VIII FESTIVAL INTERNACIONAL DE MÚSICA
“PÓRTICO DE ZAMORA”
2010
El Espejo de Dios
Cuarteto Casals
Las siete últimas palabras de Cristo en la cruz
Obras de Franz Joseph Haydn.
Intérpretes: Cuarteto Casals.
Auditorio: Iglesia de San Cipriano. Zamora (España).
La octava palabra
Un sacerdote mexicano afincado en Cádiz encargó a Haydn que pusiese música a las siete últimas palabras atribuidas a Jesús de Nazaret en la cruz. Varios siglos más tarde, la obra pasó a manos del Cuarteto Casals. Fin de la historia y comienzo de otra mejor. Las célebres sentencias del crucificado inspiraron al compositor para crear una obra en la que recrea el agónico final de Jesús, las disquisiciones con su padre, el adiós a su madre y las tribulaciones con sus semejantes. Desde el preludio hasta que se desatan las fuerzas de la naturaleza tras la expiración, Haydn traspasa la piel del crucificado y se cuela en el escenario del Gólgota, alumbrando siete piezas que dan forma musical a este momento clave de la fe cristiana. El perdón a sus verdugos, la promesa al insulso ladrón, la relación maternal, el reproche por el abandono de Dios o la asunción del destino, narrados por el actor Salvador Vidal e interpretados por el Casals, la mejor ejecución instrumental de cuerda jamás disfrutada desde que se crease el Pórtico. Una emisión sonora empastada con una exquisitez sin parangón. La excelsa administración del arco en manos del cuarteto conformó un espectro cromático orgánico, rotundo y grave en los pasajes tremendos del martirio, aplicando una expresión musical emocionante al describir con un dulce lirismo momentos delicados, como la promesa al ladrón o los aplicados a la tercera sentencia: ‘mujer, ahí tienes a tu hijo; hijo, ahí tienes a tu madre’, con el que el Casals pinceló a un auditorio sobrecogido por la impactante urdimbre compositiva. La ejecución de las seis sentencias fue culminada por los músicos con la séptima, ‘en tus manos encomiendo mi espíritu’. En esta pieza el grupo creó un sonido más dulcificado, colocando una sordina en el puente de sus instrumentos para evocar el último aliento del ajusticiado, el ineludible final de algo y el comienzo de un mito, logrando un sonido bellísimo. A modo de coda, Haydn redondeó su obra describiendo la brutalidad que desató el enojo telúrico con el nazareno en la cruz. El Casals nos dejó sin palabras. Naturalmente, no hubo propina, porque el discurso gozó de la coherencia que se esperaba y no era necesario decir nada más. El último concierto del festival hizo enmudecer al público. Tal fue el pasmo que causó este recital, que nadie pudo pronunciar ni un solo bravo. Esa fue la octava palabra. Publicado en El Norte de Castilla el 22 de marzo de 2010 Más información sobre el Festival: http://www.porticozamora.es