nariz el acompa\u00f1ante del <strong>\u201cderrengado caballero\u201d<\/strong>, que se dio a conocer como Tom\u00e9 Cecial, vecino, compadre y amigo de Sancho Panza.<\/p>\n<p>Recuperada la consciencia el Caballero de los Espejos, y obligado a <b>\u201cconfesar y creer\u201d<\/b> en la muy superior belleza de Dulcinea del Toboso sobre la de Casildea de Vandalia, y en que el caballero al que venci\u00f3 de ning\u00fan modo era Don Quijote de la Mancha sino alguno que se le parec\u00eda, dice Cervantes:<\/p>\n<p><strong>\u201cAyudole a levantar don Quijote, y Tom\u00e9 Cecial su escudero, del cual no apartaba los ojos Sancho, pregunt\u00e1ndole cosas cuyas respuestas le daban manifiestas se\u00f1ales de que verdaderamente era el Tom\u00e9 Cecial que dec\u00eda; mas la aprehensi\u00f3n que en Sancho hab\u00eda hecho lo que su amo dijo de que los encantadores hab\u00edan mudado la figura del Caballero de los Espejos en la del bachiller Carrasco no le dejaba dar cr\u00e9dito a la verdad que con los ojos estaba mirando. Finalmente, se quedaron con este enga\u00f1o amo y mozo.\u201d<\/strong><\/p>\n<p>El bachiller Sans\u00f3n Carrasco sale trasquilado, burlado y bien molido de la estratagema para hacer volver a Don Quijote a su lugar haci\u00e9ndose pasar por un caballero andante (el historiador ar\u00e1bigo, Cide Hamete Benengeli, aclara todas las posibles dudas del lector sobre su identidad en el pr\u00f3ximo cap\u00edtulo), pero <strong>el burlador que sale m\u00e1s profundamente burlado de este episodio es Sancho Panza<\/strong>.<\/p>\n<p>Repetimos lo que dice Cervantes: <strong>\u201cla aprehensi\u00f3n que en Sancho hab\u00eda hecho lo que su amo dijo (&#8230;) no le dejaba dar cr\u00e9dito a la verdad que con los ojos estaba mirando. Finalmente, se quedaron con este enga\u00f1o amo y mozo.\u201d<\/strong> Es decir: por primera vez en esta Segunda parte (y a diferencia de lo que ocurre en los Cap\u00edtulos X y XIII en los que Sancho se distancia de las creencias y alteraciones perceptivas de Don Quijote, reconoci\u00e9ndole como <strong>\u201cloco\u201d<\/strong>) Cervantes decide en el final de este cap\u00edtulo que el escudero comparta el <strong>\u201cenga\u00f1o\u201d<\/strong> con el caballero. Lo escribe de manera muy r\u00e1pida y breve, pero lo que dice tiene una consecuencia decisiva: <strong>compartir el \u201cenga\u00f1o\u201d supone compartir el \u2018trastorno mental\u2019 de Don Quijote<\/strong>. \u00a1Por primera vez Sancho Panza cumple criterios para el \u2018diagn\u00f3stico\u2019 de <em>folie \u00e0 deux<\/em> o trastorno psic\u00f3tico compartido! \u00a1\u00a1Menuda broma!!<\/p>\n<p>De manera intencional, o no, Cervantes realiza un acto de <em>justicia po\u00e9tica<\/em> equilibrando la balanza entre caballero y escudero despu\u00e9s de la despiadada burla que \u00e9ste le propin\u00f3 en el Cap\u00edtulo X haciendo pasar a una tosca y fea aldeana por Dulcinea del Toboso, bella y delicada como nadie.<\/p>\n<p>Donde las dan, las toman.<\/p>\n<p>(<strong><em>Donde se prosigue la aventura del Caballero del Bosque<\/em><\/strong>. Quijote, II, 14. RAE, 2015)<\/p>\n<p><span style=\"color: #ffffff;\">.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En este cap\u00edtulo dos burladores van a terminar siendo burlados. Uno, de manera expl\u00edcita por el resultado del caballeresco combate que tiene lugar. El otro, de manera impl\u00edcita y mucho m\u00e1s sutil por obra y decisi\u00f3n de los autores de esta verdadera historia, Cide Hamete Benengeli y Cervantes. 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