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Roberto Carbajal

La aventura humana

De pura raza española

Lamento ser portador de malas noticias. La manifestación del domingo en Madrid bajo el lema la “España Vaciada” solo ha servido para dar visibilidad al enfado de la gente de nuestros pueblos por ser tratados como ciudadanos de segunda. Se ha aglutinado un foro bautizado como el G-100 que ha aportado ideas innovadoras para frenar la sangría que supone el vaciado de nuestro mundo rural. Lo forman cincuenta hombres y otras tantas mujeres. Sus propuestas son ideales pero inviables. La gente no quiere vivir en el campo. Tan solo es un goteo de cuatro gatos a quienes les atrae estar rodeados de árboles, del canto de los pájaros y del tostón del cacareo de los gallos. La gente quiere habitar en las ciudades porque cuentan con los servicios esenciales de los que no disponen en las comarcas.

España es un país racista, como otras naciones. No tolera a los migrantes, que podrían ser la solución a la dichosa despoblación. No es la primera vez que este servidor de ustedes defiende que la inmigración regulada podría resolver muchos de los problemas que aquejan a nuestro país, como la baja natalidad, el sistema de pensiones y el índice de riqueza. Pero de este asunto no se habla porque a quién se le va a ocurrir llenar nuestros pueblos de negros y musulmanes. Existe esa desconfianza indeclarable del miedo al diferente y más aún si es pobre. Siempre se ha dicho que es mejor enseñar a pescar a alguien que darle el pez. En el problema que nos ocupa, sería deseable enseñarles a labrar la tierra y mantener el ganado que adocenarlos en centros de internamiento o abocarlos a vender falsificaciones en las ciudades. Con el compromiso de los gobiernos estatal y regionales, la aportación de fondos europeos este sueño sería viable. Regulando convenientemente el establecimiento de esos migrantes en nuestros campos, formarlos y cediéndoles los terrenos y viviendas esto sería posible. Como experimento no estaría mal. Pero no, no conviene mezclarnos con esa gentuza. Son todos violadores, ladrones y terroristas. ¿No habíamos quedado en que esto es así? No hay tutía.

Publicado en El Norte de Castilla el 3 de abril de 2019

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Sobre el autor

Tenía siete meses cuando asesinaron a John F. Kennedy. De niño me sentaba en los parques a observar a la gente, pero cuando crecí ya no me hacía tanta gracia lo que veía. Escribo artículos de opinión en El Norte desde 2002, y críticas musicales clásicas desde 1996. Amo la música, aunque mi piano piense lo contrario. Me gusta cocinar; es decir, soy un esclavo. Un esclavo judío a vuestro servicio.


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