¿Justifica un capítulo (o dos) y una escena los 13 capítulos de una serie? Personalmente lo dudo mucho. Que nadie me malinterprete, The Walking Dead tiene cantidad de cosas buenas pero también no tan buenas. Las que me han sacado de quicio han sido las mismas que a la inmensa mayoría, me temo.
Esa apacible granja en medio de la nada dónde parece que nada de ese infectado mundo exterior puede tocar a quienes están dentro es tan tranquilo que desespera. Pero vamos a dejar lo del ritmo insoportablemente lento, incluso, por el momento, vamos a dejar esos momentos brillantes de la segunda temporada -el tiroteo del capítulo 7, la muerte de Shane y el último capítulo- para centrarnos en un conjunto de personajes que evolucionan y se plantean los límites de su propia ‘civilización’. Porque de eso trata esta segunda temporada: de las motivaciones y los dilemas morales que provoca la supervivencia en un mundo al límite.
Rick deja de ser el buen chico para convertirse en un verdadero líder, uno autoritario que ya no quiere escuchar más a los que tiene a su alrededor. Y no me extraña, si quien tuviera que tener alrededor es a Lori, su mujer. Esa tía me pone muy nerviosa. Cambia de idea según le viene el aire y confunde el apoyar a su marido con decirle a todo que sí tenga razón o no. Menos cuando Rick le cuenta que es el niño quien ha acabado con Shane-zombi.
Pero llegamos a Carl, el hijo de ambos. Alguien mucho más cerca de Shane que de su padre en cuanto a carácter y a la manera que tiene de abordar la supervivencia. Es él quien pide a su padre que mate al prisionero del granero -algo que escandaliza al todavía moralmente recto Rick- y es él quién remata a Shane después de haberse levantado como un caminante. En primera instancia es Rick quien lo mata en una escena -para mi gusto- mejor que la del tiroteo del granero y la aparición de Sophia. Me parece más cotidiana, menos efectisca. La muerte de Shane era algo que todo el mundo esperaba después de su descenso a los infiernos y esa locura desquiciada capaz de cualquier cosa por Lori y Carl.
Que Shane haya seguido vivo ha merecido la pena. Ha servido para poner a prueba la lealtad de Rick, siempre casi siempre inquebrantable. Es Rick quien apuñala a Shane (estaba cantado) tras una conversación épica, en el epicentro de una tensión que se puede masticar. Para mi ha sido El Momento de esta segunda temporada. A su lado no me importa tanto el ataque a la granja.
Otra que ha cambiado mucho ha sido Andrea. Desde que murió su hermana no es la misma, pero la lucha que mantiene consigo misma por mantenerse viva (a pesar de no estar segura de desearlo) y aprender a defenderse solita pidiendo ayuda a Shane merecería un capítulo aparte. Andrea no es tibia como Lori, no espera la aprobación de todo el mundo.
Dale es quien menos ha cambiado. Siempre fue un hombre de principios. El único capaz de poner cordura en el desquiciamiento general aunque muy pocos le hagan caso. Su muerte es un tanto absurda – con alarde gore incluido- y supongo que ayudará al viaje a los infiernos de Rick, que lo va a pasar muy muy mal. Poco queda del sheriff con alto sentido de la justicia. Y sin Dale menos aunque Hersel puede que palíe en cierta medida esta carencia.
Daryl se erige como segundo al mando clarísimo después de la muerte de Shane y además, falta por aparecer su hermano (tarde o temprano lo hará). Daryl ha tenido sus alti-bajos con crisis de identidad incluida. Debajo de esa bipolaridad desarrollada después de la muerte de Sophia se esconde alguien bastante cuerdo para como está el patio. Al ser un personaje que no existe en el cómic puede que sea el que más capacidad de sorprender tiene.
Glenn sigue en su línea de buen chico y ahora, además, enamorado de Maggie, la hija del granjero que muchas veces demuestra más carácter que su noviete. Hersel es el único personaje de la granja que realmente se merecería seguir un tiempo. Siempre será el hombre que perdió la Esperanza… a ver como sobrevive. Respecto a los demás no se que comentar. Carol es sosa como ella sola, T-Dog no sé muy bien que pinta y el resto de habitantes de la granja son como los personajes de relleno de Naruto. Sólo sirven para morir.
El enganche para la tercera temporada no puede ser mejor y además es Andrea quién nos lo brinda. Después de huir al bosque ella sola para abandonar una granja destruída y unos supervivientes dispersos, está a punto de morir devorada por los caminantes. Pero aparece una figura encapuchada y misteriosa acompañada de los zombis sin brazos. Para aquellos que hayan leído el cómic esa figura es Michonne. Uno de los mejores personajes que ha podido parir Kirkman.
El discurso de Rick ante los supervivientes a cuenta de una discusión sobre si acampar o no es realmente épica. “Si os quedaís lo que de la democracia se ha acabado” es una auténtica declaración de intenciones sobre lo que tiene pensado.
Un plano de una enorme cárcel perdida entre el bosque es lo único que hace falta para perfilar la tercera temporada que tendrá 16 capítulos. Algo que no me termina de convencer puesto que los 13 de esta se podían haber quedado tranquilamente en los 6 de la primera sin que la serie se resintiera. Es más, le hubiera hecho un gran bien al ritmo marcado.
Ahora queda una larga espera por delante, hasta otoño, para saber si realmente uno de los arcos más aclamados del cómic (el de la cárcel) tiene el mismo efecto en televisión.