Internet es una herramienta espectacular. Si uno sabe discriminar la información que se vierte en ella, cualquiera puede ahondar en el conocimiento universal. No importa el tema: todo está en la red de redes. Nadie entendería el mundo de hoy sin esas www. De igual forma, los teléfonos móviles (o celulares) prestan un servicio impagable a sus usuarios. Ambos útiles se han convertido en imprescindibles, y ese es el quid de la cuestión. Casi todo el mundo tiene uno de esos cacharros inteligentes. También los niños. Sin la tutela adecuada, los más pequeños tienen acceso a contenidos que pueden cambiarles la vida. Uno de los más controvertidos es el sexo. Un estudio ha visto la luz sobre los niños y el uso que hacen en esta manifestación humana. Tras haber encuestado a 2.500 personas de entre ocho y dieciséis años, los datos revelan que usan sus teléfonos para aprender sobre la materia. Aprender es una forma de definir lo que se ha convertido en un problema y un peligro social. Con un solo clic es posible acceder a todo tipo de vídeos pornográficos de los que los chavales extraen sus conocimientos, por expresarlo de alguna manera. Quienes hemos visionado ese tipo de material conocemos cómo se plantean las relaciones sexuales. Machismo, sumisión de la mujer, violencia, prácticas en grupo, violaciones múltiples y, sobre todo, ausencia de cualquier tipo de afecto. Todo es mecánico e impersonal. Estas páginas, según el estudio (y el sentido común) influyen sobremanera en el comportamiento de un chaval que no tiene otra referencia que unos polvos atléticos y una depravación sin parangón. (En los juzgados se están procesando a cien ‘manadas’). Existen aplicaciones que sirven para que los niños se citen en un parque y se dediquen a follar según lo aprendido en la Red. A los padres se les ha ido de las manos este asunto. El sexo se debe conocer como es debido, porque puede condicionar la vida. Sin remilgos, las aulas y la familia son esenciales. Habrá que ver si son capaces de afrontarlo, pues España es conservadora, y este es un reto colosal.
Publicado en El Norte de Castilla el 12 de junio de 2019