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Roberto Carbajal

La aventura humana

Rajoy, en el paro

En política, los artificios suelen vender, un verbo que no es sinónimo de convencer. Manuel Fraga se pregunta de vez en cuando por qué Mariano Rajoy no pierde de vista a Zapatero en las encuestas. Cuando el presidente de honor del PP abre la boca tiemblan hasta las paredes, no sólo los aprendices con los que comparte desayuno en el comité ejecutivo. El temporal económico que atraviesa España sería motivo suficiente para que los socialistas y su líder se hundiesen en los sondeos. Entonces, ¿qué está pasando?

Mariano Rajoy padece un grave problema de comunicación. Posar ante una cola del INEM para un diario nacional muestra a las claras que en su casa no le quieren bien. En la imagen daba la sensación de sentirse como un parado más. Tampoco sería de extrañar que engrosara la lista tras las elecciones generales, así que no está de más probar qué se siente. Ahora bien, cualquier desempleado real se habrá sentido ofendido ante semejante posado. Porque una instantánea como aquélla no supone nada más allá que un insulto, no sólo a la inteligencia, sino para aquellas familias acuciadas por no ver el final del túnel. Quienes compartían foto con el líder conservador esperarían de él propuestas sólidas. En una situación como la actual, un patriota da lo mejor de sí, sobre todo cuando de lo que se trata es de salvar al país. Franklin Roosevelt hizo ‘un trato’ con Estados Unidos y todo el mundo se puso manos a la obra para abandonar la gran depresión nacida en 1929. Claro que la amplitud de miras de aquel celebrado político americano nada tiene que ver con la fragilidad del bueno de don Mariano. Ante la falta de ideas, está calando en la ciudadanía que las alternativas que proponen Rajoy y los suyos pasan por el despido libre y reducir los impuestos a las empresas. Por eso, Manuel Fraga, que es un viejo zorro, habla y pregunta con sorna. Pero lo que sucede es que él sí sabe las respuestas. Rajoy, no.

Publicado en El Norte de Castilla el 13 de enero de 2010

Sobre el autor

Tenía siete meses cuando asesinaron a John F. Kennedy. De niño me sentaba en los parques a observar a la gente, pero cuando crecí ya no me hacía tanta gracia lo que veía. Escribo artículos de opinión en El Norte desde 2002, y críticas musicales clásicas desde 1996. Amo la música, aunque mi piano piense lo contrario. Me gusta cocinar; es decir, soy un esclavo. Un esclavo judío a vuestro servicio.


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