{"id":986,"date":"2020-04-12T12:00:38","date_gmt":"2020-04-12T12:00:38","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/?p=986"},"modified":"2020-04-12T15:01:44","modified_gmt":"2020-04-12T15:01:44","slug":"ingenuos-capitulo-25","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/nilocosnicuerdos\/2020\/04\/12\/ingenuos-capitulo-25\/","title":{"rendered":"Ingenuos (cap\u00edtulo 25)"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 18pt;\">Cr\u00e9dulos e ingenuos, Don Quijote y Sancho.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 18pt;\">Antes de llegar al episodio de este cap\u00edtulo que demuestra la notable ingenuidad del caballero y del escudero, el moro autor, el se\u00f1or Benengeli, se divierte cont\u00e1ndonos la <strong>\u201caventura\u201d<\/strong> de los rebuznos de dos <strong>\u201cregidores\u201d<\/strong> o concejales de un pueblo cercano, y las consecuencias inesperadas que tuvo. Lo hace por boca de un vecino al que hab\u00edan encontrado en el cap\u00edtulo anterior camino de la venta con un macho cargado <strong>\u201cde lanzas y de alabardas\u201d<\/strong>. Iba el hombre a toda prisa y no quiso detenerse, despertando una enorme intriga en Don Quijote, pues<b> \u201cera algo curioso y siempre le fatigaban deseos de saber cosas nuevas\u201d<\/b>. Tanta curiosidad le entr\u00f3, que ya todos en la venta, y para que contase su historia de inmediato, Don Quijote tiene la <strong>\u201chumildad\u201d<\/strong> de ayudarle a limpiar el pesebre y ahechar la cebada a su mulo. Esta \u201chumildad\u201d del pesebre y de dar comida a un animal es muy subrayada y elogiada por Unamuno en su <em>Vida de Don Quijote y Sancho<\/em>, pero dadas las circunstancias narrativas parece m\u00e1s bien una conducta sin mayor importancia movida por el inter\u00e9s, por su incontenible curiosidad. Un rasgo \u00e9ste, el de la curiosidad, que tambi\u00e9n podemos atribuir razonablemente al escribidor de la historia. <strong>\u00bfSer\u00eda el se\u00f1or Cide Hamete Benengeli un fisg\u00f3n, un chismoso, o todo \u201cautor\u201d de historias ha de serlo un poco&#8230;?<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 18pt;\">La aventura de los dos <strong>\u201cregidores\u201d<\/strong> o concejales que <strong>rebuznan \u201cmaravillosamente\u201d<\/strong> por todo el monte tratando de localizar de este modo al borrico perdido de uno de ellos, elogi\u00e1ndose sobre lo bien e insuperable que cada uno lo hace, es una graciosa burla <em>na\u00eff<\/em> de Cervantes respecto de las autoridades locales competentes. Pero como ocurre casi siempre en esta caballeresca gran historia, <strong>las burlas terminan en palos<\/strong>, en golpes, ca\u00eddas y combates (queremos suponer que por la necesidad de reflejar en una novela hecha obviamente para ser vendida, el sentido del humor predominante entre la gente de su \u00e9poca; aunque tambi\u00e9n es posible que al propio Cervantes esta frecuente derivada peleona, beligerante, f\u00edsica, combativa de su sentido del humor realmente le gustase, en conexi\u00f3n con su biograf\u00eda de soldado; \u00a1desde luego no se priva de ella!). El caso es que otros pueblos cercanos empezaron a burlarse de los vecinos del pueblo de los concejales de excelentes rebuznos, rebuznando y ri\u00e9ndose de ellos cada vez que se cruzaban en los caminos o los ve\u00edan en otros lugares. Y la cosa lleg\u00f3 a las manos. \u00a1Honor de pueblo y entre pueblos! \u00a1A las armas! De aqu\u00ed, el mulo cargado de lanzas y alabardas al que Don Quijote da de comer sol\u00edcito.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 18pt;\">Sin tiempo para comentario alguno de los personajes sobre tan sonora aventura, llega de pronto a la venta maese Pedro con su retablo de figuras y su mono adivino, <b>\u201ccubierto el ojo izquierdo y casi medio carrillo con un parche de tafet\u00e1n verde, se\u00f1al que todo aquel lado deb\u00eda de estar enfermo\u201d<\/b> [La presentaci\u00f3n, subrayada por el narrador, sirve para situar al personaje en la tradici\u00f3n folcl\u00f3rica de la bellaquer\u00eda atribuida a los tuertos; nota al texto].<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 18pt;\">Dice el ventero:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>\u201c\u2013\u00c9ste es un famoso titerero, que ha muchos d\u00edas que anda por esta Mancha de Arag\u00f3n [\u2018tierras de la Mancha que corresponden, aproximadamente, a parte de la actual provincia de Cuenca y norte de la de Albacete\u2019; n.] ense\u00f1ando un retablo de la libertad de Melisendra, dada por el famoso don Gaiferos, que es una de las mejores y m\u00e1s bien representadas historias que de muchos a\u00f1os a esta parte en este reino se han visto. Trae asimismo consigo un mono de la m\u00e1s rara habilidad que se vio entre monos ni se imagin\u00f3 entre hombres, porque, si le preguntan algo, est\u00e1 atento a lo que le preguntan y luego salta sobre los hombros de su amo y, lleg\u00e1ndosele al o\u00eddo, le dice la respuesta de lo que le preguntan, y maese Pedro la declara luego; y de las cosas pasadas dice mucho m\u00e1s que de las que est\u00e1n por venir, y aunque no todas veces acierta en todas, en las m\u00e1s no yerra, de modo que nos hace creer que tiene el diablo en el cuerpo. Dos reales lleva por cada pregunta, si es que el mono responde, quiero decir, si responde el amo por \u00e9l, despu\u00e9s de haberle hablado al o\u00eddo; y, as\u00ed, se cree que el tal maese Pedro est\u00e1 riqu\u00edsimo, y es hombre galante, como dicen en Italia, y <em>bon compa\u00f1o<\/em><\/strong> [de <em>buon compagno<\/em>, \u2018camarada divertido\u2019, \u2018salado\u2019; n.]<strong>, y dase la mejor vida del mundo: habla m\u00e1s que seis y bebe m\u00e1s que doce, todo a costa de su lengua y de su mono y de su retablo.\u201d<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 18pt;\">El mono era <strong>\u201cgrande y sin cola, con las posaderas de fieltro<\/strong> [Por lo duras y peladas; n.]<strong>, pero no de mala cara; y apenas le vio don Quijote, cuando le pregunt\u00f3: \u2013D\u00edgame vuestra merced, se\u00f1or adivino: \u00bf<em>qu\u00e9 peje pillamo<\/em><\/strong> [frase proverbial italiana que literalmente viene a significar \u2018\u00bfqu\u00e9 pez pescamos?\u2019; n.]? <strong>\u00bfQu\u00e9 ha de ser de nosotros? Y vea aqu\u00ed mis dos reales.\u201d<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 18pt;\">Maese Pedro le explica entonces que el mono solo responde de cuestiones pasadas y presentes, y no sobre las por venir. Pero la cuesti\u00f3n relevante de la pregunta de Don Quijote al mono es la <strong>\u2018caracterizaci\u00f3n psicol\u00f3gica\u2019<\/strong> que supone del personaje, al que vemos entrar de cabeza en el enga\u00f1o, creyendo de inmediato sin que le surja la menor duda en la capacidad de hablar y adivinar de un simio, propiedad de un \u201ctiterero\u201d con notables trazas de p\u00edcaro y bellaco. Y lo mismo ocurre con Sancho, que tambi\u00e9n paga dos reales por saber qu\u00e9 est\u00e1 haciendo en ese momento su mujer, Teresa Panza. La credulidad de ambos se hace total cuando siguiendo el artificio de subirse el mono en su hombro y mover las mand\u00edbulas haciendo como que le habla en el o\u00eddo, maese Pedro identifica por su nombre a Don Quijote y se pone teatralmente de rodillas ante \u00e9l: <strong>\u201cy, abraz\u00e1ndole las piernas, dijo: \u2013Estas piernas abrazo, bien as\u00ed como si abrazara las dos colunas de H\u00e9rcules, \u00a1oh resucitador insigne de la ya puesta en olvido andante caballer\u00eda!\u201d<\/strong> A\u00f1adiendo sobre la mujer de Sancho, que estaba rastrillando lino y ten\u00eda a su lado izquierdo un jarro en el que <strong>\u201ccabe un buen porqu\u00e9 de vino, con que se entretiene en su trabajo.\u201d<\/strong> \u00a1Algo que al escudero le parece por completo veros\u00edmil!<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 18pt;\">Adem\u00e1s de creer a pie juntillas en la capacidad adivinatoria del mono, Don Quijote no la atribuye a los <strong>\u201cencantadores\u201d<\/strong>. Hace en cambio una interpretaci\u00f3n t\u00edpica del pensamiento m\u00e1gico: creer que el poder del mono se debe a un pacto entre maese Pedro y <strong>\u201cel demonio\u201d<\/strong>, para hacerse rico uno y conseguir su alma el otro. Pero siendo \u00e9sta una interpretaci\u00f3n m\u00e1gica o religiosa, no es una \u2018interpretaci\u00f3n delirante\u2019 relacionada con su tema o \u2018creencia psic\u00f3tica\u2019 habitual de ser un caballero andante perseguido por \u201cencantadores\u201d. Es decir, quien est\u00e1 creyendo en este momento en el enga\u00f1o de maese Pedro no es un \u2018delirante\u2019 Don Quijote, sino un <strong>absolutamente ingenuo Alonso Quijano<\/strong>. Tan ingenuo y cr\u00e9dulo como Sancho Panza. El escudero quiz\u00e1 debido a su ignorancia, falta de lecturas y a no conocer mundo fuera de su peque\u00f1a aldea. Y el hidalgo manchego, posiblemente a causa de su bonhom\u00eda (que es el principal <strong>\u2018rasgo psicol\u00f3gico\u2019<\/strong> con el que Cervantes caracteriza a este personaje en su estado cuerdo: <strong>\u201cAlonso Quijano el Bueno\u201d<\/strong>), a un exceso de lecturas fantasiosas y po\u00e9ticas, y tambi\u00e9n por su patente falta de mundo, de conocimiento del mundo \u2018real\u2019, pues no son reportadas por los autores de su historia m\u00e1s salidas, aventuras ni experiencias fuera de su lugar por parte de Alonso Quijano que las que realiza estando ya \u2018psic\u00f3tico\u2019, convertido en Don Quijote. Por esto resulta tan demoledora la iron\u00eda cervantina, o m\u00e1s bien el sarcasmo benengeliano, cuando tras haber ca\u00eddo con total ingenuidad en el enga\u00f1o de maese Pedro y su mono de peladas posaderas, hacen afirmar al caballero:<\/span><\/p>\n<p><strong><span style=\"font-size: 18pt;\">\u201c\u2013Ahora digo \u2013dijo a esta saz\u00f3n don Quijote\u2013 que el que lee mucho y anda mucho vee mucho y sabe mucho. Digo esto porque \u00bfqu\u00e9 persuasi\u00f3n fuera bastante para persuadirme que hay monos en el mundo que adivinen, como lo he visto ahora por mis propios ojos?\u201d<\/span><\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 18pt;\">Sancho Panza sugiere a continuaci\u00f3n a Don Quijote, y as\u00ed lo hace, que pregunte al mono por lo ocurrido en la cueva de Montesinos. La certidumbre que los personajes tuvieron sobre aquellos sucesos en el Cap\u00edtulo XXIII en que el caballero los relata, era \u00e9sta: Don Quijote cre\u00eda que fue real y verdadero cuanto le hab\u00eda sucedido, asegurando haber visto todo con sus propios ojos y tocado con sus propias manos; y Sancho estaba convencido de que su amo no ment\u00eda, pero que lo sucedido debi\u00f3 ser obra de \u201cencantadores\u201d (lo que supuso un nuevo breve episodio de <em>folie \u00e0 deux<\/em> o \u2018trastorno delirante compartido\u2019 con \u00e9l), no pensando entonces en la posibilidad de que hubiese tenido un sue\u00f1o. Pero llegados a este cap\u00edtulo Cervantes juega y cambia la certidumbre y las hip\u00f3tesis de los personajes: Don Quijote se dirige a maese Pedro: <strong>\u201cy le rog\u00f3 preguntase luego a su mono le dijese si ciertas cosas que hab\u00eda pasado en la cueva de Montesinos hab\u00edan sido so\u00f1adas o verdaderas, porque a \u00e9l le parec\u00eda que ten\u00edan de todo.\u201d<\/strong> Sancho por su parte dice: <strong>\u201cyo para m\u00ed tengo, con perd\u00f3n de vuestra merced, que todo fue embeleco y mentira, o por lo menos cosas so\u00f1adas.\u201d<\/strong> Y finalmente el mono, por boca de maese Pedro, remata la verdad de lo que en la cueva de Montesinos ocurri\u00f3 o pudo haber ocurrido:<\/span><\/p>\n<p><strong><span style=\"font-size: 18pt;\">\u201c\u2013El mono dice que parte de las cosas que vuesa merced vio o pas\u00f3 en la dicha cueva son falsas, y parte veris\u00edmiles, y que esto es lo que sabe, y no otra cosa\u201d<\/span><\/strong><span style=\"font-size: 18pt;\">.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 18pt;\">(<strong><em>Donde se apunta la aventura del rebuzno y la graciosa del titerero, con las memorables adivinanzas del mono adivino<\/em><\/strong>. Quijote, II, 25. RAE, 2015)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #ffffff;\">.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 18pt;\">(Nota.\u2013 Podemos empezar a alegrarnos, aunque un exceso de confianza puede ser mala consejera. Con el gran esfuerzo mantenido por todos durante semanas hemos frenado la acometida del fel\u00f3n COVID-19, pero ni mucho menos est\u00e1 vencido. Si se le da oportunidad, volver\u00e1 a rearmarse. Y a atacar. Es su naturaleza).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #ffffff;\">.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cr\u00e9dulos e ingenuos, Don Quijote y Sancho. Antes de llegar al episodio de este cap\u00edtulo que demuestra la notable ingenuidad del caballero y del escudero, el moro autor, el se\u00f1or Benengeli, se divierte cont\u00e1ndonos la \u201caventura\u201d de los rebuznos de dos \u201cregidores\u201d o concejales de un pueblo cercano, y las consecuencias inesperadas que tuvo. 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