No existe política sin ideología a la que traicionar. El movimiento de los Indignados tiene la suya, aunque aún no lo sepan. Tarde o temprano caerán en la trampa del sistema y tontearán con la idea de presentarse a unas elecciones. Llegados a ese punto, tendrán que mostrarse ante los votantes con un programa, al que la exégesis política ubicará cerca o lejos de partidos ya existentes.
El movimiento se demuestra andando y también acampando. Los indignados del 15-M tomaron las plazas con la intención de no marcharse y de remover la conciencia ciudadana. Pero ahora que han desmantelado las tiendas de campaña, y que el activismo va a librarse principalmente en la Red, convendría preguntarse si no late un testimonio más sólido que esas paradas públicas. Puede que traten de aplazarlo para no parecerse a los partidos mayoritarios a los que han criticado tanto; quizá el asunto se les ha ido de las manos, incluso es posible que estén aquejados de cierto vértigo ante el futuro. De lo que no hay duda es de que deben tomar decisiones para no perder el tono, entre las que se encuentra la difícil tarea de elegir representantes. Lo que sí sabemos de los Indignados es que hablan con una voz difusa. La idea que ha calado en medio mundo es que los manifestantes están hartos del sistema, es decir, del capitalismo y de su sierva, la política. A pesar de este hartazgo, resulta dudoso que el movimiento repudie la democracia, como se han empeñado en señalar desde foros interesados. En realidad, tratan de distanciarse tanto de las fuerzas políticas convencionales que no han reparado en que la única vía que puede encauzar sus ideas es precisamente la que usan aquellos a quienes denostan.
Existe el peligro de que el mensaje de los Indignados se adscriba a un sector generacional de la población o a un ideario estético. El reto que tiene ante sí esta emocionante manifestación ciudadana es instalarse en la conciencia colectiva del conjunto del país, corriendo riesgos, pero regenerando el sistema democrático para mantenerlo con vida.
Publicado en El Norte de Castilla el 15 de junio de 2011