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Roberto Carbajal

La aventura humana

Incontinencia (verbal)

El Gobierno no sabe qué hacer con España. Escenificaron la desventura hace casi un mes tras un consejo de ministros. Era la imagen de la desolación. Así que, mientras brotan las ideas en este circo en venta, han decidido que el espectáculo recaiga sólo en los payasos. Esteban González Pons, el hombre que susurra a (y coquetea con) las cámaras, acaba de salir ahora a la pista. No para hacer reír, no; lo suyo es insultar y ver reflejada su faz en el espejo. El vicesecretario de estudios y programas del PP ha dicho a los jóvenes que trabajar a la fuerza en un país europeo no es una tragedia, sino que están en casa. Para hurgar en la herida que tiene abierta nuestra gente, Pons dijo creer que emigrar a Bélgica no es una condena. Este narcisista de la política llegó más allá y nos tildó de ‘patriotas de Europa’ y que estaríamos como en cualquier parte de España. Pobrecito hablador.

El presidente del Gobierno se reunió el pasado fin de semana con selectos empresarios catalanes y anunció ufano que las cifras del paro sorprenderían mucho en mayo. Lo venden a bombo y platillo: han sido 98.000 menos, que volverán a su estado tras la recogida de fruta con hueso y el final del estío. El caso es que en esa cita todos lo pasaron en grande con las ocurrencias de Rajoy. Incluso él mismo pareció sentirse a gusto, aunque debió de ser por el hecho de que no se trataba de una rueda de prensa, de las que sale ajusticiado. El presidente siguió con las gracietas en las que ahora se aplican los suyos. Desmemoriado, volvió a arremeter contra la gente corriente con el dichoso plasma, los viajes al Caribe y otra sarta de gastos en los que, según él, se embarcaron los españoles a tontas y a locas. Qué manía con el infausto televisor. Que alguien diga cuántos se han vendido en España, si tanto daño han hecho a los desamparados. Tal ha sido la fiebre del plasma que Mariano Rajoy prefiere esta vía para dirigirse a los ciudadanos. El plasma es un ‘nini’ más: para nuestra desgracia, parece que muchos tienen uno. O mejor, ponme dos.

Publicado en El Norte de Castilla el 5 de junio de 2013

Sobre el autor

Tenía siete meses cuando asesinaron a John F. Kennedy. De niño me sentaba en los parques a observar a la gente, pero cuando crecí ya no me hacía tanta gracia lo que veía. Escribo artículos de opinión en El Norte desde 2002, y críticas musicales clásicas desde 1996. Amo la música, aunque mi piano piense lo contrario. Me gusta cocinar; es decir, soy un esclavo. Un esclavo judío a vuestro servicio.


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