Los aparatos están para ser usados. Si no ¿qué sentido tienen? José María Alfredo Aznar López sabe lo útiles que son, de ahí que tomase uno para un acto de campaña en agosto de 2003. En la imagen, publicada hoy en la edición impresa de El Norte, podemos reconocer a otros dos políticos que piensan lo mismo que la inmensa mayoría de los españoles, y que no tendrían inconveniente en cantarlo a coro: ¡Los aparatos están pa’ usarlos! Si no, ¡qué sentido tienen! Al menos eso es lo que creen Isaías García Monge, delegado del Gobierno central en estos lares y en otro tiempo; Juan Vicente Herrera, presidente de estos mismos lares, y, por qué no, la tripulación y los escoltas que descienden del helicóptero de la Fuerza Aérea. Como a los aparatos hay que darles una utilidad, la fotógrafa Henar Sastre usó el suyo (en este caso, la cámara) para inmortalizar el acto del descendimiento. Henar, con hache de helicóptero.
Eran tiempos en los que G.W. Bush y la tríada de la que formaba parte José María Alfredo Aznar bombardeaban Irak, ese país que tiene una sección fija en los informativos. Las bombas caían desde un cielo muy, muy lejano; son molestas, así que Aznar debió de pensar “mejor nos vamos a Quintanilla de Onésimo a soltar un rollo”. Y hete aquí que ahí se plantó… en Quintanilla, la entrañable población en la que el ex presidente del Gobierno se hacía la foto jugando al dominó, cuyo revoltijo de fichas se asemeja bastante a las paredes de los edificios tras un bombardeo. Aznar usó un helicóptero militar para un acto de campaña, como tiene que ser; cuestiones de seguridad. Eran los tiempos felices en los que no se discutía sobre esto o lo otro, porque la pasta corría en cantidad por las venas de España y el Partido Popular dirigía el tráfico en el interior de esas mismas venas.
Por cierto, de aquel ejecutivo popular formaba parte Mariano Rajoy, y del núcleo duro, el mismo Rajoy que ahora centra su discurso electoral en que si ZP utiliza aviones oficiales para actos partidarios. El PP ha presentado una queja ante la Junta Electoral, para que investigue el uso del dichoso Falcon zapateril, pero la respuesta ha sido que estos asuntos exceden a su competencia. Y es que tiene razón la JE: ¿Qué diablos sé yo de seguridad presidencial y qué tengo que ver en este embrollo!
Más abajo, puede verse un Falcon 900 a punto de tomar tierra, que no tiene ninguna culpa de que lo hayan metido con calzador en las europeas. Precioso, la verdad; y rotulado como las demás naves. Un helicóptero y un avión se parecen en una sola cosa: los dos me dan pánico. Y se diferencian en otra: uno me acongoja más que el otro. Adivinen cuál de los dos.