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Roberto Carbajal

La aventura humana

Justos entre las Naciones

ENCONTRADAS LAS LISTAS DE LOS JUDÍOS SALVADOS POR SCHINDLER

Según informó la BBC, una lista con 801 nombres de personas judías que fueron salvadas de una muerte segura durante el régimen nazi ha sido encontrada en Australia, en concreto, en la Biblioteca del Estado en Sidney. Mientras ordenaban el archivo, los empleados se toparon con los manuscritos originales propiedad del escritor australiano Thomas Keneally, autor de la novela ‘El arca de Schindler’, inspiradora de la oscarizada ‘La lista de Schindler’, de Steven Spielberg.

Consta de trece páginas, trece emocionantes testimonios en papel de calco fruto de la impresión de sus respectivos originales, que no se encuentran localizados porque era obligatoria su entrega al régimen aniquilador de Adolf Hitler. El autor australiano del libro recibió los documentos de manos de uno de los trabajadores de Schindler, Leopold Pfefferberg (ver vídeo), que figura en el listado con el número 173.

Por la influencia anglosajona o judeoestadounidense de la industria del cine, Oskar Schindler pasará a la Historia como el salvajudíos más célebre; pero hay muchos más. En aquellos turbulentos días, la España del dictador Franco era una ‘putita babosa’ que entraba y salía a conveniencia de la alcoba del acomplejado cabo austríaco más denostado de la memoria de la Humanidad. Dos acomplejados frente a frente: Francisco Franco y Adolf Hitler, puta y cliente, cliente y puta con sus transacciones y sus estrategias. Mientras, en el régimen ilegítimo hispano no todo era sumisión. Diplomáticos españoles en zonas calientes durante la II Guerra Mundial mostraron su piedad ante lo que contemplaban sus ojos. Esos funcionarios ejemplares de nuestro servicio exterior salvaron más vidas que Schindler. Son reconocidos por el Pueblo Judío con la misma emoción, por eso he creído oportuno rescatar del olvido a algunos de ellos.

Ángel Sanz-Briz. Contribuyó a salvar la vida de 5.000 judíos húngaros. Les proporcionaba pasaportes españoles alegando que eran de origen sefardí, españoles ante los ojos de Franco. Se la jugó como el resto de la lista de compatriotas ejemplares ante las autoridades fascistas. La estrategia que trazó Sanz-Briz se inició al convencer a las autoridades colaboracionistas de que aceptasen la protección de 200 familias de origen sefardí, basándose en el reconocimiento que avalase el dictador hispano. Emulando la multiplicación de los panes y los peces, los doscientos pasaportes individuales se convirtieron en sendas familias y así sucesivamente, trazando una estrategia que consistió en no expedir pasaporte o documento de ninguna clase a favor de los judíos que llevase impreso un número superior a doscientos. Sirva de ejemplo uno de esos documentos falsos, en el que Sanz-Briz inventó lo siguiente: “Certifico que Mor Mannheim, nacido en 1907, residente en Budapest, calle de Katona Jozset, 41, ha solicitado a través de parientes residentes en España la adquisición de esta nacionalidad. La legación que represento ha sido autorizada a extenderle un visado de entrada antes de que concluyan los trámites que debe seguir dicha solicitud”.

El joven diplomático de 32 años comenzó a expedir documentos como churros y allí todo quisque era sefardí. Y punto. Otros españoles desde sus legaciones diplomáticas trataron de salvar cuantas más vidas, mejor.

Eduardo Propper de Callejón. Embajada de París. Ayudó a huir a miles de judíos desde Francia hacia España.

Bernardo Rolland de Miota. Cónsul General en París. Evitó la confiscación de bienes de un grupo de sefardíes. Intercedió por la vida de 44 judíos españoles y organizó la repatriación de 77. Se la jugaba porque su actuación causó tremendas tensiones entre el régimen colaboracionista de Vichy y las autoridades alemanas y españolas.

José Rojas Moreno. Embajador de España en Rumanía. Consiguió la revocación de expulsión de unos cientos de judíos sefardíes.

Miguel Ángel de Muguiro. Diplomático en la Embajada de Budapest. Escribió a Madrid escandalizado por las palizas, persecuciones, asesinatos y el resto de la miseria humana en las calles húngaras de judíos, salvando a muchos de una muerte segura, porque iban a ser conducidos a los campos de exterminio.

Sebastián Romero Radigales. Cónsul General en Atenas. Consiguió rescatar a 150 judíos sefardíes de un contigente de 48.000 que fueron deportados al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau.

Julio Palencia Tubau. Ministro de la Embajada en Sofía. Denunció con valentía temeraria la legislación antisemita búlgara y trató de proteger los derechos de 150 judíos. Se enfrentó a las autoridades nazis para evitar la ejecución de Leon Arie, adoptando a sus hijos para que pudieran abandonar el país y reunirse con su madre.

Juan Schwartz Díaz-Flores. Cónsul de España en Viena. Preservó a cientos de judíos en todo Austria.

José Santaella y su esposa Carmen Waltraut. Desde su posición de agregado de Agricultura en la difícil plaza de Berlín, salvó a varias mujeres judías, empleando para ello adid tras ardid.

Hay constancia de muchas historias personales más en otras naciones, una de ellas espectacular. Raoul Wallenberg, diplomático sueco, que salvó la vida de decenas de miles de judíos de una muerte planificada, y cuya Fundación constituye un ejemplo emocionante de cómo salvaguardar la memoria de lo más granado de nuestra especie, que aun a riesgo de poner en peligro su propia existencia y la de los suyos focalizaron toda su atención en salvar vidas inocentes. Primero comenzaron con una, engordando una interminable lista que emociona a quien conserve esa capacidad, que seguro anida en lo más profundo del ser humano.


El Estado hebreo reconoce a personas como las mencionadas aquí con la distinción Justo entre las Naciones. Oskar Schindler murió en Franckfurt. Sus restos descansan en el Cementerio del Monte Sión, en Jerusalén, por expreso deseo del propio Oskar.

El Talmud, libro en el que se recogen las leyes, comportamientos y tradiciones judías, lo dice bien claro: Quien salva una vida, salva al mundo entero”.



Sefarad, 11 de abril de 2009-Nisan 17, 5769


Sobre el autor

Tenía siete meses cuando asesinaron a John F. Kennedy. De niño me sentaba en los parques a observar a la gente, pero cuando crecí ya no me hacía tanta gracia lo que veía. Escribo artículos de opinión en El Norte desde 2002, y críticas musicales clásicas desde 1996. Amo la música, aunque mi piano piense lo contrario. Me gusta cocinar; es decir, soy un esclavo. Un esclavo judío a vuestro servicio.


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