El Ayuntamiento de Zamora da más juego que un circo. A un lado, los malabaristas, que están de brazos caídos porque no tienen monedas que lanzar al aire; en el otro, los equilibristas que aprovechan el cotarro. Pero todo el espectáculo es bastante triste; menos mal que siempre nos quedan los payasos, pues si te hacen reír o llorar olvidas el resto de las atracciones. En esto era todo un maestro Charlie Rivel.
Zamora duerme inquieta, porque no sabe con qué nuevo número va a desayunar. Rosa Valdeón es la maestra de ceremonias en una carpa a la que acude a regañadientes. Ella no quería, pero se lo pidieron desde Arriba. Gobierna en minoría y el equipo que debería llevarla en volandas en estas circunstancias te da escalofríos. Valdeón tiene muchas cualidades para la política: estética, locuaz y resuelta. Es inteligente, aunque no en la dosis deseable como para atisbar competentes. Días atrás le estallaron en el rostro dos escándalos que han dado un juego enorme en todo el país. Frente a un PC que gestiona el cicloturismo, la gente se deleitó con una peli porno. En un circo sería impensable, por los niños. Otro asunto es el inextricable talento que luce Francisco Javier González, el concejal que se ocupa de la seguridad ciudadana, entre otras áreas, y que es todo un modelo a seguir si alguien anhela la trascendencia. El tipo dijo que “quien quiera vomitar, mear y cagar en los portales o en las iglesias” que se lance a los brazos de un partido político opositor. Además, alentó a esa representación a que divulgase sus domicilios para aliviarse cómodamente. Éste es su hombre fuerte. El resto del equipo, desaparecido; aunque no perdamos de vista al capo de Turismo y Cultura, pues está preparando su número.
A Rosa Valdeón le gustan los juzgados. Extralimitándose en sus funciones, denunció a un grupo opositor de filtrar el pifiado PGOU. La querella no prosperó y las explicaciones dadas por la alcaldesa han sido patéticas, pidiendo la dimisión de los absueltos. En los plenos toman la palabra el secretario o el interventor como si fuesen concejales. Otro día dos funcionarios de alto rango practicaron lucha libre en los aledaños del circo. Doña Rosa se aposenta en su sillón celular en mano y no lo suelta ni ardiendo; claro que es asidua de los sms en cualquier foro, aunque desaire a los anfitriones. También le va el tinglado de la Red durante los actos oficiales. La pobre Valdeón además ha de lidiar con un grupo bisagra, liderado por un rapsoda engolado que torea a la ciudad. La jefa de gabinete de RV es una locutora a quien conoció en campaña. Conectaron, pero su torpeza enfrenta a la alcaldesa con todo quisque, perjudicándola con sus malos consejos. Pero la edil esquiva toda reflexión. Alguien comentó que la figura de Valdeón se perfila como líder de la Junta o quizá como ministra. Genial. Pero primero habrá que codificarla.
Publicado en El Norte de Castilla el 6 de junio de 2009