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Roberto Carbajal

La aventura humana

Tácito e implícito

La directora general de Tráfico quiso meterles mano a los conductores. Que nadie se asuste, no trataba de introducirse en vehículo ajeno en el aparcamiento o pasarlo en grande en un polígono. Es peor que todo eso: María Seguí pretendía abrir la cremallera de sus carteras. Se buscan recursos para llenar las caninas arcas del Estado y no tuvo mejor ocurrencia que tratar de examinarnos cada vez que renovemos el carné de conducir. Ante el rechazo, el Ministerio ha retirado la idea. De momento, porque con Rajoy sobran las albricias.

Los accidentes se producen por los excesos: exceso de velocidad, exceso de sustancias o exceso de alegrías mientras se manejan esos castillos de acero. También por defectos: señalización confusa, mal estado del firme, vehículos desvencijados y carreteras construidas para que la gente la palme. No digo que estén mal construidas aposta, pero sí que existe un desprecio ante las denuncias contra los puntos negros que siegan vidas. Las cifras de víctimas mortales están descendiendo, como los presupuestos para la conservación de las redes viarias. La gente se toma cada vez más en serio la responsabilidad de sentarse tras el volante. El automóvil es una máquina de matar y conforma un sector que mueve miles de millones de euros y mucho de empleo. Seguí no precisó cómo se articularía el reciclaje de quienes renovasen el carné. Dijo que preguntarían sobre esto y aquello, pero todo vaguedades, un globo sonda para ver si colaba. Pero cabreó al personal, ya de por sí harto de este Gobierno. Esta reválida wertiana aplicada a la conducción podría provocar, por ejemplo, que si a un incauto le piden que explique el árbol de levas, la distancia de no sé qué, el número de luces de un remolque y no acierte, le denegaran el permiso.

El organismo que gobierna el ministro Fernández Díaz el Santo ha soliviantado a todo quisque. Otra ley represora, recaudatoria y estúpida, aunque aparcada sine díe. Decía el pensador y político romano Tácito que cuanto más corrupto es un Estado, más leyes redacta.

Publicado en El Norte de Castilla el 11 de diciembre de 2013

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Sobre el autor

Tenía siete meses cuando asesinaron a John F. Kennedy. De niño me sentaba en los parques a observar a la gente, pero cuando crecí ya no me hacía tanta gracia lo que veía. Escribo artículos de opinión en El Norte desde 2002, y críticas musicales clásicas desde 1996. Amo la música, aunque mi piano piense lo contrario. Me gusta cocinar; es decir, soy un esclavo. Un esclavo judío a vuestro servicio.


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