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Roberto Carbajal

La aventura humana

Transparencia opaca

El presidente del Congreso dice que los ciudadanos van a dejar a un lado los prejuicios sobre los diputados. ¡Criatura…! Resulta que las dos cámaras del poder legislativo han colgado en la Red las actividades privadas de quienes apenas calientan su escaño en Madrid. Nuestras queridas señorías han emborronado unos formularios en los que esbozan apuntes de su otro yo. José Bono no tiene precio como vendedor; otra cosa es rendirse ante su elocuencia, disfrazada de cantos de sirena. Ya conocíamos de largo las actividades de senadores y diputados, entre las que se encuentra levantar la mano aunque perjudiquen a los electores de la circunscripción que les elevó al cargo, casi sin querer. Napoleón de La Mancha pretende convencernos de que esas cabezas sirven a España. Tomarse en serio a Bono es vivir en Jauja. Muchos de estos notables hacen caja. Despachos, consejos de administración, tertulias y un largo etcétera de influencia. El diputado del PP Gustavo de Arístegui forma parte de un conglomerado empresarial por el que cobra. Aterrizó como paracaidista en Zamora, pero la ha pisado unas horas y ni los suyos le tragan. No tiene tiempo: entre recrearse ante el espejo y escucharse hasta el paroxismo, imposible. Como viajero global, tanto trajín le reportó clarividencia. Obama triunfó y don Gustavo se apresuró a contar que él ya se lo había anunciado a su esposa años atrás. Su cabeza no está en Zamora sino en convertirse en ministro de Exteriores con Rajoy. ¡Ay…!

En la misma provincia, la senadora socialista Ana Sánchez compatibiliza su asiento con el del Ayuntamiento de la capital. Otra turbulencia que añadir al canasto: sólo acepta dietas y otras menudencias, aparte de emponzoñar a su partido. Concejala o senadora; morder dos cargos puede hacer creer que se está traicionando al electorado, y Sánchez no goza del don de la ubicuidad.

Tras la gloria de los grandes éxitos transparentes, se baraja la idea de hacer público el patrimonio de todas las señorías. Se trata de poner a prueba la paciencia de los ciudadanos: ¿van a contarnos lo que amasaron por culpa de nuestra inconsciencia? Seamos serios y dejemos de tomarle el pelo a la gente. Tantos cristales superpuestos impiden ver el Sol.

Publicado en El Norte de Castilla el 3 de marzo de 2010

Sobre el autor

Tenía siete meses cuando asesinaron a John F. Kennedy. De niño me sentaba en los parques a observar a la gente, pero cuando crecí ya no me hacía tanta gracia lo que veía. Escribo artículos de opinión en El Norte desde 2002, y críticas musicales clásicas desde 1996. Amo la música, aunque mi piano piense lo contrario. Me gusta cocinar; es decir, soy un esclavo. Un esclavo judío a vuestro servicio.


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