TVE ha trasladado a YouTube la orden de que retire el enlace de un concierto que grabé para comentarlo, entre otras razones porque me gusta la música digamos clásica, y es que no pude estar en Barcelona aquel día en el resplandeciente Palau de la Música. He cubierto más de 70 manifestaciones de este cariz para este periódico, y centradas en artistas de primer nivel y también provenientes del infierno, pero el entramado intoxicador con cobertura gubernamental reniega de lo que en aquella casa trataron de refundar hace unos meses, mediante aquella cara falsedad bautizada como comité de sabios, que trajo como resultado continuar siendo fieles a sus principios fundacionales, allá en aquellos lejanos días de 1956 y con Franco usurpando el poder; la diferencia estriba en que el pensamiento único ha trocado en el basamento sobre el que se asienta la coartada en que se ha convertido la democracia para el dictador que algunos llevan bajo la piel. Esa coartada pseudodemocrática de los dictadores suele ser un ardid que, a base de repeticiones, casi todo el mundo asume como cotidiana normalidad. Nada más lejos de la realidad. Las sociedades avanzadas confían en la libertad de expresión, en esa sociedad de la información en la que el ciudadano, a título individual y dando por hecho el respeto personal, es el protagonista por antonomasia, arrogándoselo por derechos peleados con un coste formidable.
Contraje un compromiso desde el primer día en que inauguré este blog: compartir mi visión personal sobre el mundo que me rodea y tratar de ser honesto con quienes se topan con este espacio, al que trato de dotar de contenido y compromiso, sin perder de vista que tan solo constituye una opinión más.
Hace unos días anuncié que iba a desgranar un simple concierto. Se trataba del homenaje en el que RTVE rememoraba el 50.º aniversario de la creación del centro territorial de la cadena en Cataluña, en los estudios de Miramar. El 14 de julio se llevaron a la Orquesta de RTVE y montaron un par de obras, cantadas por intérpretes de la zona. Para mí no revestía más trascendencia que una manifestación artística a la que me siento especialmente próximo. Uno de los protagonistas de aquel evento se lo ha tomado mal, muy mal. Tanto, que parece que ha puesto sobre aviso a su Casa para no empañar su incipiente carrera profesional con críticas que tal vez pudiese considerar perversas y que atentarían contra sus intereses profesionales y lastrando una proyección que considero limitada, habida cuenta de que su estilo personal deja mucho que desear; eso, sin entrar en el proceloso pozo del componente artístico, que merece varios capítulos.
Muchos de ustedes saben las limitaciones de la Internet. En ocasiones, los ciudadanos se ven tentados de insertar una opinión sobre un asunto que les remueve las entrañas. Es fácil caer en la deriva de que el texto solamente se muestra incapaz de llamar la atención sobre quien está mirando a través de la Red. Y es en este punto en el que te han pillado. Buscas ilustrarlo con imágenes, cuya propiedad tienen nombre, CIF y copyright. Estoy absolutamente de acuerdo: no existe ninguna diferencia entre el amparo que debe cubrir a un creador, a un tendero o a un emisor de ideas. Da la sensación de que estos temas han de darse por asentados en nuestro sistema; otra cosa es la forma en que advenedizos de toda condición y entramados empresariales, otrora públicamente gubernamentales, se han apropiado de nuestro sistema de libertades, mientras han sido alimentados por nuestros impuestos, manejados con una alegría que causa sonrojo.
Las televisiones públicas vinieron a ser como cualquier ministerio; ahora, por arte de birlibirloque, se transforman en monstruos en cuanto parpadeas una mala tarde y dejamos los asuntos públicos en manos de una gente que navega en su propia laguna intelectual.
Es un expediente que da mucho de sí, pero créanme que no voy a dejarlo escapar. Sólo quiero llamar su atención sobre el post que precede a éste: los dos vídeos del concierto de marras, retransmitido para el mundo mundial, han tenido que ser retirados. Uno, eliminado por YouTube por indicación de RTVE; el otro, motu proprio, por quien firma este texto, porque él solo dejaba de tener sentido. Tengamos en cuenta que se iba a realizar una crítica artística de un concierto; por tanto, si careces de audio e imágenes es mejor que tomes una caña y pesques… ¿carpas?
No suelo rendirme, salvo en asuntos como la muerte, frente a la que aún nadie ha encontrado remedio. Pero, créanlo: verán las imágenes y escucharán el sonido que pretendí mostrarles en su día, con los comentarios ad hoc. Además, tendrán la oportunidad de leer correos electrónicos en los que se constata una miniconspiración en toda regla, remitidos a mi cuenta de Yahoo y derivados desde Youtube. Los colocaré en un par de días; no es por nada, ¿eh?; es que te tomas un respiro de desconexión y te conviertes en un infiel.