No lo entiendo. No me interesan las series de adolescentes -salvo ‘Al salir de clase’, pero eran otros tiempos…-, mucho menos los plagios descarados, las historias de vampiros me aburren y la ficción española no suele encandilarme. Sin embargo, ‘No soy como tú’ me gustó. La miniserie que el jueves estrenó Antena 3 aprovechando el tirón de la saga ‘Crepúsculo’ ha recibido, aparte de unos datos pésimos de audiencia, muy malas críticas. Que si es lenta -cierto-, que si la acción escasea -cierto también-, que si los enamoramientos exprés restan credibilidad a la historia -y tanta-, y que si el argumento copia descaradamente a multitud de series y películas anteriores -¿alguien lo dudaba?-. En fin, que la ‘versión española de ‘Crepúsculo‘, como algún listillo se ha atrevido a llamarla, ha sido una decepción. Por eso, sigo sin entenderlo.
Quizás se deba a que la belleza de Alberto Ammann no me ha dejado ver más allá -todavía estoy reponiéndome de la impresión-, pero el sabor de boca que me dejó ‘No soy como tú’ no fue malo y por eso pienso ver el siguiente capítulo.
Dejando a un lado que la historia avanza a trompicones y da por hecho que conocemos la naturaleza de los ‘mestizos’ (vampiros) sin que haga falta una mínima explicación, el ambiente en que se envuelve, con esa tensión flotando en el aire, te captura. A mí me ha pasado, y sé que a alguien más también. Desde prácticamente el principio, sabes que algo desagradable va a suceder, y no porque la historia sea previsible, que lo es, sino por cómo está dirigida. Esos silencios, esas miradas, esas voces, habrán aburrido a algunos espectadores, a otros, como a mí, nos han pegado al sillón. En definitiva, ‘No soy como tú’ tiene precisamente lo que le falta a las películas de ‘Crepúsculo’: la oscuridad propia de un filme de vampiros.
Además, los actores Alberto Ammann, Alexandra Jiménez y Luis Iglesia crean unos personajes creíbles e interesantes, de los que quieres saber más. Otra historia bien diferente son las actuaciones de la supuesta pareja protagonista, Lucía y Raúl, a la que con sólo una escena nos basta para detestarlos. Con ella no conectamos -primordial tratándose de la heroína-, y él nos resulta insoportable hacia la tercera conversación que le escuchamos mantener en susurros. Sobre los otros dos adolescentes de la casa ni comento siquiera.
El final del capítulo también ha flojeado, y mucho. Ocurre demasiado rápido, precipitado incluso, y el espectador se pierde. Si a eso le unimos la ridícula declaración de amor, a la que no le encontramos ni pies ni cabeza, la sensación última es la de haber visto un producto muy, muy malo. Pero insisto, eso sólo ocurre al final.
En cuanto a las comparaciones con ‘Crepúsculo’, salvo el pelo despeinado y la barba de un par de días de Raúl, el ‘Edward español’, no veo coincidencias. Quizás ésa es la razón de que me gustara. Las novelas de Stephenie Meyer, y las películas que las adaptan, hablan del amor imposible entre una mortal y un vampiro; ‘No soy como tú’ nos presenta a dos ‘mestizos’ -¿de verdad no se les ocurrió una palabra mejor?- que en principio no parecen tener obstáculos a su relación.
En realidad, a lo que sí nos recuerda la nueva miniserie de Antena 3 es a los X-Men, con esos adolescentes superdotados recluidos en una mansión perdida en medio de la nada, con otros seres superdotados ejerciendo de profesores y un señor aún más especial de líder. Vamos, que por un momento pensé que a cualquiera de ellos le iban a salir garras de la mano… ¡Qué divertido hubiera sido!
En fin, que ahora, después de poner por escrito mis impresiones, lo entiendo todavía aún menos. Pero qué más da, donde esté Alberto Ammann, ahí estarán mis ojos.
Por Reyloren