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Roberto Carbajal

La aventura humana

Cornadas

Era sólo cuestión de sentarse y esperar a la consumación de un desastre anunciado. El Gobierno ha embestido contra el dinero público con la misma virulencia con que lo hiciera otro morlaco al torero Julio Aparicio. El presidente Zapatero recibió varios avisos, pero él se empecinaba en marcar taleguilla. Pedro Solbes estaba harto de formar parte de la cuadrilla del maestro porque desoía sus consejos frente a la imprudencia de arrimarse tanto. Cuando el diestro se cansó de los clarines, devolvió a su vicepresidente económico al corral y lo aparcó en un escaño que abandonó por decencia. El tiempo ha devuelto la razón al ex custodio de las cuentas del Reino.

Coincidencias fatales: el viernes ‘Opíparo’ pescó a Julio Aparicio; anteayer, el BOE al alcalde burgalés Juan Carlos Aparicio y sus colegas. Las dos tragedias podían haberse evitado, pero esos son los peligros que oculta lanzarse al tentadero como un fanfarrón. En lo que concierne al torero no voy a extenderme, pues es una actividad que desprecio. Lo que no puede negarse es que durante los últimos años el dinero público ha pagado opíparos banquetes engullidos a dos carrillos. Suele decirse que las arcas oficiales son de todos y, al mismo tiempo, de nadie. Ahora se ha demostrado que es cierto. Los ciudadanos pagaron sus impuestos para sufragar el bien común y resulta que súbitamente ese patrimonio van a disfrutarlo cuatro listos. Los ayuntamientos están a dos velas. Son pocos los que han hecho bien los deberes y hoy se quejan con razón. Aunque los bandazos del Gobierno hayan aplazado seis meses la prohibición de suscribir nuevos créditos, la mayoría van a padecer una agonía lenta y dolorosa. En los despachos municipales se acumulan las facturas no liquidadas a los proveedores. Antes solía decirse que la Administración tardaba en pagar pero que terminaba por hacerlo. Quizá sea el momento de revisar semejante aseveración, pues los alcaldes tendrán que elegir entre ingresar la nómina de los funcionarios o impedir la ruina de muchos autónomos a causa de sus excesos. En cualquier caso, el colapso que puede provocar cualquiera de las variables puede ser devastador. ¿Quién da cornadas más letales: el hambre o quienes la provocan?

Publicado en El Norte de Castilla el 26 de mayo de 2010

Sobre el autor

Tenía siete meses cuando asesinaron a John F. Kennedy. De niño me sentaba en los parques a observar a la gente, pero cuando crecí ya no me hacía tanta gracia lo que veía. Escribo artículos de opinión en El Norte desde 2002, y críticas musicales clásicas desde 1996. Amo la música, aunque mi piano piense lo contrario. Me gusta cocinar; es decir, soy un esclavo. Un esclavo judío a vuestro servicio.


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