Mariano Rajoy huele a muerto. Su partido se ha convertido en todo menos en una alternativa solvente para desbancar a Zapatero del Palacio de la Moncloa. Da la sensación de que el PP es más una editorial especializada en novelas de espionaje, aunque con personajes de carne y hueso que dedican el mandato que le otorgan sus votantes a montar conspiraciones y seguimientos. John le Carré bordó este género en ‘El espía perfecto’ y queda lejos de toda duda que su aclamado agente Smiley es un antípoda frente a lo que constituyen el grupúsculo de chapuceros que supuestamente pululan por los dominios del Gobierno madrileño para espiar a sus dirigentes. Hasta que la Fiscalía determine las responsabilidades penales y siente en la sala a quienes urdieron esta trama de 007 chamberíes, con licencia para hacer el ridículo, lo que está claro es que el Partido Popular está viviendo su etapa más entretenida. James Bond sale a trabajar y se da una vuelta por el casino de turno. Allí siempre hay una ‘femme fatale’ que le envuelve con sus artimañas. En la vida real, la mujer de negro apareció la semana pasada con un sugerente vestido en una publicación. Fue el avance de que la novela ya comenzaba a ser escrita. Es cierto que Soraya Sáenz de Santamaría puede ser muchas cosas, pero esa inocencia con la que posó en la famosa foto no despedía la fuerza y la maldad que suele caracterizar a los personajes femeninos que Ian Fleming colocó en sus célebres páginas. En el partido conservador necesitaban emociones fuertes y hubiera sido plausible que en vez de la tierna dirigente popular hubiésemos contemplado a Esperanza Aguirre, a quien le va más el papel. En Madrid el glamour se encuentra en las mejores calles comerciales, pero se ve que no corre a raudales en la Casa de Correos, sede gubernamental en donde Aguirre y sus fieles lloran por las esquinas. Para añadir más dosis de intriga, el dirigente populista Esteban González Pons compareció en televisión para colocar en el tejado del Ministerio del Interior la responsabilidad del asunto. Luego, el ególatra Pons fue desautorizado por su presidente, quien exculpó de los hechos al departamento de Rubalcaba. Durante la cumbre hispano-lusa del jueves en Zamora, el ministro calificó la novela madrileña como un guión de Pepe Gotera y Otilio, es decir, chapuzas a domicilio. Y es que no le falta razón, porque el grupo de acción parece estar formado por descartes de la Guardia Civil y del CNI, porque quien abandona el Centro Nacional de Inteligencia es que o no la tiene o quien le contrató tenía la justa para enviar un fax. Montar un servicio secreto en Madrid es ilegal, inmoral y ahora también resulta que engorda. Pero de lo que no hay ninguna duda es de que la gente lo está pasando en grande a costa de las aspiraciones de los inefables personajes novelescos de la saga del Partido Popular, inspirado por la pluma de Ian Fleming. De venta en quioscos y librerías.
El Norte de Castilla, 24 de enero de 2009