Aún me quedan por ver la mitad de los capítulos de Los Soprano y ya sé, sin lugar a dudas, que es la serie mejor realizada desde el punto de vista técnico que he visto jamás.
Se trata de un trabajo concienzudo, que no estamos acostumbrados a ver en las series de televisión, que abarca todos los aspectos clave en un producto de estas características: guión, personajes, escenarios, música, etc. Y, además, se abstiene de utilizar los denominados cliffhanger, ese efecto buscado al final de los capítulos en el que ocurre algo impactante que nos hace desear ver la siguiente entrega. Es un recurso, muy evidente en series como Lost o Héroes, que en Los Soprano no se utiliza y, además, no es necesario.
Punto de partida
Sin duda el punto de partida de la serie, la excusa utilizada por sus creadores para contarnos la vida de este capo, es genial. Tony Soprano es un jefe de la mafia de New Jersey que sufre ataques de ansiedad y se desmaya con frecuencia, por ello tiene que ir a un psiquiatra al que le debe contar sus temores y sus problemas en el día a día, con todo lo que esto supone para un hombre que se gana la vida extorsionando, robando y matando.
La serie cuenta con un reparto muy amplio en cuanto a personajes. Destaca, por supuesto, el gran trabajo de James Gandolfini como Tony Soprano, en torno al que gira la serie, pero su mujer Carmela, sus compañeros Paulie ‘Pussy’ Gualtieri y Christopher Moltisanti, su tío Corrado John Soprano Junior o la doctora Jennifer Melfi despiertan un gran interés ante el espectador por sus dualidades. Quien ve la serie puede sentirse identificado con uno de sus personajes durante algunos minutos y odiarlo durante muchos otros. El propio jefe mafioso Tony Soprano parece una persona buena en ocasiones y en otras es un asesino que disfruta con lo que hace. Esa dualidad moral de los personajes otorga una gran fuerza dramática a la serie y engancha a un espectador deseoso de empatizar con alguna de estas personalidades pese a que tengan que ver con algo tan oscuro como la mafia.
Música y caracteres culturales
Pero, si con este buen guión y la acertada selección de personajes y actores no fuese suficiente, hay otros detalles complementarios que visten aún más esta exitosa serie. Uno de los principales es la elección de la música. Normalmente los temas suenan de manera extradiegética y buscan, y consiguen, generar estados de ánimo en el espectador. En algunos capítulos incluso se utiliza el mismo fragmento de una canción para diversas escenas, lo que genera una asociación muy estrecha entre imagen y música. Internet se hace eco de esta excelencia musical y en la red se puede encontrar desde una lista de las canciones utilizadas en cada uno de los capítulos, colgada en Wikipedia, hasta una tracklist en Spotify con 400 canciones de Los Soprano.
Si la familia mafiosa de Los Soprano es de ascendencia italiana, los actores de la serie tienen raíces italianas y su creador, David Chase, también, no podía faltar una estupenda revisión de todas las costumbres culinarias, modales e incluso estereotipos de los italoamericanos. A lo largo de toda la serie se pueden ver con claridad su respeto a los mayores, a la familia, su manera de sentarse a la mesa, su religión, toda una retahíla de aspectos culturales reflejada en el día a día de la trama de la serie. Una afirmación de esta cultura de la que los personajes de la serie se sienten orgullosos, algo que se refleja, además en sus insistentes referencias a la película El Padrino, una gran predecesora de Los Soprano.
The Sopranos, título original de la serie, comenzó a emitirse el 10 de enero de 1999 y su último capítulo llegó el 10 de junio de 2007. Durante estos ocho años en la HBO se lanzaron seis temporadas con un total de 86 episodios y cosechó grandes éxitos con veintiún premios Emmy y 5 Globos de Oro.