Dicen que la OTAN no ha encajado bien la postura del Gobierno de abandonar la misión en Kosovo. Dicen que teníamos que haber seguido el protocolo y debatirlo con nuestros aliados en torno a una mesa. Dicen que eso no se hace con países amigos. Dicen, al fin y al cabo. Y los que toman la palabra son un par de ejecutivos nombrados por quienes firman las decisiones. Lo cierto es que España ha cumplido con creces sus compromisos en la zona, como lo atestiguan en el seno de la propia Organización Atlántica y las propias autoridades balcánicas. Lo que nadie puede llegar a creer es que Estados Unidos desconociera los planes de Zapatero en este asunto de apariencia tan controvertida. Desde hace tiempo se viene reclamando a nuestro Gobierno una mayor implicación en Afganistán, un espacio prioritario para la seguridad en esa parte del mundo, de cuyo éxito depende también la nuestra. Estados Unidos es la OTAN y el resto de los asientos sólo hacen que dar acomodo a colaboradores necesarios. El presidente del Gobierno anhela convertirse en alguien especial para Barack Obama, una circunstancia que refuerza la constatación de que los estadounidenses fueron los primeros en conocer y celebrar los planes de Chacón. Tampoco es desdeñable el hecho de que nuestros intereses en aguas somalíes se ven amenazados por grupúsculos de piratas bien organizados, por lo que el aparato militar ha de velar por la seguridad de nuestros pesqueros, la mayoría de ellos, vascos. Y otra razón que ha conducido al Ejecutivo a precipitar la decisión debe leerse en clave interna. España no reconoce la independencia unilateral de Kosovo, porque podría convertirse en un asunto peligroso en nuestra propia casa. Eso no significa que esté a la vuelta de la esquina una proclamación similar en hipotéticos parlamentos autonómicos, aunque los antecedentes en modo de tentativa ya salpicaron la escena española en el pasado y, para algunos, es un objetivo irrenunciable.
No se debe caer en el error de pensar que el presidente del Gobierno toma decisiones como ésta tras consultarlo una noche con la almohada. Zapatero ansía mayor protagonismo en los foros internacionales y aumentar su influencia como un líder consolidado, una asignatura pendiente en cinco años de mandato, que serviría para paliar su imagen doméstica. Los esfuerzos desplegados para formar parte con éxito del G20 fueron una leve muestra coyuntural de los planes del presidente en política internacional. Cuando se produzca la remodelación del Ejecutivo socialista asistiremos al refuerzo de nuestra acción exterior y más de uno se llevará alguna sorpresa. Mientras tanto, la Inteligencia española y la fresca cúpula militar sintonizan con la expansión que pretende Zapatero. Por tanto, no sería descabellado pensar que nos asombre el resultado de esta alambicada partida de ajedrez en la que tan sólo se han movido un par de figuras.
Publicado en El Norte de Castilla el 21 de marzo de 2009