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	<title>El proceso a K | La aventura humana - Blogs elnortedecastilla.es</title>
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		<title>El proceso a K | La aventura humana - Blogs elnortedecastilla.es</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Feb 2014 07:07:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto Carbajal</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Artículos en El Norte de Castilla]]></category>

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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p>Creíamos en su inocencia, pero lo condenaron. Como en una obra kafkiana, a nuestro amigo K lo metieron entre rejas por la traición de su padre. El viejo llevaba una vida licenciosa. Corrían los noventa y este hombre de reputación intachable recaudaba impuestos por la provincia. Pateaba los pueblos para embolsarse los tributos que debían caer en manos de una diputación. El negocio era lucrativo y nuestro hombre era el rey. Cuando los años le impidieron practicar el periplo de la legua, propuso a su hijo que se quedase con el negocio familiar.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p>K es una persona honrada. Una tarde trataba de cuadrar los balances. Su padre ya no figuraba al frente de la empresa, pero seguía manejando la calderilla, que luego trocó en crucifixión. K se topó con que faltaban cerca de cien millones de pesetas. Lo primero que se le vino a la cabeza fue que se equivocó al manejar la hoja de cálculo. Volvió a sumar y el producto no variaba. Se lo hizo saber a su padre y este argumentó que habían tenido muchos gastos, como la compra de un par de ordenadores personales y algunas mesas, o que la institución le debía dinero. Pero nada de todo aquello era cierto. Aquel vejestorio había llevado una doble vida: respetable a la luz del día, pendenciero a la sombra de los focos. K tenía a su padre en un altar que pronto tuvo que demoler. Fue al juzgado y denunció los hechos. El sistema revisó las cuentas, registró los domicilios y los posibles escondites. Más de cincuenta ayuntamientos habían sido estafados por el viejo y de súbito su hijo se convirtió en el mayor de los perjudicados. Durante el juicio se demostró que el patriarca gastaba una fortuna en el bingo, pero no sirvió de nada. K fue a la cárcel, cargó con la cruz de la sospecha, no vio crecer a su hijo durante unos años y, ya lejos de la prisión, él y su esposa tendrán que restituir el dinero de por vida. K sólo figuraba al frente de la compañía y firmaba lo que le presentaba su padre.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>Desde que saltó el ‘caso Urdangarín’ y la supuesta estupidez de la Infanta, no dejo de pensar en K.</p>
<p><em>Publicado en El Norte de Castilla el 12 de febrero de 2014</em></p>
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