España y el contenido que le da forma atraviesan por un mal momento. No se libra nada ni nadie. La economía es un desastre y la fe en quienes dirigen el país es casi nula. Ahora la prensa internacional la ha tomado con nosotros y aseguran que podemos convertirnos en Grecia si no hacemos los deberes pronto. Como ven, todo son buenas noticias. Hasta hace un par de días éramos los campeones europeos del crecimiento y del desenfreno, mientras que ahora se pone en cuestión todo lo que huela a español. Ni siquiera Ferran Adrià se ha librado de las salpicaduras y ha sido desbancado del primer puesto mundial en la lista de los cocineros más laureados. Menos mal que, como consuelo, aún podemos comer en casa, que ya es todo un privilegio. Claro que todo esto puede cambiar si el Gobierno no comienza a tomarse en serio el sonido de las alarmas. El presidente tiene la costumbre de ser un optimista recalcitrante. Esta es una cualidad muy loable en un dirigente político, porque sentar a un tristón en el sillón más poderoso del país no es plato de gusto. Pero sucede que darse de bruces contra el tartazo monumental que nos ha plantado la época y no agarrar el toro por los cuernos ha convertido el saludado talante de Zapatero en un problema.
Ojalá los indicadores a largo plazo puedan darle la razón. Aun así, los especuladores van a cebarse con España. Prueba de ello es que prestigiosos periódicos de todo el mundo están fijándose en nosotros como nunca y cargando las tintas como siempre. Puede que todos los grupos que se llenan los bolsillos con la especulación sean los que generan parte de la desconfianza en un país como el nuestro; esto es así. Pero la inacción del Gobierno junto con la falta de una unidad deseable por parte de la oposición convierten a España en un pez más frágil si cabe. Los tiburones de las finanzas huelen la sangre a kilómetros de distancia y nuestras luchas intestinas, con declaraciones salidas de tono y alejadas de un patriotismo más necesario que nunca, son un cóctel que provoca retortijones. Necesitamos un visionario o una manada de ellos. Pero sucede que esta rara especie no crece en ningún huerto, menos todavía en uno español, en el que menudean las malas hierbas.
Publicado en El Norte de Castilla el 5 de mayo de 2010