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Roberto Carbajal

La aventura humana

Desagravio

José Félix Tezanos no se presentaba a los comicios, pero ha sido el auténtico triunfador de la campaña electoral. El presidente del CIS fue objeto de todas las críticas como consecuencia de que los resultados de sus encuestas avanzaban una espectacular subida de los socialistas y el desplome del Partido Popular. Le acusaron de bogar en favor de Pedro Sánchez y de que ‘cocinaba’ los datos de una forma escandalosa. Nadie creyó en sus proyecciones. Lo pusieron en la picota, e incluso llegaron a pedir su cabeza, a pesar de las múltiples explicaciones dadas cuando comparecía ante los medios de comunicación justificando la demoscopia.

Durante la apasionante noche electoral, en las diversas tertulias se iba corroborando que Tezanos no había cocinado nada en su vida, que yo sepa. A lo sumo, tal vez sea un cocinillas en el ámbito familiar, pero el tiempo es un juez implacable que coloca a todo el mundo en su sitio. Los números que iba alumbrando el escrutinio eran clavaditos a los aventados por la encuesta oficial. Nadie le ha pedido disculpas, a pesar de haberlo arrastrado por el suelo al estilo de las películas del Oeste, dañando su reputación como experto en la materia. El caso es que quienes le atacaron se lamen ahora sus heridas, a la luz de los resultados catastróficos que han cosechado. Quienes salían desfavorecidos reían ante las cámaras cuando eran preguntados por el particular y, salvo el Gobierno, casi nadie lo defendió. El CIS siempre ha sido materia de pimpampum. A lo largo de la democracia este organismo público, que pregunta a los españoles sobre lo que opinan de esto o aquello, ha tratado de librarse del manoseo de los políticos. No obstante, goza de prestigio ante los ciudadanos. Además, hemos de tener en cuenta que quienes trabajan en él son funcionarios y deben realizar su tarea conforme a las reglas, sin incurrir en prevaricación. Tienen la obligación de denunciar cualquier tipo de presión política, como cualquier trabajador público. Bendito CIS y bendita democracia, a pesar de todo. Aún no he perdido la fe en ella.

Publicado en El Norte de Castilla el 1 de mayo de 2019

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Sobre el autor

Tenía siete meses cuando asesinaron a John F. Kennedy. De niño me sentaba en los parques a observar a la gente, pero cuando crecí ya no me hacía tanta gracia lo que veía. Escribo artículos de opinión en El Norte desde 2002, y críticas musicales clásicas desde 1996. Amo la música, aunque mi piano piense lo contrario. Me gusta cocinar; es decir, soy un esclavo. Un esclavo judío a vuestro servicio.


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