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Roberto Carbajal

La aventura humana

Inclemencia política

Silvia Clemente lleva casi veinte años sin bajarse del coche oficial. Por eso tiene que ser muy duro que cuando tu partido ya no cuenta contigo te resignes a regresar a tu anterior trabajo. Por eso dio la espantada y llamó a la puerta de Ciudadanos, una organización a la que criticó por sus bandazos, pero que ahora la ha acogido como candidata a presidir la Junta. Tiene que pasar por el arel de las primarias, aunque cuente con el respaldo del aparato del partido, algo con lo que no cuenta Francisco Igea, miembro nato de la formación naranja que se presenta también a atravesar el desierto del filtro. La organización que preside Albert Rivera justifica la incorporación de Clemente asegurando que hay que fichar talentos y, al parecer, la expresidenta de las Cortes lo tiene. ¿Dónde? Para mí es un misterio, aunque no faltará quien me desdiga. Ahora les toca hablar a los militantes, que algo tendrán que decir sobre esta colisión, aun cuando la dirección pueda tratar de influir en su voto. Silvia Clemente ha sido un emblema del PP. Por eso me resultaría chocante que un partido (y sus militantes) que irrumpió en la política nacional para regenerar la democracia diera su respaldo a la señora Clemente y abandonase a Igea, que cuenta con el pedigrí suficiente como para presentarse con las manos limpias ante el electorado. La pugna se adivina feroz y estoy seguro de que los votantes de Ciudadanos no van a dejar pasar por alto los orígenes de la candidata segoviana, que ha estado ligada hasta las trancas a un proyecto político durante tantos años. Este es un hándicap al que tendrán que enfrentarse los anaranjados. El cambio de chaqueta de Clemente va a pasar factura a los de Rivera, en el hipotético caso de que fuera la elegida en el proceso de primarias. ¿Viejas caras para los nuevos tiempos? Suena estridente, pero en política cabe cualquier opción, porque no olvidemos que la gente es impredecible. No hay que negar que la situación está revestida de un morbo tremendo y un suspense que ya hubiese querido el genial Alfred Hitchcock para sus películas.

Publicado en El Norte de Castilla el 6 de marzo de 2019

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Sobre el autor

Tenía siete meses cuando asesinaron a John F. Kennedy. De niño me sentaba en los parques a observar a la gente, pero cuando crecí ya no me hacía tanta gracia lo que veía. Escribo artículos de opinión en El Norte desde 2002, y críticas musicales clásicas desde 1996. Amo la música, aunque mi piano piense lo contrario. Me gusta cocinar; es decir, soy un esclavo. Un esclavo judío a vuestro servicio.


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