{"id":1319,"date":"2012-10-06T16:39:35","date_gmt":"2012-10-06T15:39:35","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/?p=1319"},"modified":"2012-10-06T16:39:35","modified_gmt":"2012-10-06T15:39:35","slug":"el-discreto-encanto-de-georges-simenon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/vicentealvarez\/2012\/10\/06\/el-discreto-encanto-de-georges-simenon\/","title":{"rendered":"EL DISCRETO ENCANTO DE GEORGES SIMENON"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/vicentealvarez\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2012\/10\/Georges_Simenon.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1320\" title=\"Georges_Simenon\" src=\"\/vicentealvarez\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2012\/10\/Georges_Simenon.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"200\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2012\/10\/Georges_Simenon.jpg 480w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2012\/10\/Georges_Simenon-300x200.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Publicado en &#8220;La sombra del cipr\u00e9s&#8221;, suplemento literario de El Norte de Castilla, el 6 de octubre de 2012<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #8445b9;\"><strong>El caso Georges Simenon es digno de estudio. Le ves con sus gafas y con su inseparable pipa y resulta imposible discernir al hombre capaz de escribir una incre\u00edble obra literaria, de revolucionar el g\u00e9nero negro, de demostrar al mundo que una pantagru\u00e9lica obra no es obst\u00e1culo para ser autor de culto y de masas a la vez. Andr\u00e9 Gide le consideraba el mejor novelista en lengua francesa. En casi todo el mundo fue venerado desde el principio. En Espa\u00f1a, donde la novela de g\u00e9nero siempre es vista con insultante menosprecio, se le sigue comparando con Agatha Christie. Hay que estar ciego para no ver en Simenon un novelista de 24 quilates; alguien que, como Balzac, supo que para escribir deb\u00eda estudiar la naturaleza humana, un novelista de raza con el esp\u00edritu de Dostoievski y la pluma afilada de Hemingway. En todas sus novelas nos enamoran la verosimilitud de sus personajes y la atm\u00f3sfera social que es capaz de recrear. Historias peque\u00f1as de personas corrientes que huyen, que esperan en los andenes de los trenes, que miran el reloj, que son capaces de asesinar sin saber c\u00f3mo ni por qu\u00e9, relatos de personajes que est\u00e1n condenados desde el primer p\u00e1rrafo. Durante 60 a\u00f1os Simenon sigui\u00f3 el mismo ritual para contarnos todas estas historias. Se sentaba frente a su vieja m\u00e1quina Remington, se masajeaba los dedos y mordisqueaba su pipa, eleg\u00eda varios nombres en la gu\u00eda telef\u00f3nica y entraba en trance durante once d\u00edas. El punto de partida era el mismo: \u00bfqu\u00e9 empuja a un hombre normal y corriente a cometer un asesinato?<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #8445b9;\"><strong>Es bien sabido que la inmensa obra de Simenon puede dividirse f\u00e1cilmente en dos grandes bloques. Por un lado el de esas novelas psicol\u00f3gicas e inquietantes basadas en intrigas situadas en peque\u00f1as ciudades de provincia en las que viven sombr\u00edos personajes de apariencia respetable que en un momento de debilidad se dejan zarandear por la pasi\u00f3n (algo que muchas veces s\u00f3lo conduce al crimen). El otro gran bloque de novelas est\u00e1 formado por la serie del Comisario Maigret, historias polic\u00edacas de pocos tiros y mucha humanidad. Maigret no hace deducciones ni investigaciones alambicadas. Maigret es un perro de caza que olfatea, escarba, busca, intenta comprender a los sospechosos. Maigret no cree mucho en la justicia y piensa que no hay culpables, s\u00f3lo v\u00edctimas. Es lento, pesado, paciente. Espera el\u00a0<\/strong><strong><em>d\u00e9clic<\/em><\/strong><strong>,<\/strong><strong> el momento en que, empapado de un ambiente y de los personajes a los que ha estado siguiendo durante semanas, consigue al fin\u00a0<em>pensar y sentir como ellos.<\/em>\u00a0Maigret deshollina su pipa, toma un caf\u00e9 y, mientras una se\u00f1orita toca el piano, descubre al asesino, un asesino que muchas veces es un sastre o un tendero de vida ordenada que mata sin ruido. \u201cMaigret y yo terminamos por parecernos un poco: pero soy incapaz de decir si es \u00e9l que se fue pareciendo a m\u00ed o yo a \u00e9l\u201d, dec\u00eda Simenon mientras nos regalaba algunos de los mejores retablos sociales de la Francia de mitad de siglo XX. Sus novelas formaban adem\u00e1s un aut\u00e9ntico mapa (con referencias de hasta 1.800 lugares del mundo) aunque siempre, con Simenon, nos quedar\u00e1 Par\u00eds. Pocos como \u00e9l han sabido dibujar la ciudad del Sena, sus caf\u00e9s, sus calles, sus tejados. Los ejem<\/strong><strong>plos son m\u00faltiples, al igual que las obras maestras que salieron de su vieja Remington. <\/strong><strong>Garc\u00eda M\u00e1rquez dijo que \u201cEl hombre en la calle\u201d era lo mejor que hab\u00eda le\u00eddo en su vida. La ley\u00f3 en Par\u00eds en 1949, olvid\u00f3 el t\u00edtulo y se pas\u00f3 media vida busc\u00e1ndola. Es una buena manera de introducirse en el mundo de Simenon. Un autor para quien escribir no era una profesi\u00f3n sino una vocaci\u00f3n de infelicidad. Con \u00e9l aprendimos que \u201cla vida de cada hombre es una novela\u201d. Tambi\u00e9n dec\u00eda que no era necesario que un novelista fuese inteligente: para \u00e9l, cuanto menos inteligente, m\u00e1s posibilidades se abr\u00edan para ser novelista. Es lo que m\u00e1s me interesa: la historia de los escritores humildes, los\u00a0 que se f\u00edan de su instinto y s\u00f3lo creen en la religi\u00f3n de contar una historia. En eso pocos escritores hay tan honrados como Simenon.<\/strong><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado en &#8220;La sombra del cipr\u00e9s&#8221;, suplemento literario de El Norte de Castilla, el 6 de octubre de 2012 El caso Georges Simenon es digno de estudio. 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