Dos exhibiciones en Copa de Europa frente al Inter de Benítez cambiaron para siempre la tendencia catastrofista de GARETH BALE. Al futbolista más caro de la historia le costó más de dos años y 25 partidos obtener su primer triunfo en la Liga inglesa con el Tottenham, donde Harry Redknapp se lo quiso quitar de encima meses antes para que su mal fario dejara de perseguir a los Spurs. No lo logró y acabó forjando, si querer, a una estrella mundial que a partir de ahora se codeará en el Santiago Bernabéu con su ‘alter ego’.
El Inter y Maicon le cambiaron la vida en un par de semanas. El mundo apenas tenía noticias de Gareth Bale hasta que el entonces campeón de Europa, con Rafa Benítez al mando, se cruzó en su camino el 20 de octubre de 2010. San Siro, La ‘Scala del Calcio’ que ha visto ganar más ‘orejonas’ que el propio Real Madrid (siete del Milan y tres del Inter), asistió sin aún saberlo al nacimiento de una estrella de magnitud planetaria.
El correcaminos de Cardiff apareció en escena cuando ya nadie le esperaba. Con el Tottenham vencido y derrotado (4-0 y la expulsión de su portero en poco más de media hora), GB11 firmaba un ‘triple’ antológico en 43 minutos, haciendo literalmente picadillo a todo el que trató de interceptar su vertiginosa zancada por el costado izquierdo.
Los Spurs rozaron el 4-4 por mor de las galopadas ‘made in Bolt’ de un velocista frustrado que hasta el último momento dudó entre el rugby, deporte en el que sobresalía en el puesto de ala, y el balompié. La devolución de la visita por parte de los italianos a la capital inglesa no sólo sirvió para abrir de par en par las puertas del olimpo del fútbol europeo al entonces ‘3’ del Tottenham.
Su segundo festín consecutivo frente a los ‘nerazzurri’, hundiendo en la más absoluta miseria a Zanetti y muy especialmente a Maicon, al que dio esquinazo hasta en nueve ocasiones, atajó también de raíz su bien ganada fama de gafe en White Hart Lane, cultivada durante sus dos primeros años de estancia en la escuadra del norte londinense.
“Gareth es un chico de oro. La semana pasada le dí tres días libres y se fue a Cardiff para estar con su madre. Ha estado genial. Maicon parecía un púgil sonado”, declaraba con el pecho hinchado su míster, Harry Redknapp. El mismo que pocos meses antes, concentramente en enero de 2010, se veía obligado a entregarle a regañadientes el carril zurdo tras lesionarse el camerunés Assou-Ekotto, la primera opción en el lateral y uno de los intocables de su once.
El mismo que al abrirse el mercado invernal había pedido al club que lo cediera a un Segunda para que cogiera ritmo de partidos y dejara atrás el estigma de las dos operaciones que había sufrido en los dos anteriores ejercicios. El mismo que, en definitiva, le había hecho la cruz porque cada vez que se ponía la blanca del Tottenham, sumar tres puntos se tornaba en una misión imposible.
El ‘santo bebedor’ de Redknapp tenía tan presente el mal fario de la flecha galesa que durante los tres primeros meses de la 2009-10 sólo le había concedido los últimos cinco minutos del 5-0 al Burnley con el único propósito de que disfrutara al fin sobre el césped de su primer triunfo con los Spurs desde su fichaje, procedente del Southampton, en el verano de 2007, a cambio de 8’5 kilos.
Bale había necesitado dos años y dos meses, en los que sólo había disputado 25 partidos, para sumar su primer triple en la Premier. Y el ‘tío Harry’ se aseguró de que el choque estuviera bien atadito antes de soltarle al ruedo para acabar con la maldición.
DE SEGUNDA… A LA CHAMPIONS
Pese al magnánimo gesto del veterano técnico, seguía sin fiarse un pelo de un chaval de enormes condiciones físicas que, sin embargo, contaba con no pocas lagunas en materia táctica. Como lateral era inconsistente a la hora de defender, y como extremo puro le faltaban metros para sacar el máximo usufructo a su descomunal aceleración.
Pero esa presencia interina de Bale en el lateral, aprovechando la baja del camerunés, se saldó con un balance de resultados favorables y Redknapp decidió dar una segunda oportunidad al galés. Ya con Assou-Ekotto de vuelta al equipo, el preparador de los Spurs le adelantó al interior y desplazó a Modric al eje de la medular, lo que dejaba una inmensa franja de terreno por delante para explotar su velocidad.
El último trimestre liguero vio a un Bale desatado, cuya contribución resultó decisiva para que el Tottenham atara la cuarta plaza y asegurara su presencia en la Liga de Campeones del año venidero.
Su ulterior consagración ante el Inter, tras la que Daniel Levy, su presidente, se vio obligado a tasarle en 50 millones de euros (justo la mitad de lo que ha terminado pagando el Madrid, uno de los que se interesó por Gareth entonces) para disuadir a quienes veían en él a un ‘alter ego’ de Cristiano Ronaldo, no bastó para cerrar el debate sobre su regularidad. Aunque infalible con espacios para volar por la izquierda, el de Cardiff prácticamente desaparecía cuando su equipo no podía forzar las contras ante rivales bien pertrechados atrás, o cuando actuaba a banda cambiada.
De hecho, los focos de atención dejaron de clavarse en Bale hasta que Villas-Boas decidió, al inicio de la anterior campaña, cargar sobre sus espaldas la responsabilidad de liderar el equipo. Con Modric camino del Bernabéu, GB11 cambió de número (renunció a su querido 3) y de rol. El técnico portugués le dio carta blanca para moverse a su aire por toda la media punta del ataque de los ‘Espuelas’, haciéndole ver que, por sus condiciones y calidad, no tenía nada que envidiar al 7 del Real Madrid.
La comedura de tarro del ex ayudante de Mourinho funcionó a las mil maravillas y aquel chaval que anhelaba seguir los pasos de Ryan Giggs, su ídolo y más tarde su modelo, se enchufó ya con todas las de la ley a ese podio de genios de la redonda que hoy lideran Messi y CR7. El final de esta historia ya la conocemos todos después del tenis de verano que se han marcado Florentino Pérez y Daniel Levy jugando con millones de euros como si de pelotas se trataran.