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Roberto Carbajal

La aventura humana

Jubilados al ataque

A los pensionistas se les está insultando sin cesar. El gobernador del Banco de España ahora se desdice de sus palabras. Luis María Linde advirtió de que un alto porcentaje de jubilados españoles tienen casa en propiedad, un factor importante a la hora de valorar las pensiones reales y netas que no se suele considerar cuando se habla de las rentas que perciben. Es decir, se penaliza el ahorro y el esfuerzo de haber comprado un piso. El ministro Montoro asegura que “no está de moda” ligar el aumento de las pensiones al IPC, y se quedó tan pancho. A los pensionistas les han subido un euro al mes, lo que constituye una afrenta intolerable. La exministra Celia Villalobos agita a la gente asegurando que pueden tener un plan de pensiones privado si destinasen el precio de una cerveza diaria a ese producto tan incierto. Y así están las cosas: un país que no tiene presupuesto para pagar a quienes cotizaron toda su vida laboral. En España subsisten como pueden nueve millones de jubilados y la incertidumbre para las generaciones venideras es más que evidente. Son muchos votos, la mayoría de tendencia conservadora. El PP está asustado. Este sector de la población se ha echado a la calle y el próximo día 17 están convocados a una marcha que se prevé multitudinaria a lo largo y ancho del país.

En 2006 el Partido de los Jubilados israelí (Gil) se presentó a las elecciones y obtuvo siete parlamentarios en la Knéset (la Asamblea), de un total de ciento veinte asientos. En España podría producirse un caso similar si proliferase el sentimiento de que sólo desde la representación real en el Parlamento pueden defender sus derechos. Podemos surgió al abrigo del 15M y ya ven hacia dónde se auparon. Pero no solo han de movilizarse los pensionistas. Las generaciones más jóvenes tienen la obligación de exigir que en su jubilación perciban una pensión digna. Se trata de una cuestión de humanidad y de defender que en nuestro país las cotizaciones a la Seguridad Social deben tener una contraprestación justa. Lo contrario es otear la acechanza de una aterradora distopía.

Publicado en El Norte de Castilla el 7 de marzo de 2018

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Sobre el autor

Tenía siete meses cuando asesinaron a John F. Kennedy. De niño me sentaba en los parques a observar a la gente, pero cuando crecí ya no me hacía tanta gracia lo que veía. Escribo artículos de opinión en El Norte desde 2002, y críticas musicales clásicas desde 1996. Amo la música, aunque mi piano piense lo contrario. Me gusta cocinar; es decir, soy un esclavo. Un esclavo judío a vuestro servicio.

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