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Silvia Alonso Guijarro

Diario de una expedicionaria

LA RUTA NO TERMINA AQUÍ

 

Alex de Salamanca despidiéndose de una sus amigas

“Te voy a echar mucho de menos. Te llamaré, te lo prometo. Tienes una casa en (pongan ustedes casi cualquier parte del mundo). Nos veremos pronto, ya verás”. Estas han sido algunas de las tantas despedidas que hoy se han escuchado entre sollozos en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid. Padres, hermanos, amigos y nosotros periodistas hemos podido ser testigos de tiernos besos, fuertes abrazos y sinceras lágrimas que derramaban todos y cada uno de los ruteros. Aunque también quedaban fuerzas para las últimas canciones de despedida. Canciones que seguro que se volverán a escuchar más pronto de los que ellos creen.

Como ex rutera sé, que muchas de las cosas que hoy se han dicho a veces son difíciles de cumplir pero no todas son imposibles. Por ejemplo, reunirse otra vez el grupo entero es realmente complicado pero siempre vas a poder hacer pequeñas quedadas aunque sean de tres o cuatro personas para no perder el espíritu rutero. Los amigos que haces en la ruta son de los de verdad, de los de para siempre, de esos que aunque pase un año sin hablar con ellos tendrás la misma conversación como si le hubieses visto el día anterior.

Marina de Valladolid abrazando a uno de sus compañeros

Los ruteros que durante el día de hoy y mañana estarán volviendo a casa sentirán que les falta algo. Ese “algo” son esos 226 expedicionarios, monitores, médicos, ayudantes de material, organizadores, periodistas… con los que han compartido 36 días inolvidables en esta experiencia única que es la Ruta Quetzal BBVA. Durante los próximos días queridos ruteros dormiréis, descansaréis, veréis a familiares y amigos, os sentiréis raros sin botas, con ropa limpia y diferente pero sobre todo no os cansaréis de contar lo que habéis vivido, los buenos y los malos momentos. Os aseguro que a veces pareceréis pesados hablando de la ruta o simplemente alguien no entenderá cómo te emocionaste al bañarte en el río Membrillo. Eso es la magia de esta aventura y hasta que no la vives no la logras entender. Estoy segura de que esta experiencia te cambia, seguramente a algunos más a otros menos, en unas cosas o en otras, pero este viaje que tú te has ganado marcará un antes y un después en tu vida.

La burgalesa Marta con su diploma (Foto Á. Colina)

Antes de terminar me gustaría mencionar a mis ruteras del grupo 5 del año 2009 (España-Chile). Ellas seguramente sean algunas de las “culpables” de que yo tenga tanto cariño a la ruta y que así pueda escribir sobre ella de la forma en la que escribo. Como decía ayer Antoni Ballabriga de BBVA en el acto de clausura “tenemos que ser conscientes del impacto que generamos en la vida de otras personas”. Ellas y la Ruta Quetzal BBVA son una parte de mi vida, como lo será para los más de 8.000 jóvenes que han disfrutado del Programa.

Acabaré esta entrada, como no podía ser de otra manera, con las palabras de Miguel y de Luna, dos grandes pilares de esta aventura. Miguel recordó ayer que la Ruta Quetzal BBVA lleva 28 años siendo una Universidad itinerante que te enseña que “es imposible ser español si no se conoce quiénes somos desde América. Somos de acá y de allá. Sin América no somos nadie.”

Por otro lado, Luna, ese hombre que no sabemos de dónde saca la fuerza, ni cuándo come, ni cuándo duerme, les deseó “que el vuelo del quetzal sea el que dirija vuestras vidas, que os haga eliminar los prejuicios y considerar las dimensiones humanas en cualquier aventura”. Terminó diciendo que “la Ruta siempre permanecerá en nuestros corazones y que cada uno de los días sean el día que estabais esperando”. 

 

Luna con su diploma (Foto Á. Colina)

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El Norte con la Ruta BBVA

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