El sábado un toro enorme mató a Izan en la localidad zamorana de Fuentesaúco cuando la gente se lo pasaba en grande. La noticia dio la vuelta a España y luego se desvaneció tan pronto como la vida de su protagonista. El ayuntamiento suspendió la fiesta hasta la medianoche, declaró tres días de luto mientras lloraban y la fiesta se reanudó al día siguiente. Las autoridades declararon que el festejo contaba con todos los permisos que marca la ley. ¿A que el paquete completo es absurdo?
El reloj marcaba las cuatro de la madrugada y Fuentesaúco era un cóctel de alcohol y otras miserias. El chico de diecinueve años se envalentonó con el animal, resbaló y murió en el pueblo de sus padres gracias a la cobertura legal. Agradezcamos a la tradición y a las leyes la desaparición de Izan y, de paso, sumemos su muerte a la lista de los que aún la engrosarán. Resulta chocante el modo en que las autoridades preservan la vida de sus administrados. Los sancionan si circulan a más velocidad de la permitida porque atentan contra la existencia de otros. Vivir entraña riesgos y puede que no puedas librarte de ellos. Vas tan tranquilo por una autopista, un tipo mata a tu familia y sólo quedas tú, un cumplidor. Si conduces a doscientos por hora es casi seguro que te metan en la cárcel. Ahora bien, si apruebas una ley que habilita la celebración de espectáculos en los que se alienta a palmarla, el imprudente siempre es el muerto. Una extraña forma de regular quién vive o quién cuenta con la bendición de dejar de respirar. Da la sensación de que la muerte sólo les llega a ‘los otros’. En los accidentes siempre mueren ‘otros’. Cuando un chaval se dispone a correr delante de un toro su madre le advierte del peligro, pero seguro que le contesta que ‘a mí no’. Más tarde llegan las lágrimas y las declaraciones.
Si un tipo mata a otro se le acusa de homicidio, tanto si es el autor material como si fue quien lo planificó. La existencia de los festejos taurinos es responsabilidad política, esconde intereses electoralistas, desprecio hacia el populacho y sus tradiciones. Dedique un minuto a contar cuántas personas conforman su familia. Quizá mañana un toro altere la suma. Pero le dirán que todo era legal.
Publicado en El Norte de Castilla el 7 de julio de 2010