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Roberto Carbajal

La aventura humana

Isidoro el caradura

Felipe González se ha comportado como un cobarde. No acudió al congreso de su partido que reeligió como secretario general a Pedro Sánchez, apelando a su agenda internacional. Según él, tenía que estar en Colombia colaborando en las negociaciones entre el presidente Santos y la guerrilla. Vaya, qué casualidad; resulta que las negociaciones de paz no avanzan si no está presente nuestro amigo Felipe. En la convención celebrada el fin de semana Sánchez fue coronado oficialmente, rodeado de los suyos, y sin Susana Díaz, la costurera andaluza que aseguraba poder coser el partido socialista. Ya ven, ahora parece que solo puede desempeñar esa labor en casa. González, Rubalcaba y una larga cadena de antiguos jefes socialistas arroparon a la veneno andaluza durante las distintas etapas de primarias. Esto quiere decir que don Felipe descuidó su labor como mediador en Colombia durante esos eventos. Lo deseable hubiera sido que los mismos que apostaron por otras candidaturas, como Óscar López, hubiesen acudido al recinto en el que se celebraba el regreso de Sánchez como capitán del PSOE. Todo aquel que era alguien en esta formación socialdemócrata convino en que debía presentarse ante la sociedad como un grupo unido, como alternativa creíble que constituyese una opción seria frente el Partido Popular. Una vez finalizado el proceso de primarias, cada uno a lo suyo y sus palabras quedarán en las hemerotecas para retratarlos. Así se escribe la historia, con palabrería y, sobre todo, con los hechos. No obstante, no nos engañemos: este PSOE se parece como dos gotas de agua al anterior, antes de que Sánchez fuese defenestrado por sus propios compañeros. Ahora tienen ante sí el reto de lanzar un mensaje de unidad, una unidad que no existe, pero que dejará por el camino a amigos nuestros como ‘Isidoro’ González, aquel estadista que tanto hizo para modernizar España, pero que hoy se esconde, no sabemos si para reencontrarse consigo mismo y acondicionar su ideología, aquella que tanto ilusionó a todo un país. Lamentablemente, ha dado un portazo a la esperanza.

Publicado en El Norte de Castilla el 21 de junio de 2017

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Sobre el autor

Tenía siete meses cuando asesinaron a John F. Kennedy. De niño me sentaba en los parques a observar a la gente, pero cuando crecí ya no me hacía tanta gracia lo que veía. Escribo artículos de opinión en El Norte desde 2002, y críticas musicales clásicas desde 1996. Amo la música, aunque mi piano piense lo contrario. Me gusta cocinar; es decir, soy un esclavo. Un esclavo judío a vuestro servicio.

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